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Toto Merino Trío, Visitantes (Independiente, 2025)


 David Cortés

 



Toto Merino se define como un músico de formación “mayormente autodidacta” que ha sido alumno, entre otros, del saxofonista Remi Álvarez y del pianista Rosino Serrano. También ha tomado cursos con el bajista Aarón Cruz  y Jeff Berlin, por citar solo dos, y recientemente entregó el primer álbum de composiciones completamente originales del Toto Merino Trío.

Como muchos de sus compañeros de profesión, él dedica su tiempo, además de la docencia, a varios grupos: Los Brasstards, próximos a lanzar un nuevo álbum; Turbochango, quinteto de jazz poco valorado; el trío de “free zeuhl” Mekanik Komandoh; es integrante del cuarteto del guitarrista Mauricio Delgadillo; bajista de Through Torment (death metal) y recientemente se incorporó a la alineación de Infinito, el proyecto de Iraida Noriega y Alex Otaola. Suele versele con freecuencia en diferentes ensambles de improvisación y música experimental de la CDMX.

Hace unas cuantas semanas, el Trío (complementado por Rodo Ocampo, batería; y Pablo Castro, piano) estrenó el álbum Visitantes, una referencia, dice el bajista, “a lo efímero y lo impermanente que se manifiesta de una forma muy hermosa en la improvisación colectiva que practicamos en el grupo”.

Los caminos de Toto Merino y Rodo Ocampo se cruzaron hace 15 años, desde entonces han compartido diferentes bandas, aunque Los Brasstards ha sido la más constante. Con Pablo Castro trabó relación hace 11 años cuando comenzó el proyecto Turbochango; sin embargo, los tres comenzaron a tocar juntos cuando se formó el trío en 2023.

“El blues del visitante”, el track inaugural del álbum, es diáfano, de una claridad deslumbrante por la luz que irradia. “Es un tema -dice Merino- compuesto durante la pandemia, tras huir de la ciudad y llegar de vuelta a Erongarícuaro, Michoacán [lugar de residencia del bajsita antes de trasladarse a CDMX], donde conversé con un señor que me dijo que los purepechas se consideraban a sí mismos ‘los visitantes de la tierra’”.

La más de una década que los tres han tocado juntos se “siente” en “Quasar”, le imprime soltura a la música, es un ataque diferente, con una fuerza y energía que no se manifiestan abiertamente, pero están allí y se combinan con toques finos y elegantes de cada uno de los instrumentos.

“Paciencia “ es sutileza pura, lenta, pausada, todo se desarrolla apaciblemente, es un tema hermoso y luego de eso se regresa al dinamismo en “Valle” -una composición de Pablo Castro-;  en “Mara y el hilo” el bajo hace una entrada más cercana al rock en sus primeras notas y deja al piano que dirija el corte a ciertas inflexiones latinas al menos en la primera mitad del tema; una muestra de los alcances virtuosos de Castro al instrumento.

Las composiciones incluidas en Visitantes se compusieron en una “larga y variada línea de tiempo, desde composiciones de hace diez u ocho años como ‘Quasar’, hasta composiciones mías de hace un par de años, de la época de la pandemia y ligeramente posteriores.  ‘Chimborazo’, se escribió  un par de días antes de la sesión de grabación”.

Cierra el disco una versión diferente de “Quasar”, de la que dice Merino: “Siempre fue tradición en los discos clásicos del jazz incluir varias tomas de algunos de los temas; estas dos versiones de ‘Quasar’ me parecieron igualmente buenas por las ideas contrastantes que se desarrollaron durante la improvisación”.

Siempre es difícil incluir un disco de jazz, sí de jazz., en una de sus vertientes, máxime cuando sus exponentes “surfean” por distintas tendencias como es el caso del Toto Merino Trío. Concluye el bajista: “Si pudiera inventarme una etiqueta mafufa, sería la de Jazz Espectral o Jazz Onírico. La onda en este trío es que las composiciones pasan un poco a segundo plano y solo son un mapa conductor narrativo para la forma que tenemos de improvisar en vivo, sin pausas y sin tanta premeditación de ‘cómo’ vamos a tocar las rolas y de una forma más colectiva y espontánea, pero siempre con la idea de entrar en un estado de ensoñación en el que nos encontremos receptivos a lo desconocido y tratando de no romperlo hasta el final del set. A veces, ciertas rolas que se planean en el set list no se tocan y en su lugar aparecen otras, algunas se hacen muy largas, otras cortas, más lentas o rápidas. Incluso hay veces que dejamos de seguir los ‘cambios’ para convertirse en una impro más libre y regresar a la estructura del tema. Aunque en el disco intentamos presentar las composiciones de una forma más condensada y concreta, con la idea de que no sea exactamente igual a la experiencia en vivo, que es la que recomiendo, y de que el público pueda reconocer los temas que tocamos durante los conciertos”.


 

 

 

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