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Adriana Camacho y Stefan Christoff, Live at Casa del Lago (Moon Villain, 2026)

hace 41 minutos
3 min de lectura

 David Cortés




“Comunicarnos a través del sonido, tejiendo”, dice Adriana que eso fue lo que sucedió cuando grabaron Años y minutos en diciembre de 2021, pero Live at Casa del Lago es un nuevo lienzo y lo que se pinta es de gran profundidad y trazos muy delicados. Si bien se trata de una improvisación, esta parece surgir a partir de imágenes concretas o tal vez es una prolongación de aquella primera incursión entre ambos. 

 Live at Casa del Lago es un diálogo en donde Christoff elige las notas más agudas de su piano y deja a Adriana el ejercicio de la gravedad y el contraste; la imagen producida es más cercana por momentos  a la música de concierto. Adriana le borda a Christoff una “alfombra” sólida sobre la cual desplazarse, forma por momentos un drone, echa mano del arco, pulsa las cuerdas.

Allá Christoff hace un trazo y ella lo secunda, lo detalla, le imprime relieve a esa música que de por sí ya llega con su cuerpo, pero es en sus manos en donde adquiere el toque final. ¿Se puede crear una ser humano en 30 minutos? Imposible, aunque una imagen de este sí. Adriana monta el esqueleto, le da sostén, Christoff va detallando, delinea, embellece. Cuando llegan a la mitad del corte parecen dudar, se fractura por un instante la comunicación, pero cuando se recomponen, prosigue la construcción. Es, aunque aún faltan rasgos, un bello ser -aquí elija su género o, mejor, piense en ese paisaje insólito que alguna vez ha imaginado-. Cuando Adriana toma el arco y hace sonar aún más grave su instrumento, parece remarcar las líneas, dotarlas de mayor cuerpo; cuando toma las campanas y las sacude, está insuflando vida al cuadro en cuyos trazos prosigue Christoff. Cierto, bien podría dar play a esta obra y no pensar. También imposible, porque la música llega cargada de imágenes que sería difícil no elegir una opción y proseguirla. Querido lector, en ocasiones la belleza, cuando es plena, se vuelve indescriptible y en esta larga impro piano y contrabajo han bordado un mural en donde lo sublime, de principio a fin, es la norma. Es un cuadro intenso, pero no arrebatado, un retrato en donde la pasión se desborda, pero sin obnubilar, la fotografía de un diálogo intenso que logra controlar la energía al dejarla aflorar poco a poco y generar un poco de tensión que sirve para mantenernos atentos los más de 35 minutos que dura esta exploración  y que encuentra salida al final cuando Adriana comienza a gemir y emitir lamentos al usar su voz como un instrumento, para llegar al final que encuentra a los asistentes pasmados pues no saben si se trata de una pausa o el final.

En el encore se recupera el impulso inicial, como si no hubiera habido pausa, pero aquí Adriana participa más con su voz y el contraste piano-contrabajo se enfatiza porque Christoff nuevamente se concentra en la parte derecha de su instrumento en donde se encuentran las notas más agudas.

La cinta cierra con cuatro remixes: Soledad Coyoli en “El vientre de la noche” crea un corte con inflexiones clásicas, tintes de new age y un poco de experimentación con su voz, sampleos  y artilugios electrónicos; Martín Rodriguez, por su parte, abre “Ciclos” con sonidos de ambiente selvático, los mezcla con el piano y esa fusión poco a poco se abigarra y cae en un corte de atmósferas ambientales en donde el reverb propicia una mayor amplitud sonora. Daniela Solís, en su turno, interviene las palabras iniciales de Adriana Camacho, su contrabajo y el piano de Christoff, los reconfigura y con ello crea   “Idioma de aire”. Puzz Amatizta cierra la cinta con “Everyday under the afternoon sun” y también recurre a los sonidos creados por Camacho y Christoff, los procesa y entrega un corte de connotaciones más oscuras de tono dark ambient.

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