Andrea Robledo Acevedo y Alejandro Colavita, Híbrid (Cero Records, 2025)
- David Cortés

- hace 2 días
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David Cortés

¿Cómo sonaría un océano industrial? Uno azotado por el viento y en donde el agua estuviera contaminada de herrumbre y desechos industriales que al fragor de las olas produjeran sonidos metálicos a su antojo. A estos sonidos, creados por Alejandro Colavita, agregue el acordeón de Andrea Robledo Acevedo y la imagen se vuelve enervante y misteriosa, sobre todo misteriosa.
Así abre “Océanos Rítmicos”, el primer track de este trabajo atinadamente llamado Híbrid en donde Colavita pidió a Robledo Acevedo un corte para ser incluido en la recopilación por los 20 años de la discográfíca independiente Cero Records, de la cual Colavita es cofundador, y para la que Robledo Acevedo le entrego más de 40 minutos continuos de música sobre la cual él improviso con su sintetizador, en partes y sin prisa, para finalmente crear nueve cortes. (Andrea Robledo Acevedo -antes Sergio, grabó anteriormente dos discos con Cero Records, El Acordeón contemporáneo. México e Imágenes sonoras. Música mexicana para violonchelo y acordeón, con el dúo Arsa-Robledo- y esta es su primera colaboración con Alejandro Colavita.)
“Refracciones” mantiene el toque misterioso, experimental e inclasificable de esta obra que se mueve entre lo electrónico, lo contemporáneo y la improvisación. Es un corte que bien podría formar parte de un filme de misterio o terror, pero del cual no se puede uno desprender, porque si bien, tal vez para comodidad del escucha, el álbum se ha dividido en tracks, en realidad es un gran continuo en donde a cada corte se van develando sonidos que, a quien esto escribe, lo transportan a lugares creados por la mente del hombre, sitios de ciencia ficción (“57 batallas internas”, con una tensión que parece nunca terminará), paisajes oníricos y terroríficos que bien podrían servir de soundtrack -Colavita grabó en 2015 Cinema, obra en colaboración con Alejandro Saqui- a un filme rodado a partir de una historia de H. P. Lovecraft (“Actuaciones fantasmagóricas en un espacio vacío”).
Aires de tragedia se perciben en “Remembranza en la esencia de Vladislav Zolotariov”, dedicada a este compositor soviético quien compuso obras de cámara, cuartetos de cuerdas y música vocal, pero más conocido -dice Wikipedia- por sus obras para el acordeón de botones.
No hay respiro en Híbrid. Cuando se llega a “Ricochet, resonancias y tranquilidad”, la audición se hace en vilo, la expectación por escuchar lo que entregará la dupla a continuación crece. Sí, uno casi esta seguro de que no vendrá nada agradable -¿por qué habría de haberlo si hasta hora no ha sucedido así?-, pero tampoco puede dejar la obra a la mitad, porque de sus aire lúgubres, oscuros, de sus atmósferas densas, se desprende un encanto que es difícil pasar por alto y menos ignorar. Podrá gustar o no, pero jamás pasará desapercibida la música perpetrada por esta dupla.
Híbrid es una catapulta a la imaginación, un fabricante de imágenes constante (“Luces, sombras… aire”) que si bien parece inclinarse al misterio, a veces nos adentra en la ciencia ficción y en cuyo cierre (“Últimas reflexiones y epílogo”), finalmente arriba la luz y un poco de calma.



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