Farewell Spit, Portnoise (iiii Records, 2026)
- David Cortés

- hace 8 minutos
- 5 min de lectura
David Cortés

Farewell Spit es una agrupación oriunda de Nueva Zelanda fundada en 2019 con Jeff Henderson, piano; Tom Calwood, contrabajo; Daniel Beban, guitarra eléctrica preparada; y Anthony Donaldson, batería. Más tarde, cuando el cuarteto se presentó junto al baterista norteamericano Pheeroan AkLaff, se decidió incorporar a Riki Gooch como baterista y Donaldson pasó a las percusiones. El último en unirse a la agrupación fue el guitarrista Shayne Carter, quien se agregó luego de una presentación en donde los acompañó como invitado.
¿Quiénes son, se preguntará con justa razón lector, estos músicos? La “tribu” neozelandesa la “comanda” Jeff Henderson, uno de los músicos contemporáneos más destacados y prolíficos de Nueva Zelanda y cabeza del sello iiii Records. Él se ha presentado con, entre otros, Steve Lacy, Peter Brötzmann, Mats Gustafsson, Eugene Chadbourne, Han Bennink, Sabu Toyozumi y Marilyn Crispell.
Anthony Donaldson ha sido una figura inspiradora en Nueva Zelanda como baterista, percusionista, líder de banda y narrador de historias. Cofundador del pionero grupo de improvisación libre Primitive Art Group y del prolífico Braille Collective -activo durante las décadas de 1980 y 1990-, Anthony ha impulsado una gran variedad de agrupaciones, tanto pequeñas como grandes, que han iniciado a generaciones de músicos neozelandeses en el ámbito de la música creativa.
Daniel Beban, además de guitarrista, también hace música electrónica y es productor. Fundó la Orchestra of Spheres, dirigió el Pyramid Club de Wellington, y es autor de un libro acerca del Primitive Art Group y el Braille Collective.
Shayne Carter, por su parte, es célebre por su bandas Straighjackets Fits y Dimmer. Se le han otorgado los galardones musicales de mayor prestigio de su país y ha colaborado con orquesta sinfónicas, teatro y muchos de los artistas populares y músicos experimentales más destacados de Nueva Zelanda. También forma parte de The Art Ensemble of Otago (junto a Henderson y Gooch), además de participar en numerosos encuentros musicales.
Riki Gooch, además de ser uno de los bateristas más destacados de Nueva Zelanda, es un prolífico artista de música electrónica que produce bajo los nombres de Cave Circles y DJ Oboe.
Tom Callwood toca el contrabajo, el bajo eléctrico y el bajo sin trastes. Ha colaborado con destacados grupos neozelandeses de jazz, improvisación y música experimental y desarrollado una trayectoria tocando en populares bandas de indie como The Phoenix Foundation, Little Bushman y Glass Vaults. Ha actuado junto a Barre Phillips, Marilyn Crispell, entre otros.
El nombre de la agrupación se tomó una emblemática lengua de arena situada en el extremo norte de la Isla Sur de Nueva Zelanda. “Es -dice Henderson- un santuario de aves y tiene forma de pico de kiwi. Se encuentra en una zona bastante apartada del país, ¡que de por sí ya es muy remoto! Nos gustó su vínculo con el mar y su aislamiento geográfico”.
Portnoise es la tercera entrega discográfica -conseguible en vinyl- y es, hasta el momento, el trabajo más ambicioso, como grupo, de los seis. Está compuesto de cuatro partes y en la primera, “Part 1”, en los minutos iniciales se sientan las bases de la totalidad. La guitarra preparada teje una exploración y satura un poco el audio, mientras la guitarra de Carter se une con el contrabajo y una juguetona percusión en la construcción de esta atmósfera turbia y misteriosa. Aquí estamos ante la presencia de algo que se edifica, pero está vedado a nuestros ojos por los velos sonoros que lo rodean y que es obra de estos seis músicos que están en las lindes de la improvisación y la música contemporánea. Al llegar al minuto siete, el piano elige un acorde que repetirá para contribuir a esa tensión que poco a poco crece y que lideran las guitarras en la superficie, pero en donde contrabajo, percusiones, piano y batería tejen una alfombra rugosa, incómoda, de clavos, muy cercana a ciertos momentos de Magma. Esta música no busca la comodidad, sino inquietar el espíritu, hacerlo vibrar sí, de una forma muy peculiar, pero al mismo tiempo lleva a que el escucha se haga preguntas e interrogue a la música, le cuestione qué está pasando, qué está sonando y hace rato que esto alcanzó un clímax de una manera natural, escalando poco a poco, hasta conquistar la cima, con una de las guitarras dando chicotazos de sonido, el piano entregando clusters, la batería en un ritmo monótono y en diálogo con el contrabajo.
“Part 2” comienza con el piano y es un tono más abstracto al principio para después dinamizarse y convertirse en un río cuyo fluir tiene rápidos, descensos, pasajes de reposo, aunque claro, en el descenso la velocidad es fulgurante, las cosas se suceden con rapidez y hay que prestar atención, a tal grado es el dinamismo de esta parte; luego hay espacios de aparente calma, aunque uno sabe qué viene después de ella. La sorpresa es cómo se romperá esa calma que el piano marca y a su alrededor los demás instrumentos inquietos, buscan el momento de romperla y que se fragmentará gradualmente porque cuando uno lo advierte, el clímax ha rato comenzó a construirse. Esos largos momentos de tensión, personalmente me encantan, me parecen destellos en medio de la oscuridad en la que suelen solazarse estos seis.
En “Part 3”, misterio es la clave, al menos en el comienzo de este segmento. La atmósfera es oscura, de incertidumbre. La tensión prosigue, es incluso más opresiva, las guitarras se rasgan, el piano en la mano izquierda es como una sombra que se desliza (y el contrabajo lo respalda), mientras con la derecha busca arrojar algo de luz; batería y percusiones tienen un festín en la búsqueda de texturas, el piano se “desboca” y como en el acto anterior, la intensidad comienza a ascender sutilmente, se apodera de nuestros oídos totalmente cuando menos lo esperamos y entra nuevamente en ese patrón repetitivo que arman piano y percusión y sobre el cual o alrededor del cual giran las guitarras. Otro de esos pasajes que a quien esto escribe le encantan, sorprenden y que irá desplegando una energía monótona y continua -en una vena cercana al krautrock-, en los últimos minutos del track.
La conclusión de Portnoise llega en la “Part 4” y nuevamente hay una atmósfera de misterio, lo cual no tiene nada de extraño dado lo instaurado previamente. Lo destacable es que esa atmósfera de oscuridad se romperá como en las anteriores ocasiones, aunque esta vez será de manera más notoria y lo hace con una “explosión” de energía y a partir de ese momento el sexteto abre una puerta a otra dimensión, una más sensible según mis oídos, con ecos de Rock en Oposición.
Poco, más bien nada, es lo que conocemos de la música de Nueva Zelanda y no cabe duda de que nos hemos perdido de algo interesante, algo que Jeff Henderson, desde los cuarteles de iiii Records procura remediar.
Bruce Russell, guitarrista de The Dead C -otra banda muy poco conocida en nuestro país e infravalorada a nivel mundial- ha definido a Farewell Spit como un dream team, pero, en sus palabras, “el mayor halago que puedo hacerles es que me quedé dormido y medio despierto varias veces durante el concierto de Port Noise, que ocupa la mayor parte de este álbum doble, y eso que he dormido en primera fila en un concierto en solitario de Cecil Taylor. Así que, para mí, Farewell Spit son una pasada”.
Portnoise es una hermosa invitación a conocer la escena sonora de Nueva Zelanda.



Comentarios