Improvisación libre. Apuntes de su génesis y desarrollo en la Ciudad de México (parte I)
- David Cortés

- hace 2 días
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Este texto forma parte de una investigación en proceso y apareció originalmente en Heterodoxias sonoras de México, volumen coordinado por Ricardo Cartas y David Cortés y editado por la BUAP en 2025. Dada su extensión se dividió en tres partes , aquí la primera de ellas.
David Cortés
La Ciudad de México (CDMX) es una gigantesca urbe, la capital de una nación en vías de desarrollo con múltiples contradicciones. Es el centro del país y en ella se concentra gran parte de la vida cultural del mismo, razón que la ha convertido en la sede de algunas manifestaciones artísticas que no encuentran las mismas posibilidades para su desarrollo en otras ciudades.
Es el caso de la improvisación libre, un ejercicio sonoro cuya práctica, además de perseguir una búsqueda estética y llevar a los músicos a encontrar una voz propia, es propiciar el desarrollo de comunidad.
El presente texto es un somero esbozo del nacimiento y desarrollo de la improvisación libre en la CDMX, así como de algunos de sus exponentes, quienes la han llevado a un estado boyante en la tercera década del siglo XXI. Sin embargo, antes de avanzar, precisemos qué entendemos como improvisación libre.
En toda manifestación musical, la improvisación es un condimento importante, pero acerca de la improvisación libre, señala David Toop En el maelström. Música, improvisación y el sueño de libertad antes de 1970, que “… son aspiraciones utópicas las que separan a este tipo de improvisación -conocida alguna vez como improvisación libre, música libre, música abierta o, simplemente, free (a lo que ahora se le encaja la infantilizadora abreviación ‘impro'- de los estilos de improvisación idiomática más o menos codificados y a menudo muy antiguos que tienen una importancia variable dentro del jazz, el blues, el raga indio o indostánico, el maquam árabe, el sanjo coreano, las músicas callejeras del mundo […] además del rock & roll, el góspel afroamericano o cualquier otra música no enteramente atada a las instrucciones estrictas de un compositor”.
El también músico inglés prosigue: “Por su naturaleza, esta música carece de una estructura externa obvia; las jerarquías se encuentran más o menos ausentes. Lo que ellos hacen [los improvisadores], en consecuencia, está tan desfasado respecto de las ideas dominantes sobre el valor o lo que los medios de comunicación entienden como excitante que no es registrado en ninguna escala de atención conocida”.
Se trata de música in situ, nacida en el momento y realizada por individuos que, las más de las veces, poseen un lenguaje musical propio, particular y suben al escenario o entran al estudio de grabación, sin ponerse de acuerdo, salvo en ocasiones excepcionales, para efectuar un set o varios de 40 a 50 minutos en promedio
Ahora, ¿cuándo y cómo comienza el ejercicio de la improvisación libre en México?
I
Siempre es aventurado señalar quién es el o los iniciadores de cualquier tendencia sonora en una determinada geografía y la improvisación libre no es la excepción, pero en este punto todos los caminos suelen conducir al saxofonista Henry West, quien luego de haber supervisado la música del filme La montaña sagrada (1973), de Alejandro Jodorowsky, regresó al entonces Distrito Federal deseoso de formar un grupo de jazz e improvisación. Decidió buscar cómplices en el Conservatorio Nacional y fue allí donde conoció a la pianista Ana Ruiz, a quien invitó a tocar.
Ella así lo cuenta: “Me pidió que improvisara, pero le dije que no sabía hacerlo, que me diera una partitura. Me dijo que partiríamos de cero, sin nada en la mente: ‘Olvídate de la partitura, vamos a improvisar’ […] Al mismo tiempo, hicimos un grupo de rock Micky Salas, Henry y yo, tipo Mahavishnu. Luego, Henry y yo nos cambiamos a otra casa y un día llegó Antonio Zepeda, quien era muy amigo de Henry, y empezamos a improvisar. Él con sus instrumentos prehispánicos, yo al piano y Henry con su saxofón. El grupo se llamaba AHA y nuestro primer concierto fue en La Casa de la Paz; Antonio se fue, pero ya conocíamos más músicos y fue cuando me dediqué completamente a la improvisación”.

El propio Henry West lo platicó así a Alain Derbez: “La música no se puede hacer sola, es cosa de grupo siempre. Pagaba yo los ensayos y aún así me fallaban los músicos, o llegaban músicos con años de estudio en el Conservatorio sin posibilidades reales de leer o de tocar lo que yo les pedía. Finalmente me conecté con el baterista Micky Salas, que en paz descanse. Había un concierto de rock, un gig en el Club Israelita. Ahí conocí a Ana Ruiz y se hizo el primer trío. Estábamos tocando rock y de pronto algo pasó. Nos pusimos a tocar nuestra música, a improvisar libremente, a hacer música libre. Fue el conecte”.[1]
AHA se disolvió cuando Antonio Zepeda salió de la banda y poco tiempo después el saxofonista y la pianista fundaron Atrás del Cosmos que, además, se constituyó como Asociación Civil cuyo objetivo, escribió Henry West en un programa de mano para un ciclo de conciertos en el Palacio de Bellas Artes, fue “la investigación, docencia y difusión de la música contemporánea en dos modalidades: banda y cuarteto, con programas diferentes”. Más adelante, con una importante dosis de idealismo, señalaba: “La banda fue creada con la intención de agrupar al mayor número de músicos con intereses afines, sin importar su experiencia o conocimientos previos, y para llevar a todos los kioskos, atrios o salas de conciertos un mensaje musical y humano que rompa con el elitismo virtuosístico: la música es de usted, de todos nosotros, de todos los pueblos y congregaciones, y su objetivo es siempre el respeto y la valoración de la individualidad dentro del contexto comunitario”.
Aunque en este manifiesto West habla de un cuarteto, la formación clásica de Atrás del Cosmos la constituyeron West, Ruiz y el percusionista Robert Mann, pero en su última etapa se agregó el contrabajista Claudio Enríquez, aunque en muchas de sus presentaciones los programas y propaganda los presentaban con sus nombres. En su versión de banda, la alineación era variable y por sus filas pasaron diferentes músicos, entre ellos Rafael Figueroa, Alejandro de la Vega, Carlos Vivanco, Sergio Delgado y Jesús Tao.
El único registro discográfico de Atrás del Cosmos, pero firmado como Henry West, Ana Ruiz, Robert Mann y Claudio Enríquez apareció en 1980 con el título de Cold Dreams / Hot Drinks. Fue editado en formato de casette por El Ágora, una tienda de discos, librería, galería y pequeña sala de conciertos, con un tiraje de 150 copias. Su distribución fue exigua, al grado de pasar a ser una leyenda urbana. Quienes dudaban de su existencia, terminaron con su escepticismo en 2023 cuando el sello Blank Forms Editions lo puso a circular en vinyl ya con el nombre de Atrás del Cosmos.
[1] Derbez, Alain, Datos para una historia aún no escrita. Una aproximación al jazz en México, Editorial Ponciano Arriaga, Gobierno del Estado de San Luis Potosí, San Luis Potosí, 1994, p. 206.



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