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Yeyo Moroder, la intuición como método

hace 9 horas
7 min de lectura

David Cortés


Fotos: Cortesía Yeyo Moroder




El mundo de Gerardo Monsivaís está más asociado al arte que a los sonidos y  sin embargo, en este su huella es más que un apunte o un pie de página. Fue en el presente siglo, cuando el nombre de Los Lichis, el único grupo no-grupo en el que ha militado, comenzó a prender fuego en el subterráneo… del mundo, porque aquí, en México, su trabajo apenas es atendido por una pequeña minoría. Antes, porque Los Lichis -oriundos de Monterrey-, comenzaron a trabajar en la segunda mitad de los noventa en  CDMX, lugar donde el grupo se fundó cuando sus integrantes estudiaban en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, él ya hacía trabajos en solitario y eligió el nombre de  Yeyo Moroder para diferenciarse de su proyecto nodriza.

“Cuando regreso a vivir a Monterrey, me compré mi primer tecladito Yamaha portasound para seguir haciendo música. En la etapa inicial de Los Lichis hay grabaciones que hizo sólo José Luis [Rojas] o que hice yo, pero las recopilábamos en casetes como Los Lichis, porque en el grupo, la idea de autoría individual nunca existió, la música debía sonar como si proviniera de un origen incierto sin aclarar nada. En el 99 Manuel [Mathar] se estableció en Monterrey y continué haciendo música con él, pero nunca dejé de trabajar solo, a nombre de Los Lichis siempre, sobre todo por la facilidad de que en mi depa ensayábamos y estaban todos los instrumentos y lo aprovechaba bastante”.

Fue en 2004 cuando Monsivaís comenzó a utilizar a Yeyo Moroder como su alter ego, incluso hurga en los baúles para rescatar viejas grabaciones que no encajaban  “con los Lichis para empezar a reunir un catálogo diferenciado, más experimental, menos improvisado, menos estridente y abrasivo que el grupo”.

Fue uno de sus amigos quien lo bautizó como Yeyo Moroder, “porque decía que yo era el que le movía a los aparatos, sintes, y hacía las conexiones y grabaciones, mezclas, loops y cosas así”. Incluso ese mismo amigo lo hacía más rimbombante al anteponerle Von al apellido, apelativo que en algunas ocasiones utilizó Monsiváis. A pesar de no ser fan ni conocedor de la música de Giorgio Moroder, la broma de su amigo le trajo recuerdos muy fuertes de la infancia: “Mi papá, que fue comprador compulsivo de discos alguna vez, tenía el álbum  E=MC2   de Giorgio Moroder, con una portada que me alucinaba con Giorgio muy chic y con cuerpo de computadora. El recuerdo es fuerte porque es parte de un montón de discos que escuché en mi infancia, por ejemplo Droids (unos franceses copiados al carbón por los Daft Punk), el de Meco, con la música disco futurista de Star Wars; el One de Bob James, La naranja mecánica de Wendy Carlos o algunos de Vangelis, El freedom of choice de Devo…y más. Moroder me representaba de alguna manera ese bagaje musical y gusto por sonidos electrónicos que adquirí de chavito”.





En 2004 Yeyo Von Moroder lanza independientemente y en formato digital Yeyo Moroder, su primera placa en donde hay sonidos rasposos, ideas que aún no cistalizan del todo, pero en donde ya aflora una búsqueda experimental que abreva de la electrónica, el krautrock (cortes “Krauty kontry”, “Otro krauty kontry” y “Otro krauty II”,  son como homenaje al “Krautrock” del Faust IV) y no exenta de humor (“Tropicerveza” y Mississippi teknodrama”).

La aventura discográfica proseguirá con Ultradonedelik (2006) en donde la influencia germana persiste en “Azahar” y “Granchetosmeados”, una cruza entre Faust y Neu!, pero en donde también las intenciones de Moroder se bifurcan para crear tracks enigmáticos y misteriosos (“Fin”, “Fokum”), temas experimentales perlados de tonos melódicos (“Mykz whan”), cortes electrónicos de carácter lúdico, repetitivos, de intenciones hipnóticas en donde volumen e intensidad crecen paulatinamente hasta saturar al final (“Ehue uhuueh”) y algunos con tendencia electrónica minimal (“Terminal”). Ese año también aparece, bajo el sello Umor Rex, el Ep Yeyo Moroder.

Al año siguiente publica Postdrugadelik en donde hay cortes que en medio de su tendencia experimental poseen un aura más rockera (“Fearless”), mientras “TTTT” es rítmica, como si fuera tocada por un berimbau electrónico y “The orange in the blue” es una exploración al piano con tintes clásicos-jazzísticos. “Shameless” y  “Shockless”, ambas con guitarra acústica suenan permeadas por el country y nuevamente recuerdan al Faust de la era So far, pero la última incorpora electrónica y voz (sampleada) y entonces toma un cariz más experimental, con esas oleadas de sonido, además de ser el corte más largo. “MMMMM” es electrónica de tendencia cósmica espacial; “The blue in the orange” tiene mucho espacio, reverberación, texturas y una guitarra acústica nuevamente que se liga con “The blue turning brown”, que es como estar abandonado en medio de la nada, para cerrar con “Joyless” con guitarra arpegiada, repetitiva y una cama de electrónicos en continuo vaivén.

Yeyo Moroder ediatrá Temporal en 2008 y en 2013, hará una live session en la Cineteca de Nuevo León para musicalizar La chute de la maison Usher, filme mudo de Jean Epstein y cuya banda sonora está disponible en su bandcamp.





Cuenta Moroder: “Los Lichis y Moroder comparten el mismo origen, pero evolucionaron por lados diferentes. Los primeros han sido un acto colectivo en vivo, de improvisación incierta y caótica, aunque tirándole al rock de alguna manera;  Moroder se quedó más con esa parte  de grabar y mezclar en casa con la intención de crear algo más atmosférico, introspectivo, psicodélico o ruidista. Ha sido muy intuitivo pero siguiendo ciertas pautas, trabajar con lo que hay, nunca buscar demasiada tecnología o mejorar recursos que los que hay a la mano sin mucho esfuerzo. Sigo usando los mismos aparatos, teclados,  guitarra o batería de hace años que han llegado a mis manos por causas circunstanciales; cero culto al aparato, a las marcas o modelos, softwares, etc. Parto siempre de la improvisación, dejo que los errores sugieran patrones a seguir, busco que las disonancias generen sensaciones fuertes, juego con las afinaciones, me interesa mucho el drone y sus efectos hipnóticos o inmersivos, me gusta que los patrones rítmicos a veces fallen y se empalmen, no para crear polirritmias planeadas sino accidentales”.

Hypnos vol. 1 (Transvection Ltd.) aparece en 2018 y en él Yeyo Moroder se inclina a una tendencia más ambient por momentos (“Hamaca frente al mar”), más atmosférica, con un poco de sicodelia (vía las guitarras) y en “Bello descanso” la guitarra crea un efecto muy relajado; “Anochece y amanece” rompe la claridad y toma un matiz más oscuro y experimental. Hypnos está dedicado al sueño y sus diferentes manifestaciones (“Bostezo”); tiene un carácter más meditativo, relajado, plácido (“Siesta de media tarde”), pero no es anodino (“Sueño húmedo“, “Sueño reparador II“). Algunos cortes se antojan más bocetos (“Relojes”, “Sueño romántico repetitivo”) y otros, a pesar de su brevedad, son obsesivo demenciales  (“Sueño reparador”, “Radios”).

Tres años después aparece Hypnos vol. 2 (Transvection Ltd.) en donde él continúa su exploración en los territorios del sueño. “Estridencia matutina” se manifiesta como un loop repetitivo breve que da paso a “MODOrra”, corte en una vena “ambient” y de carácter experimental. El álbum, a mi juicio, hurga en una vertiente por instantes muy Faustiana en donde hay melodías sencillas, pegajosas, agradables (“Budgie guts for breakfast”, “Sueño lodoso y paralizante”, ambas con una guitarra con dejos de blues); “Películas para dormir tiene un toque misterioso, agorero, aunque de mejor despertar que se encadena con “Sueño lúcido” que es más luz, optimista. El humor se hace presente en “Perro soñando con hueso”, “Tengo que mear” y “Abducción agradecida”. Algunos temas tienen un toque cinemático, otros ambiental (“Horizonte de sucesos”) y el cierre posee un título simplemente hilarante, dado el contexto del disco: “Y ya no despertó” .





Al momento de concebir su música y trabajarla, Moroder, Yeyo, no puede hacer de lado su background:  “Como artista visual, compongo mi música como una distribución en el espacio de elementos por su dimensión, color, forma y textura; más que por teoría musical, es por sinestesia. Como recurro mucho a la improvisación, la mayoría de mis composiciones son de primera toma, que a veces pueden durar mucho, empezando a construirse desde cero hasta acumular muchas capas y saturarse hasta volverse mancha; después edito para acortar los tracks y darles un desarrollo más dinámico. También me gustan mucho los contrastes y a veces grabo sencillas piezas más melódicas y emocionales en guitarra o teclado, casi folk a veces, casi impresionista otras, con cierto aire fantasmagórico o de pieza recuperada después de un apocalipsis. A veces utilizo grabaciones ambientales, o ruidos de ciertos objetos, o agarro pedazos del radio, ahora del internet, utilizo apps de música en mi celular (por ejemplo en los albums Hypnos vol. 1 y vol. 2, hay mucho de eso, en piezas como ‘Bello Descanso’, una de mis favoritas, grabada totalmente con ‘instrumentos’ de mi cel). Esperaría que mi música pudiera servir para inducir a estados mentales diversos. Creo mucho en lo fortuito, pero también me gusta creer que la manera en como se construye la música en un momento dado, sin premeditarlo, es al final efecto de una causa muy determinada, pero que está fuera del alcance de nuestro entendimiento; es difícil de poner en palabras, pero es por eso que la música la pienso como una conexión muy profunda con una creatividad inherente al humano, es como acceder a un territorio espiritual, que en mi caso, como ateo, escéptico y racional que trato de ser, me satisface enormemente sus efectos cuasi psicodélicos”.




El universo discográfico de Yeyo Moroder incluye su aparición en algunas compilaciones University of ambiance, Vol. 1 (2019),  Vol. 2.5 (2020) y  Vol. 3 (2021); un par en Umor Rex del 2007 y 2010 y un split doble en vivo con Antiguo Autómata Mexicano, grabado en el desaparecido Garage en Monterrey.

Como conclusión,  Yeyo Moroder regresa a sus memorias y de cómo éstas han marcado su quehacer sonoro: “Hay dos eventos que recuerdo, volviendo a las memorias de la infancia o preadolescencia, como antecedentes de lo que busco al hacer música: uno, cuando descubrí el ‘masaje sonoro’ que provocaba la disonancia de tocar sostenidamente dos teclas contiguas en el viejo órgano Baldwin que había en mi casa, y escuchar eso a todo volumen en unos audífonos de casco de los de antes; y dos, la primera vez que utilicé una mezcladora de dos canales y un par de grabadoras de casete de mi papá para hacer un overdub -antes de saber que era eso- y grabar mi primera composición con varias capas de percusiones hechas con saleros, botes, ganchos de metal y el cuerpo de la guitarra, inspirado según yo, en Jorge Reyes, después de escuchar A la izquierda del colibrí”.



 

 

 

 

 

 

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