Dr. Fanatik, leyenda del subterráneo nacional (Segunda parte)
- David Cortés

- hace 1 día
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David Cortés
Luego de años de trabajar como dueto + invitados, las filas de Dr. Fanatik se ven engrosadas con Alan Bengoa (guitarra) y Carlos Monroy (batería). Ambos formaban parte de una banda de rock progresivo que fue al estudio de Dr. Fanatik [Estudio 745] a grabar un disco. Cuenta Bengoa: “Hice click muy rápido con ellos por los gustos musicales y la visión que tenía de lo que querían hacer en la música. Luego de que esa banda fracasó, me mantuve en contacto con ellos y me llamaron para grabar guitarras para el disco de alguien más y terminé formando parte del grupo como por agosto o septiembre del 2009. Mi primer presentación con el Dr. Fanatik y Lorenzo fue en la fiesta de halloween de El Imperial el 1 de noviembre de ese año.”
Agrega Lorenzo Lagrava: “La integración de Carlos y Alan no fue muy planeada que digamos. Realizábamos un proyecto alternativo con una cantante y al Doc, como manager, al solicitar una fecha para esa banda, le dijeron en El Imperial que estaba bien, pero quien querían que se presentara era Dr. Fanatik. Con Alan y Carlos ya teníamos puesto mucho de nuestro material para que lo cantara la chava y nos presentamos nuevamente como Dr. Fanatik y los Warhol. A partir de ahí se dio una gran comunicación artística y amistad con estos excelentes músicos y se fueron dando fechas y proyectos y pues... hasta ahora sigue la amistad y colaboración”.

Con esa alineación se edita Faust, una de las obras más logradas del Dr. Fanatik. En esta nueva etapa, inscrita más en un formato de rock (la batería desempeña un papel protagónico, por ejemplo “Transformación mágica “), comienza la musicalización de filmes de la cinematografía muda. La música es mucho más dinámica, cierto, las atmósferas y texturas se mantienen, pero el impulso grupal es mayor y si bien su finalidad es ilustrar sonoramente las imágenes del filme, la música también se sostiene sin él.
Entonces se torna una aventura diferente y vamos a encontrar ecos de gótico (“Introducción”), resabios de rock progresivo (“La invocación”, “Arrepentios”, “Peste mortal”). Tracks breves como “Falta de fe” funcionan como interludios y buscan crear estados de ánimo. Hay momentos intensos, de mucho brillo (por ejemplo, la tétrica “Pacto diabólico” con sus voces distantes como elemento “pequeño”, pero muy funcional, así como la máquina de escribir), o ese sutil pulso de misterio en “La capa de Mefisto” con esa percusión que recorre el corte, o los tonos orientales de “Nupcias satánicas”, donde la guitarra teje un solo cargado de vaticinios, cual si fuera un oráculo. También hermosos son algunos pasajes como en “Reflexiones”, inclinada al ambient y con una guitarra tal vez sencilla, pero suficiente para tejer la atmósfera de misterio.
Hay ejemplos progresivo-cósmicos (“Regreso a casa”), pulsos densos y oscuros en una vena dark ambient en “El Dije infernal”. “Falaz” y “La traición” son composiciones más rockeras y agresivas, mientras en “Faust und Gretchen” la guitarra lidera con sutileza y pasión. Los cuatro cortes finales resumen el destino trágico del personaje y “Enigma y paraíso”, el corte final, despliega un tono épico y otra vez hay un gran trabajo grupal liderado por la guitarra.
La cuarteta ingresa nuevamente al estudio de grabación y en 2016 presentan L’Inferno, una obra más cinemática (escuchése “Beatriz”), orgánica y con menos visos de experimentación. Hay una guitarra que hace un solo en “Dante e Virgilio” muy atmosférico, encima de un sutil piano y algunas texturas electrónicas, esa organicidad se hace patente en “Minosse”, un track francamente rockero y en “Cerberus” la música alcanza ciertos tonos góticos, mientras ecos progresivos aparecen en “Un angelo”, uno de los temas más sobresalientes del álbum.
“Pioggia di fuoco” mantiene el tono progresivo, pero orientado hacia el misterio (con esos efectos que simulan por momentos un coro de voces que aparece en el fondo y desaparecen cual si se tratara de espíritus). Ese toque incierto y misterioso se mantiene y persiste en “Animali” y “Brutus e Cassius”, el corte más largo del disco, es un atinado retrato de esas figuras romanas: sórdido, taimado, traicionero, desleal.
Uno de los recién llegados, Alan Bengoa, cuenta acerca de L’Inferno: “Aunque le tengo un cariño muy especial al disco de Faust que es el score que hicimos para la película de Murnau de 1926, me parece que el álbum que más me gusta de los que grabé con la banda del Dr. Fanatik es L’inferno, que es el score que escribimos para la película del mismo nombre de 1911 del director italiano Giuseppe de Liguoro. Ese disco condensa muy bien lo que era la banda en su momento más creativo y sólido, pues navega entre el ambient, el progresivo, el metal, el trip hop y avant garde con firmeza. Además la atmósfera que logramos es muy densa y me parece que representa perfecto lo que requería la película”.
Carlos Monroy, por su parte, comenta: “Creo que mis álbumes preferidos son Faust porque es muy visceral, oscuro, atmosférico y L’Inferno porque tiene muchos pasajes muy progresivos y desafiantes para mí ya que en ese entonces no tenía tanta experiencia en la música y la producción”.

¿Qué llevó a Dr. Fanatik a hacer a un lado la lírica, un elemento constituitvo de su imagen como grupo, en favor de la música instrumental? Lorenzo Lagrava señala: “Hay que tomar en cuenta que el Doc empezó participando en Como México no hay Dos y mi primera presentación con un grupo de renombre fue con Decibel. Siempre nos atrajo, aparte del rock, la música experimental y fue dentro de esa búsqueda en nuestra propuesta que el Doc empezó desde un principio a incluir y direccionar la composición hacia esos terrenos. (De hecho ya en el primer álbum hay una improvisación sonora llamada ‘Patrimonio nacional’). Así, en Spirit Underground se incluyeron propuestas más experimentales y a partir de Metamorfosis trabajamos más temas en esa dirección. Posteriormente los álbumes Mars y H.P. Lovecraft fueron concebidos en un entorno dirigido al arte sonoro, música aleatoria, etc., pero nunca se descartó seguir haciendo canciones, qué fue de lo que más se le reconoció al Doc, sus letras únicas. La descripción evolutiva se podría resumir en que fue la búsqueda y posteriormente el trabajo de propuestas nuevas y otras ya antes ideadas, pero que se llevaron a cabo cuando se tuvo la oportunidad de publicarlas. Para mi, lo maravilloso fue que a lo largo de todo el proyecto siempre tuvimos la libertad de hacer lo que quisimos”.
En 2019, se editó el hasta ahora último álbum del Dr. Fanatik, Der letzte mann (“El último hombre”), banda sonora no oficial de la película muda de Murnau, el cual inicia con un track rítmico, tribal, salpicado con uno que otro efecto electrónico (“Neon valley”) que da paso a “Mantra”, largo tema en una vena semiexperimental, tamizado de atmósferas y texturas y un sonido-ruido que lo recorre imperturbable e irritantemente.
“Souls”, por su parte, es todo lo contrario: apacible, melódico, delicado y muy bello. En “Vía Berlín” encontramos cajas de ritmo, secuencias, orientación tecno-industrial y por la misma senda, aunque con más énfasis rockero, está “Rocket”, con sus acometidas guitarreras y su bajo entintado con algo de funk. “Der Letzte Mann” es un corte tecno-guapachoso, con destellos épicos rimbombantes que rememoran fugazmente a los suizos de Yello.
¿Cuál es el legado de la música del Dr. Fanatik?, ¿existe una definición única para ella? Alan Bengoa al habla: “La música de la mayoría de los discos que grabé con el Dr. Fanatik y con Lorenzo es complicado catalogarla; navega entre distintos géneros que generalmente son densos como el rock progresivo, la música ambient, el trip hop y el avant garde. Es música dirigida y pensada más desde el concepto y el diseño sonoro y en eso el doctor era un verdadero genio, pues su virtuosismo se encontraba ahí. De hecho, también grabamos varias rolas de la vertiente del rock más irreverente como ‘La novia’ o ‘Rosa la Manguera’. Sin embargo, trabajamos en el estudio más la otra faceta que producía música más conceptual que regularmente se presentaba en espacios más académicos y de arte ‘institucional’ y ahí el doctor tenía claro que las influencias iban desde Oliver Messiaen y Karlheinz Stockhausen a Béla Bartók y John Cage, pero también había espacio para Tool, King Crimson, Dream Theater y el punk. Se trataba de mezclar todo eso dentro de un disco en donde todas esas influencias pudieran existir con coherencia”.
Por su parte, Carlos Monroy comenta: “Todo lo que hice con Dr. Fanatik fue para mí como una escuela antiescuela, es decir con Dr. Fanatik no servían los moldes y las ideas preconcebidas que se pueden aprender en una academia, siempre se trataba de ir más allá, de hacer las cosas de una manera en la que el resultado iba a ser algo completamente alejado de lo establecido. También fue una escuela muy importante del performance, siempre al tocar en el escenario había sorpresas, ninguna función era igual a la otra”.
Dr. Fanatik ha permanecido en silencio un largo tiempo luego del deceso de Arturo Fagoaga, pero hay nueva música lista para lanzarse. “Un poco antes de la muerte del Doc, empezamos a trabajar varias propuestas, pero debido a sus problemas de salud, él ya no pudo terminarlas. Dejé ese material un poco relegado por motivos del duelo de su muerte, pero a mediados del año pasado terminé uno de los discos, ahora lo estamos redondeando con Carlos y Alan y espero presentarlo en la primavera. Yo creo que va a estar dedicado a la memoria del Doc y a toda la gente que tuvo la gentileza (y paciencia, jajajaja) de seguirnos por toda esta aventura que duró 42 años”, concluye Lorenzo Lagrava.
Dos álbumes salidos de los cuarteles de Dr. Fanatik
La Suciedad de las Sirvientas Puercas, The amazing Dr. Fanatik with “La Suciedad de las Sirvientas Puercas”

Este bootleg recoge una de las presentaciones que La Suciedad de las Sirvientas Puercas (Saúl Hernández, guitarra rítmica; José Manuel Aguilera, guitarra líder; Federico Fong, bajo; Rafa Gaytán, teclados; Alfonso André, batería; Dr. Fanatik, voz) hizo en La Última Carcajada de la Cumbancha (LUCC) y su valor radica en la rareza del álbum -tanto que es muy buscado por los coleccionistas-. Se trata de temas compuestos por el Dr. Fanatik en los cuales destacan sus delirantes e irreverentes letras y montados para la ocasión por una banda que solo deseaba divertirse. Es un rock directo, sin complicaciones. Algunos de estos temas verían la luz posteriormente en Martes hoy, martes mañana…, pero con una mejor producción.
Varias, Lenguas Olvidadas (Luna Negra Records, 2005)

Otro disco muy raro en la discografía del rock nacional. Se trata de un trabajo variopinto y, como toda compilación, presenta altibajos en cuanto a calidad. En él, Dr. Fanatik, el grupo, conjuntó a diversas cantantes para, dice Lorenzo Lagrava, “mostrar algunos temas de Dr. Fanatik que aparecieron previamente y algunas cosas inéditas cantados por estas artistas, mostrando sus cualidades interpretativas y la versatilidad de nuestro material”. El tiraje fue limitado y apáreció en la disquera fundada por Dr. Fanatik, Lorenzo Lagrava y Walter Schmidt, misma que editó pocos álbumes.
Encontramos composiciones en una vena techno muy agresiva (“Pterodactyl”, cantada por Ulalume); otras en una vena fusión de rock y ritmos latinos (“El sonar”, “Se cruzaron dos líneas”, interpretados por Marlena Leal, hija de Lola Beltrán y poseedora de una gran voz); Liz Haro, artista y modelo, canta en “Sexo”, tema de energéticos beats cual si fuera el último coito de tu vida.
“Selfis”, una canción de corte pop-new wave, es interpretado por Ulalume y ella misma acomete “Alex y Sofía”, mientras en “Naufragio”, Adriana Díaz de León, soprano de amplia trayectoria en la ópera de este país, imprime tintes operísticos en la parte media.



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