Aarón Flores, guitarrista de sonido suave como la seda
- David Cortés

- hace 37 minutos
- 9 min de lectura
David Cortés
El guitarrista Aarón Flores (CDMX, 1984), se toma una pausa en medio de su agitada vida laboral para tomar el teléfono y responder preguntas que, probablemente, le han hecho más de cincuenta veces. No obstante es muy atento y generoso en su contestaciones en esta charla en donde hurgamos un poco en su vida sonora y el despliegue que, con su guitarra, ha hecho en la escena del jazz nacional.

Él comenzó de manera temprana en la música cuando en su escuela primaria comenzaron a dar clases y quería estudiar batería, “pero no había maestro y entonces, a regañadientes, tomé la guitarra. ¡Nunca pasó el cambio a la batería! Eran los años noventa y en el aire flotaba la música de Nirvana, Metallica, el grunge, “pero se nos enseñaba mucho bolero y música tradicional mexicana y a mí todo eso me gustaba”.
En su casa, cuenta, siempre hubo música. Su papá escuchaba canción latinoamericana, “eso estaba en mi cabeza y me consiguieron un maestro que me daba guitarra clásica y también canciones de Beatles, Rolling Stones. En ese entonces era una esponja, todo lo absorbía y como a los dos años entré a la Escuela Nacional de Música y allí comencé con la guitarra clásica, pero la conexión con la música latinoamericana se mantuvo”.
Durante siete años se concentró en la guitarra clásica y contaba con 19 años cuando un amigo le comenzó a hablar del jazz y lo incitó a un concierto en la colonia Roma, aunque no recuerda quién tocó entonces: “Mi primera experiencia con el jazz fue esta experiencia citadina, de escucharlo en el bar y pensar qué están haciendo, no entiendo, pero me gustó y me fui enterando de los festivales de la Superior de Música y allí cada seis meses iba y me paraba a escuchar y empecé a buscar músicos que lo tocaban, en el Convite, fui a ver a Bringas a Jazzorca, el jazz que fuera, quería saber qué onda con eso”.

Aarón ingresó a la Superior de Música y dice, le “tocó una generación muy buena”, aunque no tenían la idea de formar un grupo. Llegó a eso cuando salió de la escuela y formó un primer trío con el contrabajista Adrián Flores -ningún parentesco los une-, y el clarinete bajo de Blair Latham y realizó Zen goes to heaven (2012), “una grabación muy casera”. Es un EP de larga duración que tiene tintes de jazz fusión, con swing y en donde el clarinete bajo de Latham imprime por momentos un toque cercano al klezmer. Sin embargo, el disco se encuentra todavía atado a una estructura en donde hay “abundancia” de solos en cada track.
Después de esta primera experiencia, el guitarrista formó T’orus al lado de Christian Balderas y Enrique Nativitas al cual se unió más tarde Benjamín García y Eric el Niño, alineación que grabó un álbum epónimo en 2014, para luego entrar en un largo periodo de hibernación. Ese año, el guitarrista grabó su primera placa solista llamada Loto al lado de Benjamín García (contrabajo) y Hernán Hecht en la batería, disco que define como algo “medio extraño, alejadísimo de los estándares del jazz tradicional, tenía dos piezas como de guitarra clásica y gracias a ese disco me volví un poco más conocido y fue justo cuando me invitaron a dar clases a la Superior de Música en el área de jazz. En ese momento gané la beca del Fonca para jóvenes creadores, fue una época de mucho movimiento”.

Loto abre con “Preludio” que es prácticamente una larga intro de la guitarra que en “Loto I” se transmuta en una vena cercana a la fusión y en donde se privilegia el trabajo grupal. Loto II” es una composición íntima, reposada -tónica general del álbum- en donde el trabajo de la batería de Hecht es destacado y el sonido de la “pared” rítmica que construyen ambos es increíble en su sonido. En Loto encontramos experimentación; en “Loto IV”, cuando Hecht hace un solo, la guitarra de Flores es obsesiva y monótona, repite un acorde maniáticamente para después regresar al tema. “Loto VI” regresa un poco al ámbito de la fusión -por darle un nombre a lo que hace el trío-. Luego del EP Zen goes to heaven, en Loto el guitarrista comienza una depuración de su lenguaje, un acercamiento a su sonido personal.
Flores escuchó un EP del también guitarrista Federico Sánchez para guitarra sola (Los ecos del goce, 2012) y le comentó que tenía unas composiciones medio ‘locochonas’ y que si le interesaba grabarlas y, coincidentemente él tenía unas, entonces hicimos un EP a dueto que se llama Annominatio, trabajo interesante por los resultados y también porque inicia una amistad que se ha extendido hasta la fecha en diferentes colaboraciones entre ambos.

Hernán Hecht ya había grabado su primer disco con El X-Pression Quartet diez años antes y el baterista tocaba en el trío de Flores e invitaba mucho a Federico Sánchez a tocar con él. Un día Hecht llegó con la idea de hacer de revivir el cuarteto, “pero con dos guitarras, llamó a Alonso López y grabamos un disco, Todo es uno y es mil a la vez (2019)”.
¿Cómo es trabajar con otro guitarrista?, preguntó a Aarón y luego de un par de segundos contesta: “Para mí siempre ha sido muy natural, porque desde que empecé a tocar la guitara, lo que fuera, siempre lo hacía con otro guitarrista. Aparte, con Federico, hay una conexión especial en cuanto al tipo de música que nos gusta y escuchamos; a mi me gusta lo que hace y siempre trato de ser parte del discurso que está haciendo y lo más importante es que con él siempre estamos trabajando en función de la música y eso es algo de los más importante que he aprendido del jazz: lo más importante es lo que se produce sonoramente y no tratar de sobresalir. Y eso creo que nos une a Fede y a mí. Siento que hay una misma visión de la música y de cómo hacerla en conjunto”.
En 2014 también, Flores grabó Otras estampas citadinas, nuevamente un EP, una obra con sonidos ambientales de la ciudad, con muchas texturas y un acvercamiento más experimental a su sonido en donde hay ambient mezclado con experimentación (“Esotérica (Eje Central)”, abstracción (“Conversaciones mecánicas”) e incursiones radicales (“Memoria”, “Último paseo”). “Milagro” es el corte más cercano a lo desplegado por su guitarra hasta ese momento y también hay visitaciones a la electrónica como un recurso (“Eternas conversaciones de pasillo”).
La siguiente incursión discográfica de Flores es Nova Insula (2018), título tomado de la utopía creada por Tomás Moro y grabado con Federico Hülsz (sax tenor), Benjamín García (contrabajo), y Hernán Hecht (batería), album inspirado en diferentes lugares en donde aparecen tonos misteriosos, de cierta melancolía, evocación y tristeza por un lugar (“Oxtopulco”), nuevamente hay abstracción (“Westfalen (die Einwanderer in der Station)”; en “Toward Pier” el guitarrista retrata un trayecto con cierto apresuramiento y una sensación de urgencia y en “Porte Maillot”, como en “Cumaná”, sin llegar a la luminosidad hay una sensación de plenitud,de satisfacción con lo visto y experimentado. El álbum cierra con “Boulevard Saint-Joseph”, la última caminata, la despedida de un lugar en el cual se vivieron agrables momentos. Es un disco en donde la guitarra de Flores se desplaza con suavidad, sin prisa y traza una estela sonora delicada, meliflua, de carácter muy íntimo que toca las fibras profundas, al tiempo que se convierte en un pincel y realiza trazos impresionistas de sitios existentes, pero a los cuales ha mirado de forma única.

“Nova Insula -dice Aarón Flores- es una colección de lugares que he visitado, musicalizar mi romanticismo de imaginarme lo que sería vivir en esos lugares, crear algo utópico, Es diferente a Loto porque tiene una estructura más de canción, un par de cortes medio free y de impro, pero me interesaba que estuvieran más cerca de la canción al estilo ECM, jazz europeo, estaba escuchando mucho a Bill Frisell en ese momento y esa fue una gran influencia para ese disco”.
En 2019, el guitarrista decide incorporar la electrónica de forma más decisiva en su música y junto a Federico Sánchez, quien se encargará de ella, más Federido Hülsz (sax tenor) y Benjamín García (contrabajo), se graba Tres viñetas a partir de la transmutación de un paisaje en donde predomina un tono contemplativo (“Viñeta 1”) y en donde hace alarde de esa sutileza y el detalle, como si se tratara de unos ojos con los que se mira la realidad desde un estado de calma en el que las prisas no tienen cabida (“Viñeta 2”) y en “Viñeta 3” regresa el pintor, ahora acompañado de la electrónica que aparece como una intromisión, un ruido molesto, pero fugaz.

El EP nació de una “comisión” basada en José María Velasco, pero los paisajes de este ya se habían transformado y en Tres viñetas… “estos paisajes hacen lo mismos, se transforman, se dislocan, se contaminan y de allí surgieron esas tres piezas que yo quería hacer que sonara como música de cámara, medio electrónica y por eso la instrumentación de sax, contrabajo y guitarra y que Fede hiciera lo que había hecho en su disco de guitarra sola que es ir procesando. Lo grabamos en mi casa y Fede manipuló el sonido en su computadora y es uno de los trabajos que más me gustan”.
Al año siguiente, Aarón Flores graba Interior / Exterior, un trabajo más experimental, de atmósferas y búsqueda propia en donde explora posibilidades de instrumentos con los que no está familiarizado (trompeta, SuperCollider), rompe con trabajos anteriores y de breve duración (15-16 minutos). Ese año, casi a finales, aparece Transparencias, otro trabajo resultado de la pandemia en donde el guitarrista elegía notas al azar y en donde cada uno de los 49 cortes -muy breves- que lo conforman, se titulan con alguna palabra de un poema que escribiera el guitarrista. Es un disco en una vena más íntima, como un soliloquio en el que a veces lo que se dice se dice para sí mismo, como diálogos internos. A veces son ideas y esos pensamientos se quedan a medio camino, no alcanzan la conclusión. “Esas notas -comenta- luego trataba de escribirlas y volverlas a tocar, también tienen procesos electrónicos, eso también salió porque en ese entonces hice unos conciertos telemáticos y tomaba la señal de audio que me llegaba de ellos por zoom, la pasaba por un procesador de efectos, y eso lo escuchaban ellos e íbamos interactuando en línea, con latencia y todo”.
Cuando terminó la pandemia, el guitarrista grabó Nocturnal, disco que él define como canciones en la vena del sonido ECM y en donde la mayoría de las composiciones, con excepción de “Sureña”, tienen que ver con cierta nostalgia con la vida nocturna antes del encierro.
El sonido de Aarón Flores es muy amable y efectivamente, como él mismo lo asume, hay algo en ella del sonido del sello ECM; sin embargo, no es una calca, porque en la experimentación, que no repele al escucha, él ha encontrado el balance y con ello un sonido distintivo, difícil de encasillar. “Es básicamente lo que he intentado. Sí hay esta idea de estudiar jazz tradicional y absorber lo que los grandes maestros nos enseñaron, pero también está el hecho de que soy un cuate de la CDMX que creció escuchando a Nirvana, Metallica, música latinoamericana y le gusta lo electrónico, lo experimental y no es que lo busque, pero obviamente va a surgir allí porque es parte de lo que soy”.
En 2024, el guitarrista nos entrega el que hasta ahora es su trabajo más reciente, Fata Morgana, álbum grabado a trío con Miguel Alzérreka (vibráfono) y Reona Sugimoto (batería) y, en él, el tono íntimo, aterciopelado de la música del guitarrista gana en sutilezas y matices con la incorporación del vibráfono y la adición de Sugimoto a la batería. Es un disco con espacios, en donde todo fluye como un riachuelo tranquilo, pero en el que, a su paso, hay ciertos “accidentes” que le aportan más emoción, sentimiento y aventura.
“La verdad -cuenta Flores- es que ese disco lo escuché una vez que lo terminé y es uno de los que más satisfechos me ha dejado, porque en los otros siempre encuentro algún detalle. Suena como yo quería, pude hacer todo lo que quería, me gustó mucho el resultado final. En ese momento no estaba tocando con nadie y Alonso Valdéz organizó una banda que era como un tributo a la Paul Motion Electric Be Bop Band y tocamos Fede y yo, e invitó a Reona y me gustó como tocó. En otra ocasión, me salió un concierto e invité a Alonso y Reona y hubo buena química y lo instituí como mi trío. Fata Morgana podría decir que es mi disco favorito de lo que he hecho. Siento que es lo que mejor me representa, lo que me gustaría hacer siempre”.

Afortunadamente las ideas bullen en el cerebro de los músicos y el de Aarón Flores no es la excepción. Hace un par de años, otro guitarrista, Todd Clouser organizó el Downtown Guitar Festival e invitó a Federico Sánchez quien, a su vez, le propuso a Flores continuar el trabajo desarrollado en Annominatio: “Fede me propuso que podía invitar a Reona, que tocaba en mi trío; Alonso tocaba en el ensamble de Federico y conmigo, así que los incorporamos. Tocamos en ese festival, nos gustó tanto que decidimos hacer rolas para este ensamble y acabamos de grabar un disco”.
Si quieren un adelanto de cómo suena Annominatio, exploren en las redes y encontraran tres cortes grabado en el festival que conjuntó y dio origen al grupo, con eso la espera por el álbum se les hará más corta.
Mientras llega el momento de dar a la luz ese proyecto, el guitarrista ya piensa en el futuro: “Siempre he estado regresando a la guitarra clásica, de pronto me gustaría hacer algo con esa guitarra, ya sea a trío, sola, con electrónica, es algo que he estado tratando, pero aún no aterrizo ninguna cosa”.


Comentarios