Residencia-Homenaje a Ana Ruiz. 50 años de experimentalismo en México. Tercera fecha
- David Cortés

- 25 ago 2025
- 4 Min. de lectura
David Cortés. Fotos: Rafael Arriaga Zazueta
Los gritos de “Otra” retumban, algunas voces se escuchan desesperadas por más… Sí, dice Ana Ruiz, pero que se suba Evodio a cantar…

Es la tercera fecha de la Residencia-Homenaje a Ana Ruiz. 50 años de experimentalismo en México en el Multiforo Alicia y esta vez, el comienzo le corresponde a Deborah Silbererer y Los Perros de la Luna de Moondog.
Por esas extrañas coincidencias, Moondog (1916-1999) apareció en la segunda fecha cuando Evodio y Arturo Escalante hicieron una versión de “Bird’s lament”, una composición que Louis Thomas Hardin (aka Moondog), le escribió a Charlie Parker. Moondog quedó ciego por un accidente a los 16 años y cuenta la leyenda que se le podía encontrar en la sexta avenida de New York vestido con una túnica y yelmo al estilo vikingo, lo que le valió el apodo de El Vikingo de la sexta avenida.

Tal vez ese enigma que rodeó la vida de este compositor, se apersona en cuanto Silberer y los Perros de la Luna (Fernando Barrios, batería; Roberto Tercero, saxofón; y Misha Marks, latarra y trombón) comienza una melodía preñada de un minimalismo envolvente. Los cuatro, sin prisa, se unen cada uno en su momento a la música y se encuentran para bordar una atmósfera misteriosa que comienza a generar una especie de drone en donde las sutilezas son muchas, pero aparecen encapsuladas en un solo lienzo de apariencia única, pero que trastoca el tiempo y sumerge a los presentes en un estado indefinido, abstracto, sin conexión alguna con la realidad.
Cuando Deborah canta, en una lengua que se antoja milenaria, y sus músicos le hacen coros, la sensación de ser abrazado por siglos de historia es absoluta y de la música emana una sacralidad que le confiere tonos de misticismo ante los cuales, lo menos que procede es el arrobamiento.
Cierto, hay momentos en que la extensión de las piezas lo relaja a uno en exceso y las convierte en algo más extenso de lo que en realidad son, pero eso también habla de la capacidad de los cuatro para subvertir el tiempo y llevarnos de viaje por épocas antiguas, una sensación reforzada cada vez que la voz, indescifrable, aflora.

El acto estelar es un cuarteto creado ex profeso para la ocasión comandado por Ana Ruiz (piano) y complementado por Milo Tamez (batería), Luis “Chino” Ortega (contrabajo) y Roberto Tercero (saxofón), que inicia con un poderoso dueto a cargo de los primeros. Días antes de su primer encuentro profesional sobre un escenario, Milo Tamez escribió a propósito de éste: “El dúo piano batería Avant Garde Jazz es un acuerpamiento percusivo poderoso que dialoga experiencias intensas en donde la comunicación y la exploración sonora provocan estados poéticos de responsividad de mutua influencia y reactividad en el cruce de identidades, llevando el discurso sonoro más allá de los límites en una ‘spontaneous composition’ que es un ritual donde el sonido y el lenguaje son cultivados en el momento, entre explosiones percusivas, clusters, gritos y risas sarcásticas”.
Milo es espectacular, tiene a sus pies un arsenal de percusiones y objetos que hace sonar a la menor provocación. Le da por cubrir parte de su set con un paño y tocar sobre él; toma unas esferas de metal y las arroja al aire para que al caer produzcan sonido (apenas audible); golpea sus gongs. Si no percutió su cuerpo fue, probablemente, por falta de tiempo.

Ana, de frente, es incisiva, su inicio al piano es con un ataque demoledor y no parará; a veces se detiene para tomar unas percusiones y “platicar” con Tamez. Cuando decide emplear la voz como un instrumento más, la cauda sonora es intensa, gana potencia. Ella cruza miradas con Milo y si bien en esta ocasión el gozo no se advierte en la cantidad de sonrisa intercambiadas, sí es advertible en el intercambio de notas que establecen, en ese ir y venir de argumentos, a veces “subidos de tono”, pero que nunca llega a la confrontación.
Necesitarían haber estado ahí, para asimilar cabalmente, auditiva y visualmente, aquello, porque además el sonido fue prístino y si no se escuchaba la respiración de ellos es porque no había un micrófono cerca, pero incluso ésta, en sus vaivenes, hubiera sido una fuente sonora más para unirse a lo que durante 15 minutos o un poco más alcanzaron estos dos.
La segunda parte del set se ve aumentada por Luis “Chino” Ortega en el contrabajo y Roberto Tercero, saxofón. Estos dos, en 2019, más Jorge Berumen en batería y Ana Ruiz, se presentaron en Jazzatlán Capital y de esa velada se desprendió el registro en directo Spunk Trío + Ana Ruiz en Jazzatlán. Sin embargo, esta noche este cuarteto es inédito, es su “debut” y conscientes de ello, se proponen derrumbar todo lo existente a su alrededor.

Los siguientes 20 minutos son demoledores, “Chino”, desde su contrabajo, logra comunicarse plenamente con Tamez; este, aunque podría permitirse liderar, decide ponerse al servicio del todo. Roberto Tercero, en el saxofón, no queda a la zaga y es controlado cuando así lo demanda el momento, pero arremete con furia llegado el instante. Ana simplemente se engrandece y desde el piano eléctrico entrega otra actuación memorable, en donde es destacable la energía puesta, pero más las ideas propuestas.
En un breve cierre, Misha Marks aparece con su trombón y otros matices se incorporan a la música. Breve momento que solo preludia el fin.

Es entonces cuando Ana Ruiz invita a Evodio Escalante a subir y éste con el cuarteto de fondo, lleva a cabo un canto tribal, nacido de la entraña, un canto que no pretende ser melódico, sino un grito de vida, el nacimiento a un nuevo mundo, la entrada a esa libertad que prodiga el free jazz y que hoy encontró en el Alicia la cuna idónea para florecer.
Una perla más en este collar de historias que es 50 Años de experimentalismo en México.

El ciclo de conciertos por los 50 años de experimentalismo en México, cierra el jueves 28 de agosto con la presentación de Kóryma. Grupo invitado: Metansamble. Multiforo Alicia, Eligio Ancona 145, 19:13 hrs.



Comentarios