Sugipapa, Vol. 1 (Pesticide Free Music, 2026)
- David Cortés

- hace 28 minutos
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David Cortés

Sugipapa es un trío integrado por David Pang, guitarra (quien además toca en Kelvinator Orquesta, Dressnicer, Groove Messengers, entre otros); Reona Sugimoto, batería; y Pablo Castro, órgano, que toma su nombre de las primeras letras de sus nombres. y que nació, dice Pang, “del deseo de tocar nuestras composiciones en formato de organ trio; nos conocemos desde hace mucho y desde ese entonces habíamos querido hacer un proyecto juntos”.
Sugipapa debuta con este álbum que abre con “Pablues”, tema rápido, muy dinámico, más cercano a la fusión que al blues y coloreado por el órgano de Pablo Castro que imprime un toque funk setentero.
En “Camaradic”, algo que llama mi atención es la interacción del trío. Si este es el grupo liderado por Pang, al escuchar este corte esa idea se diluye por la conjunción advertible en este tema -nuevamente aderezado con algo de jazz-rock- y en donde si bien Pang y Castro salen avantes con los laureles del protagonismo, no podrían hacerlo si debajo de ellos no estuviera Sugimoto como soporte que, además, no se contenta con eso. Presten atención a su trabajo. Pang es un guitarrista diáfano, sus líneas son nítidas -él comenzó a tocar en 2007-, pero en medio de esa claridad también hay algo que la hace rasposa y agrega punch, el suficiente, para “contrarrestar” el toque setentero de los teclados.
La velocidad desciende cuando llega “Dear G”, composición pausada en donde la guitarra de Pang se explaya, “habla”. Al comienzo es como un farfulleo y después su tono, secundado por sus acompañantes, se torna sensual. “Pavana del mich fallecido”, igualmente es una composición lenta y pausada, alejado de la fusión y más en la vena de ese jazz contemporáneo, flotante y etéreo a la manera de un Paul Motian o un Bill Frisell.
“Oyusumi Pumi” (Buenas noches) es uno de los mejores cortes de este debut. De él se desprende un aura de majestuosidad y el trío utiliza la paleta instrumental para describir sonoramente algo de una belleza increíble e inalcanzable a pesar de su cercanía. “Valse coquette” cierra la placa y lo hace en el mismo tenor que las composiciones anteriores, es como un cuadro en movimiento en donde los objetos y los colores se van develando poco a poco. Uno sabe que el total será hermoso, pero es como si se quitaran los velos que lo cubren poco a poco y al final, la sensación luego de escuchar Papi Sugimoto Vol. 1 es la de haberse confrontado con una pequeña exposición en donde cada uno de los cuadros posee mil detalles a los cuales hay que prestarles atención.
Lo mejor, es que, a cada escucha, más detalles se revelan y el disco gana presencia. Buen debut el de Sugipapa.



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