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Klaus Sour, explorador creativo de la música interior


Polo Bautista


Desde hace algunos años, el nombre del cantante y guitarrista Ian Klaus Sour circula con mayor frecuencia dentro del circuito del free jazz y la improvisación libre en nuestro país. Su presencia e intervención tanto en proyectos propios como Siglo Vacío y otros compartidos como Madoromi Odori y Perritos Genéricos, lo han vuelto un referente dentro de la actual generación de músicos talentosos en ascenso.




No obstante, la búsqueda por alcanzar una identidad musical propia no ha sido reciente y sencilla, sino que lo han conducido por sendas variopintas, muchas veces bajo la instrucción de grandes mentores y en compañía de estrechas amistades. Su imaginación y tenacidad solo se equiparan al amor que le guarda a la música libre, asunto del cual, entre algunos otros, versa la siguiente entrevista.

 

Tengo entendido que estudiaste en el Centro de Estudios de Jazz de la Universidad Veracruzana, (JazzUV), allá en Xalapa, ¿ese fue tu inicio formal en la música?

Entré a la JazzUV por ahí de 2017, pero ya había estado en algunas escuelas particulares y públicas. La guitarra la empecé en la Casa de la Cultura Raúl Anguiano, en Coyoacán. Sin embargo, antes había tenido un poquito más de formación musical, porque de los ocho a los diez años estuve en el coro de niños de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realmente ahí empecé. Del coro y la Casa de la Cultura me pasé a la escuela Academus Pro y después a otra llamada Tiempo, creada por ex profesores del Centro Universitario de Música Fermatta. Yo llegué ahí porque tenía una banda con unos amigos y decidimos estudiar juntos en una misma institución. Luego me interesó ingresar a una escuela pública, porque las otras son muy caras. Hice muchas convocatorias para música clásica y nunca me quedé. Entonces busqué en los jams, particularmente en Pizza Jazz Café, me adentré al mundo de la improvisación libre e ingresé al taller de jazz de Remi Álvarez. Descubriendo la escena de jazz mexicana fue que encontré a JazzUV, la cual realmente es una escuela muy joven, debe tener unos once o doce años de existencia. Decidí intentarlo y me admitieron.

 ¿Cómo fue tu estancia en JazzUV? ¿Encontraste las respuestas que buscabas?

Definitivamente sí. Encontré respuestas a mis dudas, pero también abandoné o, mejor dicho, pausé ocasionalmente algunas ideas, porque en Xalapa no hay tanta improvisación libre, muy de vez en cuando alguien llega de visita y hace improvisación; además hay pocos espacios. Realmente se trató de entender la perspectiva de los maestros, quienes muchas veces están aferrados a escuelas como Berkeley y afines. Me refiero al jazz más orientado a lo que hacía Wayne Shorter o arreglos al estilo de Sammy Nestico; es decir, cosas muy preestablecidas dentro de la academia jazzera, dejando de lado la parte más rebelde del género. Entonces sí encontré muchas respuestas, pero sobre todo me topé con una diversidad musical amplia. Todos los estudiantes que estaban ahí provenían de distintas regiones del país. Encontré gente que creció siendo mariachi, sonero jarocho, que ha hueseado desde el country, hasta corridos y cumbias. Tratábamos de unificarnos en un solo lenguaje de improvisación jazzística y popular, pero lo trascendental fue que encontré amistades. En cualquier estado conozco a alguien que toca cabrón. Esa fue mi más grande fortuna al haber estudiado allá, encontré mucha gente virtuosa. Tal vez no con los mismos ideales, pero obtuve una perspectiva más amplia. Toda una generación de músicos entre los veinte y los treinta, casi los cuarenta años que se están preparando para saber cómo vivir de esto. Hallé herramientas para poder ser ecléctico, tener oportunidades de hacer música y ganar dinero de ello.

¿Cuándo tuviste claro que el jazz y la improvisación libre serían gran parte de tu camino musical?

Tuve una banda con unos primos, se llamaba Red Army, y ahí hacíamos rolas. En ese entonces tenía catorce años. Después formé otra agrupación con mis amigos llamada Wenstongrass. Con ellos empecé a componer en español, ahí tenía dieciséis años, pero para los dieciocho ya estaba interesado en el jazz. Siempre he tenido muchos maestros, pero durante esa época creo que los más influyentes fueron Remi Álvarez y Germán Bringas. Álvarez me enseñó mucho del jazz, especialmente discos de improvisación libre. En cuanto a Bringas, no hay duda de que es uno de los pioneros de la improvisación libre en México. Entonces mi búsqueda se fue orientando hacia esa dirección, pero la necesidad de entrar a una escuela y hacer una carrera fue fuerte. No solo podía llevármela en puros jams, armando proyectos que tal vez no me iban a dejar un buen currículum. Entonces me aventuré en la JazzUV, pero antes de eso, como de los dieciocho a los veintiuno me estuve preparando, estudié la teoría, leí, escuché discos y traté de conocer la escena del jazz aquí en México. Me la pasaba yendo a eventos gratuitos y algo que me gusta mucho de la escena mexicana, es que no es una en la que el artista te mira hacia abajo. Al terminar el concierto siempre puedes dialogar con los músicos y eso me motivó mucho.  Sobre todo, aquellos que no hacían un jazz tan tradicional, sino que utilizaban el lenguaje de la improvisación para su música y eso fue lo que más me atrapó. En mi búsqueda yo sentía que podía hacer música espontánea, pero faltaba el cómo llegar a un discurso así de complejo, armónico, melódico y rítmico. Tener conciencia de que eso es lo que yo quiero sacar, mi música interior.

No todo el mundo puede aprender directamente de músicos de la talla de Remi Álvarez y Germán Bringas, ¿cómo es tomar clases con ellos? ¿qué más aprendiste?

Con Remi había muchas personas, calculo que unos quince músicos en el taller de improvisación libre. Además, era gratuito, dos horas todos los lunes. Hacíamos un círculo y había muchos instrumentos. Tuve el privilegio de ser de los pocos guitarristas que estaban ahí, todos los demás tocaban batería, piano, bajo, trombón, saxofón, etc. Remi se iba de uno en uno y nos decía: “escoge un quinteto, un cuarteto, un trío”. Te indicaba un número de ensamble. Luego tú escogías con quién tocabas improvisación libre, sin reglas, gravedad cero. Al terminar los que no tocaban tenían que dar su opinión de lo ocurrido, no había nadie que se quedara callado, por breve que fuera decían algo. Remi también comentaba e incluso lo podías elegir para tu ensamble, por lo que muchas veces tuvimos la posibilidad de tocar con él. Siempre hubo tiempo para que todos tocáramos y compartiéramos nuestros pensamientos. Llegamos a conclusiones muy interesantes acerca de la percepción dentro de la música, de las expectativas y de las sensaciones. A veces los músicos quieren crear desde la espontaneidad, pero tenemos muy arraigadas estructuras de canciones, standards y demás cosas preestablecidas, que nos orillan a tomar decisiones concretas. En cambio, dentro de la improvisación libre no puedes anteponer tu perspectiva a la de los otros, cada quien está en un rollo distinto y todo es muy libre. Lo correcto sería reconocer esas conexiones que se establecen, que no son verbales y sí muy simbólicas. Ingresé a ese taller en sus últimos momentos, pero duró más de veinte años. Asimismo, eso me llevó a conocer el foro Jazzorca y a Germán Bringas. Él digamos me adoptó inmediatamente, vio esa intuición que tenía por improvisar y formamos un ensamble que se llamaba Telephatóxico. Así conocí a la comunidad free jazzera. Creo que lo que más me enseñó Germán fue la escena, con él no fue precisamente tomar clases, sino la práctica de la improvisación libre. A acostumbrarse y asumirlo como una labor y una forma de expresión reconocida mundialmente. Desprenderse de ese estigma de que la gente improvisa porque sí. Realmente es una idea de libertad musical que pocos se permiten tener.




¿Cuándo regresaste a la capital y por qué?

Regresé hace dos años y siempre me han invitado a tocar a la Ciudad de México (CDMX), pero antes de esos años yo trabajaba en un call center. Tocaba poco, vivía en un lugar agradable, una casa bien grande, me había juntado en pareja, etc. Sin embargo, mucha gente me seguía invitando a tocar y gastaba mi sueldo en trasladarme. Eso me empezó a cansar mucho, me refiero a la centralización de la música que es muy latente. En Xalapa traté de vivir de la música, pero hay unos cuantos venues que apenas pagan y otros que a veces ni pagaban. Incluso dar clases era mal sueldo. Hay pocos proyectos que realmente remuneran bien, aunque sean interdisciplinarios. Entonces, estaba saliendo mucho hueso en CDMX y regresé. Yo no quería estar solamente trabajando desde casa y gastándome mi dinero sin hacer lo que realmente es mi gusto. Tengo la fortuna de vivir acá, de no pagar renta. Vivo en el sur, soy coapeño, las cosas me quedan un poco lejos. Normalmente siempre salgo una hora y media antes a cualquier cita y trato de regresar temprano. No me da para pagar Ubers, ni regresar cuando ya no hay transporte público. Ahora súmale estar cargando tu instrumento, que es tu herramienta de trabajo. Luego en los venues no hay amplificadores o equipo. En fin, he aprendido a cobrar mejor, ya me establecí y tengo proyectos más sólidos. Incluso me doy la oportunidad de tocar por gusto, en ciertos lugares y bajo determinadas condiciones. Yo quiero vivir de esto y lo sigo trabajando.




Háblame de tu proyecto Siglo Vacío, ¿cuándo comenzó y de qué trata?

Existe quizás desde finales de 2023, pero son las mismas canciones que produje en Xalapa, nada más le cambié el nombre al proyecto, porque iba a tener una nueva alineación y me gustaba la idea de empezar desde cero. Tocar con jazzistas en Xalapa sí me ayudó bastante, pero Siglo Vacío es un proyecto de canciones y no es exactamente improvisación, pues hubo momentos donde los músicos no tocaban el arreglo específico y experimentaban más allá de la pauta. No sentía que mis canciones sonaran, sino parecían más un huevo revuelto de cosas. Aquí sí sacamos los arreglos y nos comprometimos. En Xalapa no solo me junté con banda jazzera, sino también con poetas, artistas de narrativa gráfica, cineastas experimentales, escultores, etc. Ahí es donde yo pude probar, salirme de la norma del jazz, pero construyendo una identidad propia que partiera de una experimentación armónica, melódica y rítmica. Que me ayudara a estudiar y al mismo tiempo crear mi propia música.

¿El nombre Siglo Vacío significa algo en especial?

Siglo Vacío es un concepto original de un manga japonés llamado One Piece, y alude a una parte del tiempo histórico dentro de la trama que fue borrado por el gobierno mundial, para que la gente del futuro no supiera de la ideología que tenían en ese momento. A mí me gusta retomar frases de distintos lados: revistas, programas de televisión, libros, comics, etc., despojarlos del contexto original y meterlos en otro sin necesidad de explicar el origen, para que la gente que lo perciba pueda crear su propio entendimiento de las cosas. Es como usar esta idea del cineasta David Lynch, sobre no tener que explicar todo exactamente, sino que cada quien agarre dentro de su contexto un mensaje. Para algunos Siglo Vacío puede que signifique otra cosa y no precisamente el anime o el manga. Incluso para mí cargar con ese nombre ha agarrado otro significado, ya está impregnado de otros sentimientos.




¿Tus canciones sobre qué versan? ¿cómo las creas?

La mayoría de las veces no agarro temas tan personales, pero me gusta hacer collages, simplemente cuando escribo frases de aquí y de allá, de repente aparece una letra que mezcla las cosas. Aunque sí tengo una forma particular de hacer collage, por ejemplo, voy caminando por la calle y le tomo fotos solo a cosas azules, para crear una especie de color. Imagina eso, pero bajo una premisa que te ayude a agarrar frases y que tengan cierta identidad. Otro ejemplo, frases que solo tengan que ver con personas que tienen un reciente incremento de poder social o político, y que no saben qué hacer con eso. Entonces hay infinidad de escrituras, libros o personas y tú solo les robas un poquito de su discurso. De repente aparece uno impregnado de muchos rostros que al final sí te dan una perspectiva de que es lo que se siente tener o estar en esa posición. A veces empiezo así, agarro una premisa o también me gusta hacer muchos juegos. Coger una frase, sacarle todas las vocales y hacer nuevas palabras, etc.  

¿Quién te acompaña en Siglo Vacío actualmente?

Me acompaña Daniela Mecalco en el bajo y Reona Sugimoto en la batería. De unos meses para acá, vamos a trío. Son músicas muy buenas que están en otros proyectos y se desenvuelven mucho. Por decir, Daniela en el R&B y en el jazz; ella ha tocado con A Love Electric. Por su parte, Reona se desenvuelve en el mundo del jazz y la improvisación libre. Ella procede de Japón, estudió en la Universidad Autónoma de Ciencias y Artes de Chiapas. Lleva más de doce años viviendo aquí en México y nos comunicamos bastante bien en español.

Me parece que Reona también ha tocado en otras propuestas como Mint Field, ¿es correcto?

Estrella del Sol nos vio durante un toquín que tuvimos en el foro 316 Centro y le gustó mucho como tocó Reona. Luego escribió a mi whatsapp, me pidió su número y obviamente se lo di. Pensé que era una buena oportunidad para que Reona estuviera toureando con Mint Field. Yo no me pongo en ese lugar como de, “ah no, es que son mis músicos”. En realidad, yo conozco a tantos músicos en la ciudad que es mi responsabilidad también saber sobrellevar ese tipo de cosas: buscar suplencias, llevar las partituras, tener ensayos suficientes para que quien se suba al proyecto cumpla con el trabajo. Pero obviamente como ensamble he hablado tanto con Reona y Daniela, sobre qué nos gustaría y sea más sólido. 

Acerca de Madoromi Odori, ¿qué me puedes decir?

Madoromi Odori fue el primer proyecto que hice llegando a CDMX. O sea, antes incluso de pensar en la nueva alineación de Siglo Vacío, yo ya estaba componiendo con Madoromi Odori. En JazzUV tuve una especie de titulación, con tesis y concierto. Mi trabajo habló del guitarrista de jazz Bill Frissel. Por otro lado, Reona estudió a un baterista llamado Paul Motian. Entonces, Reona, junto a la saxofonista Eli Piña y yo, platicamos que ese era nuestro trío favorito, porque tiene una especie de sonoridad flotante, muy de la improvisación libre; además, Frissel utiliza el sustain de la guitarra, esa calidez y, en el saxofón tenían al increíble jazzista Joe Lovano. Lo interesante de ese trío es su falta de bajista. Los tres le tenemos cariño a esa música y empezamos a componer, pero también interpretamos a Motian y digamos que nos decantamos por él. Incluso hay planes de grabar un disco tributo a Motian.




Recuerdo haberte visto por primera vez junto a Madoromi Odori, allá por junio de 2024, en el evento “La provincia también existe”. Fue una gran e intensa noche, pero lo que oí de ustedes distó a lo presentado en su disco La danza del sueño (2024). 

La mayoría de las bandas que tocaron aquella vez eran bandas de punk, rock, etc. Ahí estaban Segundos Auxilios, Delirio, Grito Exclamac!ón y SAM SAM SAM; es decir, puras propuestas jóvenes de rock y con Madoromi Odori tocamos entre noise y free jazz.  Fue un poco caótico, porque se supone que iríamos nosotros antes de Grito Exclamac!ón, pero cerramos. Era bastante tarde, probablemente más de la una y media de la mañana. En esa ocasión te tocó más bien escuchar una improvisación de quince minutos y vámonos, porque ya nos queríamos ir (risas). Aunque sí retomamos pautas del disco, especialmente las partes extremas. De hecho, hay una pieza instrumental titulada “No sé qué comer”, la cual es un noise duro y agarramos esa pauta o estilo para decir, vámonos porque ya no aguantamos. Lamentablemente no tocamos nada de nuestro repertorio, pero muchas veces, sobre todo ya sea juntos o separados, Eli, Reona y yo tocamos ese tipo de música, me refiero a la improvisación libre. Ese también es parte de nuestro discurso y herencia. A veces, simplemente nos toca interpretar media hora o más de pura improvisación libre y a eso vamos. 


Madoromi Odori: Reona Sugimoto, Eli Piña, Klaus Sour
Madoromi Odori: Reona Sugimoto, Eli Piña, Klaus Sour


También eres parte de Perritos Genéricos, ¿cómo te sientes en ese proyecto?

Perritos Genéricos es el proyecto de Carlos Bergen y compañía. Creo que mi primer concierto fue en el foro 316 Centro. Ha habido muchos toquines y yo espero seguir ayudando, haciendo comunidad y contribuir en mi papel de sideman, como le dicen en el jazz al músico acompañante o quien está al servicio de un proyecto. Me da gusto estar ahí y ojalá sean muchos años más.

Por cierto, me llama la atención que tus conciertos pueden variar mucho, a veces usas diferentes equipos, guitarras, pedales y hasta modificas objetos comunes, ¿qué me dices al respecto?

Tengo un teléfono tipo micrófono que intervine. Es un teléfono al cual le puse cables y soldé para que pudiera usarse como micrófono. En realidad, tengo distintos tipos de proyectos o más bien de presentaciones. Cuando voy solo a veces llevo una loopera, justo para ir haciendo capas y capas de mis canciones. También tuve una presentación en el Centro de Cultura Digital, donde llevé un aparato que tenía secuencias de audio y estaba sincronizado a mis videos, porque igualmente hago filmes experimentales. Tengo otro show donde en solitario canto y toco la guitarra, pero al mismo tiempo tengo secuencias de audio:  bajos, sintetizadores, baterías, guitarras, otras voces que me acompañan, etc. Trato de acoplarme a distintos tipos de presentación, sobre todo por lo que ya comenté, no es tan fácil que los lugares tengan el equipo necesario. A veces, solo voy con mi guitarra acústica y listo, pero me gusta retarme un poco, llevarme al límite y hacer shows más complejos y adaptables. 

Volviendo a la escena del free jazz y la improvisación libre ¿cómo la observas actualmente dentro de CDMX?

Está proliferando muchísimo. De unos años para acá han venido muchos extranjeros procedentes de Canadá, Austria, Berlín, etc. Mucha gente de distintos lugares viene a CDMX exclusivamente a tocar con los músicos de improvisación libre. Eso quiere decir que los intérpretes de aquí son reconocidos en otras partes del mundo. Germán Bringas es un fenómeno mundial. Hay mucha gente dentro de la improvisación libre que lo tiene en su catálogo de músicos imperdibles. Lo cual, resulta curioso, porque en México sí hay un nicho, pero obviamente no todo el mundo lo contempla como parte de su cultura general. Es interesante como en otros países sí valoran este legado de la improvisación libre y considero que en estos momentos se está moviendo hacia otros lados. Por mencionar, la violinista Aleida Pérez y el contrabajista Alex Motta, recientemente se fueron a Canadá, y está surgiendo esa conexión entre músicos de ambos países. Igualmente hay músicos mexicanos viviendo en Ámsterdam o Berlín, pero dedicándose meramente a la música contemporánea, al free jazz o a la improvisación libre. No digo que sean las mejores condiciones, pero sí ha cambiado mucho de cuando comencé, que apenas había un puñado de personas y las producciones discográficas eran contadas. Ahora hay todo un movimiento de generaciones unidas creando música libre.


Siglo Vacío
Siglo Vacío

¿Cuál es tu prospectiva para esta escena?

Nunca le echaría la sal a algo que me gustaría que proliferara. Definitivamente yo espero con ansias que esto crezca. Tal vez a nosotros no nos toque lo más fuerte, pero estamos atestiguando un cambio intenso. Estoy seguro de que a las siguientes generaciones, esas que apenas descubren el género o quienes apenas se introducen en él, van a disfrutar de bases más sólidas.

¿Qué planes tienes para los siguientes meses? ¿en qué estás trabajando?

Ahorita estoy enfocado en Siglo Vacío, recientemente lanzamos (Live en Xoco), en todas las plataformas y es nuestro concierto en vivo dentro de la Cineteca Nacional, lo grabamos a finales del año pasado. También estoy aprendiendo a producirme todavía más de forma autónoma, por lo que suelo grabarme en vivo durante mis conciertos. Lo mismo mezclo, masterizo y la idea es hacer algunos discos de presentaciones en vivo y en solitario. Finalmente estoy preparando una placa de estudio, track por track, con invitados especiales. Entonces prometo muchas cosas, creo que al menos un par de álbumes más este año.



 




 

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