Jacob Wick, I’ll make you coffe while you still sleep (Ropeadope, 2026)
David Cortés

Uno de los grupos que el trompetista-compositor-vocalista Jacob Wick dirige, es un cuarteto integrado por él, Gibrán Andrade, batería; Alonso López Valdés, bajo; y Federico Sánchez, guitarra, que ha puesto a circular recientemente este disco que, dice su autor, prosigue en la exploración de ideas como "'queer time’ la nostalgia y el sentimentalismo” y en donde cada canción “refiere a un momento específico de una relación u otra”.
El álbum abre con “Everyday I stand on the balcony and hope you walk by” y Wick comienza a cantar sobre una cama de sonidos que al principio parece una cajita musical descompuesta y luego toma otro rumbo, menos discordante en apariencia, pero el tono de crooner de Wick -escucharlo cantar siempre será enigmático, pero muy disfrutable- y la guitarra de Federico Sánchez imprimen ese tono extraño sobre una base rítmica que también parece no entenderse, aunque claro que hay entendimiento porque al llegar a la pate media el bajo marca un cambio, la trompeta teje una bella melodía acompañada por la guitarra y los cuatro seguirán, en ese diálogo no exento de destellos experimentales, hasta el final.
En “New Jersey turnpike 3 am cold coffe stale milk”, una cálida y emotiva trompeta nos recibe en esta muestra de eso que llaman jazz contemporáneo y que termina por no describir nada, pero que tampoco importa porque suena delicioso. Wick hace en este track música para la noche, para la madrugada, para reflexionar o mirar atrás con un dejo de nostalgia, pero sin pesar, un sentimiento que subraya el solo de guitarra y el bajo que debajo de ella, luego tomará el lugar protagónico, con un Gibrán como sostén de tan bello edificio.
Al llegar a “Fate should have made you a gentleman’s___” trompeta y guitarra entran casi al unísono y el track comienza a crear una aura de irrealidad; si en el corte anterior es la noche la que impele a la reflexión, la atmósfera desplegada por los cuatro en esta composición es mirar esa misma reflexión desde otro punto de vista y en otro lado. El solo de bajo (muy bueno, en un papel estelar, diría yo) es como si marcara el inexorable paso del tiempo, junto con la batería de Andrade que, inquieta, se mueve por lo bajo, pero se hace siempre presente. Otra bella imagen de una fría tarde otoñal.
En “Sentado en la barra con un nazi y Ramón”, el tono del disco persiste. Wick y compañía trazan una serie de viñetas sonoras, de cuadros en los que se cuentan historias, en un álbum en donde la ciudad,la pérdida y la mirada al pasado aflora por todos sus poros.
En “My way”, tema popularizado por Frank Sinatra, Wick regresa al canto, a esa entonación grave del cantante que se siente más a gusto en un tugurio de mala muerte y que puede cantar incliuso desafinado (aunque aquí no es el caso) y permitirse desfigurar la canción -tornarla caótica en su parte final-, para, como era de esperarse, imprimirle su toque.
“Paso y vamos juntos caminando de la mano” es una muestra hermosa de interacción y aquí se concatenan guitarra, bajo, batería y la voz de Wick al comienzo del tema y una vez terminan los primeros versos, entramos de nuevo a esa placidez sonora que sin duda alimentó el título, aunque, creo, primero fue una imagen o un recuerdo que en nueve minutos desglosa el cuarteto de Jacob Wick.
“Un día nos vamos a morir” es una composición original de Luisa Almaguer -el lector curioso podrá escuchar el original en su disco Weyes- y en ella Wick canta: “Un día nos vamos a morir / y no me vas a poder querer / otra vez mirando al balcón / por si te encuentro tendido. / Un día nos vamos a morir/ y no me vas a poder querer. / Un día nos vamos a morir / a todo te digo que sí. / Nos dieron ganas de llorar / pero nos interrumpió la tristeza”. Es una canción que parece de despecho y en donde el acompañamiento sonoro se distancia y lejos de acompañar la tristeza, juguetea para señalar que el sentimiento del cantante no les incumbe. Hay dolor, sí, pero es esa clase de dolor acompañado al mismo tiempo de risas, como cuando asistes a un funeral y sales a tomar un café o fumar un cigarrillo y el dolor se queda en otro lado.
Cierra la placa “Every time we say goodbye”, el clásico escrito por Cole Porter, y aquí es constatar que decir adiós puede ser triste, pero a veces sin llegar completamente a la alegría, es una forma de reiniciar y este corte habla de eso, de la posibilidad de ver el futuro con optimismo, porque igual es una despedida diaria de lo que se deja atrás.
El cuarteto de Jacob Wick es una “maquinaria” embalada, los cuatro trabajan en favor de lo sutil, los cuadros que trazan los colorean con calma y están perlados de detalles, estas composiciones se han macerado y en el proceso adquirieron mayor solidez, incluso a aquellas que son como rápidas miradas al entorno lo demuestran (“Ya”).
Si aún no ha puesto el oído al cuarteto de Jacob Wick, ya es hora de despabilarse.




Comentarios