Aarón Cruz: “La música, enorme fuente vital de motivación”
- David Cortés

- hace 2 días
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David Cortés
Fotos: Jesús Cornejo

Aarón Cruz es un bajista y contrabajista que, temprano, decidió no solo abrazar el instrumento, también eligió ser músico en la adolescencia y hacerse amigo, amante de la música, de toda la música. Cuando se parapeta detrás del contrabajo habla de una forma y si se calza al hombro el eléctrico lo hace de otra, pero en ambas es expresivo, intenso, contundente. Cuando habla de la música su amor por esta, sin preferencia por algún género, se trasluce y se vuelve contagioso. En ese momento uno quisiera tener el reproductor de CD’s a la mano para escuchar cada uno de los ejemplos mencionados.
Cruz comenzó a tocar el bajo eléctrico por azares del destino. De niño estudió guitarra clásica y clarinete, pero cuando se mudó de casa lo dejó. Cursaba el segundo año de la preparatoria, cuando un vecino se enteró de que tocaba la guitarra y lo audicionó. “Era la primera vez que tocaba una guitarra eléctrica, me dijo que tocaba bien, pero que me faltaba algo y me entregó un bajo, sin saber que me iba a cambiar la vida. Me enamoré del bajo eléctrico, me encantó su personalidad, su sonoridad”.
La banda no se hizo, pero los instrumentos del vecino se quedaron en casa de Aarón, así que se la pasaba tocando batería, bajo, guitarra. Cuenta: “Siempre me gustó el rock, la música popular y rápido empecé a tener resultados. Me empezaron a invitar otras bandas del barrio. La primera con la que toqué era una banda de cumbias (Super Gama 2000), después toqué salsa, trova y cuando estaba en segundo de preparatoria decidí que ya no seguiría estudiando y me dedicaría a la música”.
Su padre le sugirió que tomara clases de contrabajo, pero la idea no le agradó del todo, aunque le gustaba el jazz. Aarón Cuz iba al Arcano a escuchar a Agustín Bernal, quien se convertiría en su maestro, tocar con Antropoleo: “Él me formó desde cero, tarde, a los 18 años y estudié con él cinco años. A la par, ya empezaba a trabajar y vino la primera gran chamba como bajista emergente, me tuve que aprender 16 rolas en tres días”.
La cantante Gloria Trevi vivía su momento de esplendor y el bajista de su banda enfermó. Un amigo de Aarón lo llamó y le preguntó sí podría hacerse cargo. Ensayó un día y la noche siguiente hizo su debut en el Palenque de Texcoco. “Esa primera chamba ¾cuenta¾ fue muy interesante porque la mitad de los músicos eran norteamericanos y la otra mitad, mexicanos. Los americanos me acogieron bien, eran músicos bien formados y con ellos hice mis primeros pininos en el jazz. Me pusieron unas arrastradas brutales, pero al mismo tiempo me dieron datos precisos de qué estudiar y seguía estudiando con Agustín. Y en el 94 me di cuenta de lo peligroso que era ese ámbito comercial, te acostumbras a una fama que no es tuya y la música no era tan compleja. Les dije adiós porque quería hacer otras cosas”.

Ese año de 1994, el contrabajista conoció a Remi Álvarez y comenzaron a trabajar con Cráneo de Jade, su primera banda de música original, al lado del baterista Toni Gall. El grupo no surgió de una planeación, los tres se juntaban a estudiar, compartir música y dos años después los empezaron a invitar a diversos foros y en 1997 el trío grabó una primera producción distribuida por Opción Sónica.
A la par, Cruz tocaba con Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe y empezó a tocar con los jazzistas del ala clásica (Cristóbal López, Iraida Noriega, Mark Aanderud) y “empezó el rollo de meterse en los caminos alternos de la música poco común. Nunca dejé de tocar con gente que me daba trabajo y seguía con Cráneo de Jade. Toqué con Isis, una banda de rock urbano y con ellos trabajaba en Neza, Chalco e hicimos una temporada en los Hard Rocks de Vallarta, Cancún. Yo les pedí entrar a la banda porque me prendía mucho su música, siempre el rock allí presente, incluso en el primer disco que grabé con ellos, Tren loco, invitamos a Remi a tocar”.
Sí, a Aarón Cruz le gusta la música, TODA. No hace excepciones y cuando habla de ella, ya sea trova o música popular, sus ojos adquieren chispa, se torna vehemente, inspirador. Sin embargo, el jazz ocupa un lugar especial en sus preferencias y a este género le ha dedicado los años recientes de su vida. ¿Cómo llegó a la música sincopada, hubo una epifanía?
Narra con emoción: “Recuerdo que desde niño, esperaba los programas de jazz y blues de Radio Educación o Radio UNAM, que era lo que se escuchaba en casa. Grababa en casete esos programas y volverme loco con el jazz tradicional, me encantaba Benny Goodman, muchísimo, tanto así que mi padre me regaló un clarinete y empecé a estudiarlo. Me prendía mucho el jazz tradicional, Oscar Peterson, poco después conocí a Keith Jarrett, Charlie Parker, se abrió una gana de meterme en ese mundo difícil de la improvisación. Por Remi conocí el free, donde no hay nada escrito, nada preestablecido. Esta ventana hacia una posible libertad más allá de lo formal y de lo repetitivo que puede ser en algún momento el pop o el rock, porque en Cráneo de Jade, nunca tocamos igual, nunca”.

En ese entonces siempre tocaba el bajo eléctrico, porque el contrabajo le “imponía mucho miedo”. Fue a la llegada de Hernán Hecht, que este lo convenció de tomarlo. Desde entonces, le “hace feliz tocar ambos y lo sigo haciendo en todos los proyectos”.
Próximo a cumplir 40 años de moverse en la escena jazzística, el bajista ha visto múltiples cambios en la misma, desde lugares en donde tocarlo, hasta en la formación de las generaciones recientes. Una cosa, al parecer, se mantiene inamovible: las ganas de hacerlo a pesar de los contratiempos y de las condiciones poco favorables. Dice Cruz: “Entonces había muy poca gente, el único club que conocía era el Arcano, luego se abrió Los Íntimos, no conocía aún el Jazzorca, sí estaba el Festival de la Superior de Música, sí había pequeños foros y sí, no era un futuro promisorio en el aspecto laboral, pero veía a gente que admiraba que tocaba donde fuera porque es más fuerte el deseo de tocar que la cuestión de cuánto nos van a pagar y siempre fue así”.
Prosigue: “Después se abrió el Papá Beto que sí fue mi gimnasio, allí toqué con todo mundo y empezaron a darse proyectos más serios y grandes. Hablo del quinteto de Iraida Noriega, el trío de Héctor Infanzón que duró bastante, el gran encuentro con Eugenio Toussaint, proyectos que ya fueron de otro nivel de exigencia, de música original, Cráneo de Jade mismo. Fue interesante meterse en el mundo real del jazz y siempre salió para seguir viviendo. Con Héctor Infanzón fuimos al Festival de Montreal e igual, no nos pagaron nada o fue muy simbólico, pero fue un muy buen precedente llegar y sonar, como sonábamos con ese cuarteto, al Festival de Jazz”.
“En algún momento estaba tocando con tres personalidades pianísticas muy diferentes: Enrique Nery, Héctor Infanzón y Eugenio Toussaint. Cada uno me permitía desarrollar lenguajes diferentes y el free Jazz con Remi [Álvarez]. Era chistoso porque unos no comprendían cómo yo podía tocar o me gustaba el free; son mundos completamente separados, pero al final es música, son grados distintos de libertad. Todo tiene que ver con mi instrumento, el bajo es muy noble, muy requerido en todas las músicas y el papel es simple, pero de una simpleza muy compleja. Tienes que estar firme en lo que se te pide, en la base, en la forma, en la sonoridad contundente del bajo, llámese rock, free, jazz tradicional, salsa, lo que quieras. Uno tiene que aportar la tónica bien puesta, en el momento correcto o salirte de ese mundo y entrarle a la construcción, en el caso del free, de la composición instantánea, no sabemos a dónde vamos a llegar, pero esperemos llegar a un buen punto. Eso es un gran experimento desde mi perspectiva, pero no todo mundo se atreve a hacerlo consigo mismo”.

Cráneo de Jade grabó tres discos, dos con Toni Gall en la batería y uno más, Pleione, con Hernán Hecht. También tocaban con mucha frecuencia, pero de pronto, esa incesante actividad hizo mutis y, sin diferencias de por medio, sólo guardaron silencio. El trío hizo una pausa que se prolongó por más de tres lustros. Al habla Aarón Cruz: “Los caminos de la vida nos llevaron por diferentes caminos y durante la pandemia, cuando todos estábamos necesitados de vernos, Hernán tuvo a bien hacer un estudio en su casa y a él se le ocurrió que nos juntáramos y grabáramos algo. Llegamos al estudio, no dijimos nada y nos pusimos a tocar, lo único que dijimos fue que haríamos improvisaciones cortas, para hacer muchas y luego elegir, pero todos nos gustó y salió un tríptico [Zenzontle] en formato digital”.
Muchos discos se han grabado en donde Aarón Cruz se ha hecho cargo del bajo, pero como solista solo ha firmado uno: Eco (2010). Sin embargo, en camino vienen tres producciones que él espera vean la luz este año, aunque es poco proclive a hablar de ello.
En la última década, la CDMX ha visto un crecimiento de la escena jazzística: lugares, discos, exponentes. La cifra crece, es frecuente que haya necesidad de elegir porque la oferta es amplia, cuando antes, un concierto era una fecha única, memorable. Hoy, pareciera que el género de la síncopa se ha convertido en un elemento “común” en la dieta cultural de cualquier habitante de esta metrópoli, pero las condiciones laborales para los músicos, para los actores principales de esta puesta en escena, no son mejores.
Al respecto dice Cruz: “Algunos lugares, no todos, han visto el negocio en el jazz. Tengo un gran aprecio por el Jazzorca, me da mucho gusto tocar, ver a Germán [Bringas]. No vas allí por el dinero, vas por la libertad, por el espacio y el espíritu que se da allí, pero hay otros lugares en donde evidentemente se está lucrando con la palabra jazz y las condiciones no solo no han mejorado, sino que han empeorado. Me da mucha tristeza ver foros donde la música es utilizada como ornato; son restaurantes con música de fondo, no son clubes de jazz. No soy de la escuela nostálgica, pero creo que se ha perdido un poco la ceremonia de la música y eso me gustaría que se recuperara”.
A propósito, le comento que Julio Cortázar decía que hablar cuando está la música es una falta de respeto para esta y él comenta: “Y es una falta de respeto para ti mismo, no te das permiso de la experiencia ajena, de lo que está pasando frente a ti, que te incumbe no como espectador pasivo, sino como escucha activo. Porque sí es cierto, la energía del escucha, de la creación musical, en este caso del jazz, sí tiene que ver. Uno como músico está sintiendo o tratando de sentir lo que está sintiendo el público. No estás apartado de ellos, estamos juntos, hacemos uso de una energía vital que va y viene. Si ves a alguien que está en su celular o platicando, se rompe la energía. Yo voy a tocar donde me escuchen. Afortunadamente hay foros que hacen mezclas distintas y allí nace el jazz, de personas, estilos y distintas procedencias. Para mí ese es el espíritu del jazz”.

“El cambio principal viene en el crecimiento de la escena, hay muchos más músicos y eso me da mucho gusto. Hay proyectos que apuestan por su música original, porque yo sin ser compositor, siempre me he adscrito a grupos o proyectos con composiciones originales, no tocar standards, no tocar en lobbys, el jazz como una aventura más aventada pues. Veo una gran cantidad de propuestas y que hay actividad para todos y eso me da mucho gusto, porque cuando empecé el único contrabajista era Agustín [Bernal] y ahora habemos 15-20 contrabajistas y todos tienen sus proyectos”.
El tema a resolver, comento, es ampliar la difusión para estos músicos y, no sin pensarlo un poco, el contrabajista señala: “Como músicos, esa es nuestra responsabilidad también, saber mostrar claramente lo que estamos haciendo, con buenas producciones, calidad de audio, títulos. Ya no existe el formato físico desgraciadamente, soy un romántico y extraño el librito para leer mientras escucho, la ceremonia de poner el CD o el casete me hace falta. Hasta la ceremonia de ir a buscar los discos me parecía importante, descubrir álbumes por la portada. Eso lo extraño, lo valoro y trato de conservarlo, que cualquier cosa que salga tenga una buena portada, una presentación digna. Un disco completo es una película”.
Aarón Cruz no lleva una lista de los músicos con los que ha cruzado caminos y tampoco lleva la cuenta del número de grabaciones en las cuales ha aparecido, ya sea con el bajo eléctrico o con el contrabajo. Acerca de cómo elige, en sus proyectos personales, sí habrá de tocar el eléctrico o el contrabajo, comenta: “Tiene que ver con la música que planeo tocar, hay músicas que requieren más el punch eléctrico y hay otras que necesitan el calor orgánico del contrabajo. En lo personal los disfruto por igual, no le veo diferencia a ninguno. Hicimos un proyecto con Diego Martínez (piano) y Carlos Miguel Hidalgo (batería), composiciones originales de Diego, empezaron a sonar bien y sugerí que lo grabáramos. Lo hicimos hace año y medio, pero grabamos el mismo material en acústico y eléctrico y mi plan es sacar un disco doble o dos discos separados, con dos personalidades diferentes. La misma música, con un tratamiento acústico diferente, solo por eso, por probar el límite de la música con diferente color”. Además de estas grabaciones, Aarón espera que este 2026 aparezcan varios discos, dos de improvisación libre con dos tríos diferentes, otro disco a dueto con el pianista Daniel Vadillo, así como el más reciente disco del Daniel Vadillo Trío, más invitados, llamado El camino.

Con más de 30 años de experiencia, qué motiva, qué le hace falta por hacer a Aarón Cruz. “La música sigue siendo una enorme, enorme fuente vital de motivación todos los días. Colgarme mi instrumento y sonar mis notas graves en cualquiera de las músicas que toco me hace muy feliz. Y más, conocer gente nueva o recuperar, después de mucho tiempo, gente con la que no había hecho música y la volvemos a hacer y decir, claro, por eso nos juntamos. Pero no soy nostálgico, me interesa hacer cosas nuevas y conocer gente joven, ámbitos nuevos y aportarles mi quehacer musical. ¿Qué me falta por hacer? El océano infinito que es la música siempre te va a sorprender; gente que te saque de tu comodidad, te inspire a tomar caminos diferentes, a mezclar raíces, qué se yo, mundos diferentes y eso es muy estimulante”, concluye.



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