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Gustavo Nandayapa: “En el folclor hay mucha improvisación”

David Cortés

 

Foto: Rafael Arriaga Zazueta
Foto: Rafael Arriaga Zazueta

El baterista Gustavo Nandayapa pertenece a una dinastía de músicos que no solo pusieron a Chiapas en la mira de todos los mexicanos; el sonido de sus tradicionales marimbas también puso el nombre del estado en el mapa mundial. El bisabuelo de Tavo, cono lo llaman sus íntimos, era músico, tocaba, dirigía bandas de vientos y constructor de marimbas. Su abuelo no tuvo rival en la construcción de este instrumento y su tío abuelo, Ceferino Nandayapa, “se hizo muy famoso porque dio a conocer la marimba a nivel internacional, viajó mucho, llegó a la ciudad de México muy joven, tocó con mucha gente, fue un virtuoso”.

Tavo creció rodeado de música, esta sonaba todo el tiempo y a él, desde pequeño, le llamó la atención. “Allá -cuenta- es muy común ver grupos de marimba, es una cultura muy arraigada y me quedaba enfrente escuchándolos; después aprendí a tocar la marimba con mi abuelo. Con él fue con quien realmente empecé a acercarme a la música, empecé aprendiendo canciones del repertorio del folclor y luego entré a una escuela de música en Tuxtla que después se convirtió en la UNICACH (Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas).”

Continúa: “Desde muy chico me llamaba la atención el sonido, la marimba, la percusión y mis jefes tuvieron el tino de apoyarme en lo que quisiera estudiar, incluso me decían que no me sintiera comprometido a ser músico, pero no me veía de otra forma, nunca tuve una opción B y lo que cambió fue la dirección porque al principio tocaba marimba nada más y repertorio con ensambles de la escuela, pero entre más me fui acercando al mundo de la batería, se definió más el camino”.


Foto: Rafael Arriaga Zazueta
Foto: Rafael Arriaga Zazueta

“Tuve que convencer a mis papás de que me compraran una bataca y un tío les vendió una Roger de los ochenta, que todavía tengo; entonces yo ni sabía que había sido una marca muy famosa. Todas las tardes me las pasaba en un cuarto encerrado, me ponía a tocar con discos y me empezaron a compartir videos de instrucción de bateristas famosos, porque no había maestros y empecé tocando, como la mayoría, con mis compas. Hicimos un ensamble en esos años que se llama Narimbo y allí empezó un taller muy interesante porque era música tradicional de México, pero por la influencia del jazz latino que teníamos en ese entonces, era repertorio tradicional con arreglos de jazz y yo veía en él cómo nos gustaría que sonara el repertorio moderno, esa era nuestra visión. Grabamos un disco y en el 99 hicimos una gira por Francia, que fue la primera vez que yo salí de México y a partir de allí empezamos a tocar mucho y fue una especie de taller también, porque no había músicos de jazz o que improvisaran en la onda de jazz, pero entre todos fuimos aprendiendo a tocar ese estilo, a hacer arreglos y a trabajar. Eso me dio mucha experiencia, en ese grupo tocaba la batería y la marimba porque parte del programa se tocaba música tradicional”.

Sin embargo, la realidad del país es desigual y en Chiapa de Corzo, lugar de donde es oriundo, “no había prácticamente nada de eso. No tuve maestros de batería, lo que tenía era un amigo que me compartía libros, videos, discos de acid jazz y digamos que esa fue mi entrada a la batería, por medio del jazz latino, del rock”.

Tavo Nandayapa llegó al jazz una vez visitó la Ciudad de México. Él mismo cuenta su epifanía: “En 1996-97 nos invitaron a un Festival en la Escuela Nacional de Música y al año siguiente nos invitaron nuevamente a tocar con un ensamble de la escuela. Allí escuché por primera vez a Tony Cárdenas con un trío que tenía con Agustín Bernal y Rodrigo Castelán y eso me voló la cabeza. Ese día salí y dije ‘Claro, eso es lo que estoy buscando, esa música’, porque era un trío de jazz que no tocaba jazz tradicional, era algo moderno para mí, un sonido fresco y con mucho poder. Ese fue el realmente el momento del click, cuando dije yo quiero tocar la batería y voy a buscar esa música, era música fuerte, un discurso muy poderoso y nuevo para mí”


Foto: Mariana Barreiro
Foto: Mariana Barreiro

Tavo tenía 19 años cuando arribó al entonces DF a estudiar el instrumento, llegó a la búsqueda de algo relacionado con el jazz y la improvisación. Entró a la escuela y pronto la abandonó al cambiar de dirección; tomó clases con el jazzista Gabriel Puentes. Un cuñado que estudiaba en el Conservatorio de Amsterdam vino a vacacionar y le comentó la excelencia académica de la escuela. “Nunca -señala- había imaginado estudiar en Europa. Mi referencia siempre habían sido los Estados Unidos, porque allí estaban las escuelas grandes de jazz, pero un amigo y yo aplicamos al Conservatorio de Ámsterdam y en uno de los viajes con Narimbo, fuimos a tocar a un festival en Valencia en 2003. No habíamos recibido respuesta de la escuela y estando allá fuimos a preguntar, nos dijeron que estábamos contemplados para hacer el examen de admisión. Nos aceptaron a los tres y al regresar a México el gobierno del estado de Chiapas nos dio un apoyo para asistir”.

Tavo prosigue: “Me fui a Amsterdam a estudiar la licenciatura de batería en jazz, seguí tocando con Narimbo, hicimos muchos showcases de México en varios lugares de Europa, Asia. Estudiaba y seguía tocando y allí conocí músicos de muchas partes del mundo y a escuchar otras cosas que me fueron llamando la atención. Ya había entrado al mundo de la música contemporánea por medio de la percusión clásica”.

En ese momento, el baterista conoció a muchos músicos latinos y en ese contacto se percató de las similitudes entre las diferentes músicas folclóricas del continente y que entonces ya se atrevían a mezclar cosas más modernas, “veníamos de un mismo lugar, de un pueblo con tradición fuerte y que busca tocar otras cosas”. En ese momento definió el camino de lo que actualmente hace; comenzó a escuchar free jazz e improvisación libre, asistió a conciertos de jazz, música clásica, improvisación y eso le permitió reconocer qué sí le gustaba y qué no. “Lo que más me enseñó la escuela es que muchos jóvenes tenían ya muy claro lo que buscaban en su vida musical y yo apenas estaba descubriendo, viendo para ver dónde agarraba, pero eso fue muy definitivo para decidirme”, señala.


Foto: Rafael Arriaga Zazueta
Foto: Rafael Arriaga Zazueta

Tavo no se graduó y regresó a México, se asentó definitivamente en la CDMX y comenzó a tocar con Remi Álvarez, a quien había conocido años antes y ambos, con el contrabajista Arturo Báez, formaron un trío, lo que él definió como “otro tipo de escuela”. También empezó a tocar con Iraida Noriega, lo cual le dio estabilidad en la escena y poco a poco lo comenzaron a invitar otros músicos. “He grabado varios discos con ella -dice-; siempre pasa que alguien te invita a tocar, hay unos toquines, se graba algo y luego una pausa. Comencé a hacer mucho trabajo como músico de sesión, luego conocí a Klezmerson y me invitaron a grabar Amon y con ellos ha sido por periodos. Así ha sido con todos los ensambles que he estado: trabajo-pausa-trabajo-pausa”.

Gustavo Nandayapa es un baterista con la capacidad para moverse en el mundo de la composición y el de la improvisación libre, transita de uno al otro con suavidad. Sabe de la sutileza, del swing, pero también posee su lado salvaje, potente y experimental. “Curiosamente -cuenta- en el folclor hay mucha improvisación, en la marimba hay una corriente de marimbistas solistas llamados los tenoristas, el que dirige improvisa también y eso desde muy temprano me llamaba la atención cuando hacían solos. Es algo que se va desarrollando y tiene que ver con qué tipo de música y músicos te invitan porque se hace tu burbuja y ésta puede ser muy grande o ser muchas burbujas. Al principio sí tenía que escuchar más música de ciertos estilos para estar sumergido en la raíz de cierta música que me gustaba, entender el concepto y la forma de tocar también. Cambia mucho el temple de hacer un toquín de free jazz o impro libre que puede ser un discurso más rudo, que tiene que ser así y al principio sí fue difícil porque fue aprender un nuevo lenguaje que vas balbuceando al principio y luego tienes más fluidez. Eso me llevó al rock también, y es resultado de la mezcla de todo, te lleva a otros terrenos que son interesantes”.


Foto: Mariana Barreiro.
Foto: Mariana Barreiro.

Los años pasados en la escena le han permitido observar cambios en la misma. Cuando él inició su trayectoria, al llegar a la CDMX, la distancia entre estudiantes y músicos profesionales “era abismal, no había tanto acercamiento”. Tampoco había tantos lugares para tocar y músicos e improvisadores tenían que trabajar haciendo otras músicas. Después de su estancia en el Conservatorio de Ámsterdam, había más lugares y músicos, “gente de fuera que llegó y aportó mucho a la escena y eso también pasó en otros estados. Las universidades crearon carreras de jazz, trajeron maestros extranjeros que también han nutrido a la docencia y a la escena del país. Siempre ha habido mucho talento, muchos músicos muy buenos. Ahora la escena es muy grande y el nivel es muy, muy alto”.

El baterista reconoce, entre sus influencias a Jack Dejohnette, Tony Williams, Neal Peart (Rush), Antonio Sánchez (“es como un héroe nacional” RISAS) y en el ámbito del free jazz y la improvisación a Ed Blackwell, pero no le pregunten por los discos que ha grabado porque no lleva la cuenta y “son un buen”.

Como solista, cuenta en su haber con Miniaturas experimentales, solo de batería con electrónica, que inició “como un taller para improvisar solo, componer en el momento piezas con objetos. Me fui grabando para ver qué resultados había y en un momento me gustó mucho, lo dejé y años después lo retomé para hacer unos conciertos e hice algunos discos. En la pandemia hice uno solo de impro, pero no con batería, que se llama Kali Tank que está hecho con tank drum, kalimba, sintetizador y objetos. También tengo un disco a trío con Brian Allen y Marco Rentería que se llama Última llamada”. Al explorar su bandcamp, encontrarán esas grabaciones más Slice, un álbum en compañía de Ingebrit Haker Flaten (bajo eléctrico) y Misha Marks (guitarra y no input mixer).

¿Qué le falta a Gustavo Nandayapa por hacer?


Foto: Rafael Arriaga Zazueta.
Foto: Rafael Arriaga Zazueta.

“Me gustaría componer, he abandonado ese músculo, algunas piezas que he hecho han salido en otros discos, en ensambles de otros amigos, pero me gustaría hacer un disco con rolas mías, tomar algunas de las que ya hice y algunas nuevas. Me gustaría componer más, componer para otro tipo de ensambles, colaborar más con voces o cuerdas, trabajar más la parte folclórica con la impro. Es algo que tengo pendiente, que me debo”, concluye.


 

 

 

 

 

 

 

 

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