Las Ánimas del Cuarto Obscuro (La Vida es un Mus Discos, 2025)
- David Cortés

- 3 dic 2025
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David Cortés

En el México de la década de los ochenta del siglo pasado, el rock comenzó a ganar visibilidad cuando la clase media lo abrazó y el gobierno dejó de obstaculizarlo sistemáticamente. Los grupos comenzaron a encontrar espacios y en la naciente -aunque tardía- escena punk del entonces Distrito Federal, algunas bandas encontraron en la tienda de discos Hip 70 el sitio que las albergara.
Una de ellas fue The Vomits y en sus filas militaban Juan Ezcurdia (guitarra, voz) y Antonio Sánchez (bajo, voz). La banda tocaba refritos de Ramones, The Clash y Sex Pistols, porque, contó Antonio Sánchez en El Otro Rock Mexicano (Grupo Editorial Tomo, 2017) “hacer punk era lo más fácil, nada de que estábamos contra el sistema porque éramos unos mocosos babosos”.
La inestabilidad en las agrupaciones era moneda corriente entonces y al desintegrarse The Vomits, Antonio Sánchez pasó a integrarse a Alfil, una banda de corte pop y más tarde creó otro proyecto denominado Virgen -donde nuevamente se encontró con Juan Ezcurdia-, “banda totalmente progresiva, completamente instrumental”. Virgen desapareció sin dejar rastro; Alfil consiguió grabar un disco sencillo de pop intrascendente.
Antonio Sánchez emigró, junto con Alejandro Giacomán a Tríptico, grupo que dejó registro de una producción en casete, pero no logró mantener la continuidad. Posteriormente el bajista se integró a distintas agrupaciones, pero un poco desencantado viajó a Europa para tratar de vivir como músico; sin embargo, el desengaño fue mayúsculo y regresó antes de lo previsto.
Él comentó en 1994: “En Berno, ciudad de la antigua Checoslovaquia, conozco a muchos músicos y la vida tan depresiva me hace entrar en una crisis igual. Se me prende durísimo el alma por seguir lo gris del ser humano; encuentro un filón y empiezo a hacer mi música a partir de eso”.

Es entonces cuando, ya de regreso en México, forma junto con un viejo conocido, Juan Ezcurdia, y su hermano José, Las Ánimas del Cuarto Obscuro (LACO). El trío grabó en 1988 un álbum epónimo, reeditado recientemente y es un digno retrato de su época que apertura con “Decadencia”, una descarga de sonido sintético, lo-fi y en la cual su letra reitera ese desencanto citado atrás: “No tengo respuesta de tanta decadencia que llevo en el cerebro”.
La placa oscila entre ecos de new wave y la intención de ejercitarse en el post punk y “Pueblo fantasma” es una muestra de ello; esta intención habrá de continuar en prácticamente la totalidad de ese lado A: “Samarkanda” y “Aparecida”. El lado opuesto inicia con “La mosca” donde el piano (a cargo del invitado Donato) quiere ser juguetón, pero no puede abrirse paso en esa losa molesta que es el revoloteo de una mosca con sus mil ojos. Este lado B de Las Ánimas del Cuarto Obscuro guarda resabios de synth pop, aunque el sonido predominante va más por el lado de la new wave e incluso se manifiesta mucho más rockero en “Azul pastel”.

Las Ánimas del Cuarto Obscuro es una especie de prólogo a lo que un año más tarde habrían de ser Las Ánimas. En ese primer escarceo, las ideas se insinúan, son una especie de bocetos y trazos que esperan el rasgo definitivo, la mano firme que plasme y consolide esa música que, como se revelaría, no se contentaría con la acumulación simple de sonidos, aunque tampoco aspiraba a ver colocado su nombre en una marquesina con luces de neón.
¿Por qué desaparecieron LACO? Señaló Antonio Sánchez en la citada entrevista: “Tronamos por la misma anarquía que dominaba al grupo. Caímos en el libertinaje. Yo nunca he hecho música para los demás, siempre he sido muy egoísta y por eso nunca me ha interesado vender, sino coincidir con personas que andan en mi mismo viaje. Y cuando eso lo haces en público, el sector de personas que gusta de tu música te respeta; pero cuando se obstruye esa comunicación, te lo pierden, algo se rompe. Y eso empezó a suceder con Las Ánimas del Cuarto Oscuro”.
Disco largo tiempo buscado, Las Ánimas del Cuarto Obscuro, no obstante su falta de solidez, es un documento importante, una de las piezas fundamentales que comenzaron a darle rostro a la música experimental de un México que, en ese entonces, se contentaba con efectuar atrevidas incursiones sin pensar en la continuidad. Es un álbum arriesgado y, a pesar del paso del tiempo, hay momentos en los que es molesto e incómodo de escuchar.
La historia cuenta que en 1989 “liberado” de los hermanos Ezcurdia, Antonio Sánchez comenzó el periplo de las Ánimas, una historia que, en otro momento, contaremos.



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