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Arturo Báez: “Mi curiosidad ha sido más grande que mi necesidad de pertenecer a un género”


 David Cortés

 

Arturo Báez nació en Lázaro Cárdenas, Michoacán, pero los años de su infancia y juventud los pasó en un poblado cercano llamado La Mira. Desde pequeño estuvo rodeado de música; su padre escuchaba a Daniel Santos, Los Indios Tabajara, Alfonso Ortiz Tirado, pero también gustaba de Paco de Lucía, Andrés Segovia y la música clásica. “Siempre -dice Arturo- estaba tocando la guitarra y para mí fue muy natural acercarme a ella”.



Foto: Manuel Enríquez
Foto: Manuel Enríquez

Báez tenía 14 años, cuando circunstancialmente se acercó al instrumento que desde entonces lo ha definido: el bajo. En ese momento, a su padre se le ocurrió hacer un grupo y le dijo a su hijo que buscara entre sus amigos si alguno de ellos quería tocar el bajo. Sin pensarlo le comentó a su amigo más cercano que entrara a tocar la guitarra y él haría lo mismo con el bajo. “Fue así, sin pensarlo; mi acercamiento al bajo fue fortuito. A los 16 años entré a un grupo popular de la región e hice mi primera grabación de tecnobanda. Después me salí de ese grupo y empecé a tocar rock, porque siempre fui muy roquero, mientras estaba con el grupo de tecnobanda escuchaba Frank Zappa, Il Balleto, Pink Floyd, grupos que me conectaba un amigo que me llevaba como 20 años y que había vivido en CDMX. Fue una locura porque nadie escuchaba cosas así allá y para mí fue un oasis y obviamente fue permeando mi naturaleza ecléctica”.

A finales de 1998,  el bajista se traslada a la Ciudad de México a estudiar música, aunque no duró mucho en esa escuela cuyo nombre no recuerda y mejor optó seguir por su cuenta. Dos veces intentó entrar a la Superior de Música, pero lo rechazaron por distintas razones (“una me dio tristeza y otra, coraje”). Tenía 24 años cuando finalmente pudo ingresar al propedéutico de la Escuela Nacional de Música.  “Estuve -cuenta- como tres semestres, me salí y me seguí por la libre, tocando con un montón de gente y aprendiendo de forma empírica. Mi formación es 85% empírica y 15% escolástica. Mi camino fue escuchar, porque mi curiosidad ha sido más grande que mi necesidad de pertenecer a un solo género”.

Prosigue: “Cuando entré a la Nacional de Música, ya tocaba con Remi Álvarez y en la Big Band Jazz de México en la cual duré diez años. Estaba activo, pero quería aprender. Mis pininos en el jazz, fueron con alumnos de la Superior de Música. Mi primer grupo es Los Tlayudos, allí empezamos a tocar música original, sobre todo del guitarrista [Rodrigo Castellanos], pero fue la primera vez en la que yo aporté una composición y, de hecho, con mi actual banda, es la única que sigo tocando actualmente.

“Ya sabes cómo es esto, tocas con un montón de gente, no lo haces con nadie fijo, estamos en la bola y todos tocamos con todos, pero lo que sí sucedió fue que se formó una cadenita… Estaba tocando en la Big Band Jazz de México y me vio Héctor Infanzón y me dijo que quería tocar conmigo, le dije que sería un honor, pero que yo no tocaba jazz latino y a él no le importó y le dimos. Mientras estuve allí me vio Celso Duarte, quien en ese entonces era director artístico de Lila Downs, y me invitó a su ensamble de folclor y le dije que no tocaba eso y me dijo que no importaba, que allí iba a aprender. En ese sentido mi carrera ha sido muy ecléctica, hay quienes solo me conocen por la impro libre, pero también toqué con Juan Gabriel dos años, con Armando Manzanero, con Lila Downs y lo curioso es que nunca sentí que fuera cambiando de identidad; siempre fui el mismo músico, aprendiendo lenguajes distintos. Para mí es música y ya”.



Foto: Jack Malaby.
Foto: Jack Malaby.

Báez es solvente lo mismo en el bajo eléctrico que en el contrabajo, aunque este instrumento, curiosamente, lo tomó tardíamente, cuando tenía 22 años. “Prácticamente son dos instrumentos distintos, por la sonoridad; también el contacto con el instrumento es muy diferente. Para ciertas cosas, el contrabajo es el instrumento y lo adoro, pero el bajo eléctrico te da otras posibilidades y sonoridad y dependiendo del contexto pues también me gusta mucho tocarlo. Expresas cosas distintas. Al llegar a la ciudad, lo hice con toda esta actitud y mentalidad roquera porque escuchaba mucho progre y rock nacional y empecé haciendo eso acá, pero cuando llegó el jazz a mi vida, cambió todo, dio un giro radical. Lo primero que escuché de jazz fue Ornette Coleman, no entendía nada, pero algo tenía su música que no podía parar de escucharla, me daba mucha alegría, sentía mucha curiosidad, poco a poco como que se fueron develando los sonidos, al principio todas las melodías me sonaban igual, hasta que poco a poco descubrí que no era así y eso fue un parteaguas en mi vida. Después llegó Charlie Parker, Coltrane y por alguna razón se me hizo más sencillo y obviamente me daba cuenta de que el bajo lo hacía un contrabajo y como yo quería tocar esa música tuve que aprender a tocarlo. De hecho, cuando tuve mi primer contrabajo, me daba un terror extremo, lo tenía en mi cuarto y durante un año estuvo en una esquina; cada vez que despertaba y lo veía me moría de miedo. Me decía que nunca iba a ser capaz de tocar eso. Me gustaba sacarlo de la funda y allí hacerme el loco. En ese tiempo tocaba en un café en el centro de Tlalpan y la gente no nos pelaba, entonces dije que me iba a llevar el contrabajo y hacerme el loco, de todos modos nadie iba a llegar a decirme algo y así fue como empecé realmente. Comencé a estudiarlo allí en el lugar y la verdad es que esa fue mi técnica de estudio durante muchos años, siendo un sinvergüenza, hasta que poco a poco fui aprendiendo, porque mi técnica es mala, pero es la que a mí me funciona y así fue el salto al contrabajo. Pero el bajo eléctrico siempre ha estado en mi vida y hay quienes me piden tocar ambos”.

En el palmarés de Báez, se apuntan las experiencias con improvisadores extranjeros, así como alguna anécdota interesante. Cuenta: “Una vez toqué con Joe Morris, he tocado con muchos improvisadores, Ken Vandermark entre ellos. Una vez toqué con William Parker y yo tenía un remedo de funda para mi contrabajo, la vio y al terminar la tocada me dijo ‘Escríbeme, recuérdame donde nos conocimos, dame tu dirección y te voy a mandar una funda’ y lo hizo. Al año siguiente fui a tocar a Nueva York, lo invité y no pudo asistir, pero me invitó a su casa a comer, de esas experiencias increíbles que no te pasan todos los días. Yo no salí al extranjero hasta que tuve 30 años y la primera vez que salí  toqué con Celso Duarte en el Carnegie Hall y a partir de ese momento se abrió el grifo de lo internacional y ahora he tocado en todos los continentes”.

En noviembre y por invitación de Blair Latham y en conjunto con el saxofonista Jeff Henderson, Báez visitará Auckland y Wellington, en Nueva Zelanda, para tocar con diferentes improvisadores de ese país.



En Chengdú, China
En Chengdú, China

¿Hay niveles, diferencias entre los músicos mexicanos y los extranjeros? “No sé, no mido eso, ni creo que ellos lo hagan. Afortunadamente, la música es un lenguaje universal, entonces a la hora de tocar e improvisar, conocemos el lenguaje, cada quien desde su bagaje y puede o no fluir. No importa el nivel, ni de dónde sea. Si fluye, fluye y ya; finalmente se trata de construir algo de la nada, en este caso música y de estar dialogando. Esa cuestión del nivel queda al margen, lo que importa es la música. No es una competencia, es un diálogo y finalmente pasarla bien, haciendo lo que uno ama”.

También ha tocado, como es obvio, con muchos bateristas y no duda al reconocer que su “cómplice preferido” es Gustavo Nandayapa porque, dice, “somos muy  parecidos en cuestión del bagaje musical que tenemos y hemos tocado desde jazz, free jazz, folclor, impro libre, tangos, cumbias, proyectos originales, con él es con quien más fluyo y más historia tengo, no nos ceñimos a un solo estilo, no hemos construido nuestra carrera alrededor de un género, sino de la música. Además de haber hecho sección rítmica juntos en muchísimas situaciones musicales, somos grandes amigos desde hace muchos años. Creo que esa complicidad y la confianza que hemos construido también son una parte muy importante de por qué disfruto tanto tocar con él”.

Pregunto a Arturo si el hecho de haber nacido, tanto él como Gustavo Nandayapa, en el interior del país y no verse sometidos a prejuicios citadinos, influyó en ampliar su espectro musical. Responde: “Es probable, pero nunca lo sabremos. Estuvimos expuestos a mucha música desde niños y eso fue permeando. Puede ser que la cuestión geográfica haya servido para que eso sucediera, pero más bien creo que fueron los núcleos familiares y las amistades”.

El contrabajista es muy demandado. Lo mismo lo encontramos como integrante del MAD Trío (Mario García, Arturo Báez, Daniel Wong); que con Lila Downs o en las filas de Carlos Marks o 7 Perros (el ensamble de Darío Bernal). También es integrante del Remi Álvarez Trío con quien finalmente, luego de una larga sequía, grabó un disco (“en el trío las composiciones son de Remi, pero él me ha permitido meterle mano, hacer arreglos. Ese trío, a pesar de que mi nombre no está allí, es un proyecto que siempre he sentido mío”), así como de otros grupos que se crean para una única sesión de improvisación.

No obstante, apenas hace un par de años, Arturo Báez decidió encabezar su propio proyecto: Otrora un Simulacro y los Mil Pasados. “La verdad es que siempre he sido un procastinador musical, el hecho de que exista Otrora un Simulacro es milagroso para mí, pero me gusta que finalmente… ha sido un proceso largo desde que empecé a componer las piezas, encontrar los elementos, ensayamos durante dos años antes de salir a tocar porque los temas así lo demandan. Es un grupo realmente y lo conforman Santiago Von Sternenfels (sax alto), Pablo Castro (piano y piano eléctrico), Tlacatl Mazatl (batería) y yo en las composiciones y contrabajo. No es de free jazz, hay mucha composición. De hecho, una de las piezas, solo una, tiene tratamiento de improvisación libre”.





Acerca del nombre, afirma: “Se refiere sobre todo al proceso de gestación, todo lo que tuvo que ocurrir para llegar hasta aquí, desde que compuse las piezas, comencé a buscar a la gente, ensayamos, todo forma parte del simulacro. Las otras presentaciones fueron un simulacro de lo que está ocurriendo, me gusta pensar eso. Es como estar en el ahora, en el momento, que es parte de lo que es la improvisación; la música, solo ocurre una vez y ya”.

Otro proyecto que espera sacar a la luz en algún momento, es uno de canciones en donde canta y toca la guitarra acústica: “Ya tengo las maquetas, todo escrito, pero nunca he hecho nada”.

¿Qué prefiere Arturo Báez, tocar las composiciones de otros, las propias?, ¿hay algún género en el cual se sienta más cómodo?

“Definitivamente en lo que más siento que fluyo es tocando impro libre y free jazz, probablemente porque allí puedo ser todas las cosas al mismo tiempo, sabes; pero también me gusta hacer otras cosas, tocar las composiciones de otros me encanta y también me gusta componer”.

¿Acercamientos a la música contemporánea?

“No, me hubiese encantando. Eso es algo que siempre quise, haber podido tocar en alguna orquesta, música clásica, pero me quedé con esas ganas, porque no tengo la escuela del arco, lo uso para improvisar libremente y lo agarro mal, lo uso para mis fines, pero no podría sentarme en un atril de una orquesta, no tengo la educación, ni la capacidad”.



Foto: Bradford Bailey.
Foto: Bradford Bailey.

Dos veces has hablado de no tener la técnica, ¿qué es más importante, la técnica o lo que expresas con la música?

“En  primera instancia te diría que lo que expresas con la música, pero a través de los años me he dado cuenta de que la técnica está allí para facilitar ciertas cosas, hay técnicas que llevan muchísimos años y por algo existen. En mi caso, tuve que arreglarmelas por mi mismo para hacer esos sonidos que yo deseaba, al margen de una técnica; pero al final, con buena  técnica, con mala técnica o con tu propia técnica, lo importante es lo que tú transmites y con suerte le haces sentir al escucha, empezando por ti mismo que eres tu primer escucha. Incluso me he encontrado con gente que sí tiene la técnica y no le importa mucho. A mí eso me sirvió para explorar cómo podía yo producir sonidos y por lo mismo he descubierto cosas con mi instrumento que ahora ya son parte de mi bagaje expresivo”.

¿Alguna vez has hecho conciertos de bajo o contrabajo solo?

“De contrabajo. La primera vez fue en el Jazzorca y la siguiente en Bucareli 69. En esa ocasión fue un reto porque había venido Toni Malabi y Gibrán [Andrade] me dijo que le gustaría que les abriera yo solo. Al final le dije va… eso es algo que he tenido a lo largo de mi vida musical: no me rajo. Le dije que sí y ha sido la vez que he tocado solo en la que he tenido más satisfacción al final. No planeé nada realmente y terminé tocando el contrabajo de un extremo al otro, con técnicas que me iban surgiendo en ese momento. Empecé tocando desde la parte de arriba del cabezal, hasta abajo donde está la pata del contrabajo y eso fue enriquecedor para mí. Es todo un reto”.





¿Nuestra escena es propia, diferente a otras?

“No sé si diferente, pero sí es nuestra, la hacemos aquí, estamos buscando el lenguaje. Pero si no es nuestra música de origen, primero nos tenemos que empapar de ella, pero cuando conectas con esa música, algo pasa dentro de ti y finalmente aflora lo que tú eres, los recursos que tienes, la música que has escuchado, las experiencias que has vivido y eso la convierte en algo auténtico por ser personal y por compartirla con otros músicos. Entonces ocurren cosas que no van a ocurrir en otro lugar, porque la idiosincrasia, la experiencia y la geografía influyen en el resultado. Hay una individualidad que tiene que ensamblar en lo grupal, pero finalmente es uno el que hace eso y uno forma parte del resultado final desde la individualidad, es la suma de todas las individualidades”.

¿Algo que aún no has hecho y te gustaría hacer?

“Me gustaría mucho sacar mi proyecto de canciones porque es esta otra parte que tengo y no se ha visto satisfecha. Sabes, a pesar de que me da miedo, me gustaría hacerlo”.



Arturo Báez se presenta con Otrora un Simulacro el jueves 30 de julio en Jazzatlán.
Arturo Báez se presenta con Otrora un Simulacro el jueves 30 de julio en Jazzatlán.

 

 

 

 


 

 


 

 

 

 

 

 

 

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