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Cuatro puertas a un mundo nuevo


 David Cortés

 

Noche de viernes. Hay que moverse, sacudirse la modorra, prepararse para un trayecto largo. Sí, de antemano sabes que valdrá la pena, pero también lo es que las expectativas pueden venirse abajo. Aunque hoy, algo, llámenlo sexto sentido o intuición, dice que la velada promete.

 

Primera Puerta

 

Schlager es ahora un trío: Gabriel López (secuenciadores, pedales, guitarra), Julián Pérez (percusiones, tank drum, sampler, flautas) y José Álvarez (alaridos tribales, kaoss pad 3, piezo vocal) con un par de discos bajo el brazo. Eso no dice mucho porque es un trío de improvisación cuyo set irá de menos a más en cuanto a intensidad, pero en donde la abstracción, las texturas y atmósferas cobrarán forma poco a poco.



Álvarez, cual chamán de la voz, parece dirigir el todo, pero cuando Julián comienza a percutir el tank drum, genera un patrón rítmico -luego habrá de dejarlo para concentrarse en sus flautas- que Gabriel aprovecha para bordar una melodía sicodélica y reptante que evoluciona y cuando menos nos percatamos los allí presentes, el todo se ha convertido en un mantra sonoro, una especie de krautrock de tintes repetitivos, a veces monótono, otras hipnótico. El trance sónico dura varios minutos, los suficientes para saberse que uno ha sido invitado a una nueva dimensión.



¿Cuántos minutos flotamos en medio de esa masa sonora que cual alfombra mágica nos ha llevado por mundos oníricos? 20, tal vez treinta. Poco a poco Schlager silencia sus voces; el descenso es paulatino. La sorpresa permanece. La noche se ha abierto al Cosmos.


 


Segunda Puerta

 

Los oídos de Remi Álvarez han escuchado muchos sonidos y también el silencio, porque ha mucho el músico emprendió un viaje de orden espiritual en donde la música ha sido importante; sin embargo, sabe de la insuficiencia de las palabras para convocar y convencer, pero confía en la magia de los sonidos y esta noche abre una puerta y nos invita a un mundo apacible, espiritual.




No hay un ápice de energía desbordada en el set de Álvarez, pero cuando toma una flauta, un efluvio de tranquilidad se esparce por el lugar. A lo largo de su set echa mano de diferentes instrumentos de aliento (ocarina, flautas mexicanas, bansuris de la India, sax tenor) y con cada uno de ellos abre páramos diferentes. Queda claro su talento, su dominio de los instrumentos, su capacidad para cautivar como si fuera un encantador de serpientes, pero también su manejo del silencio, convertir este en un aliado más, en un elemento del discurso y no un distractor del mismo.




El set es breve, la puerta abierta por Remi Álvarez ha sido a una dimensión distinta, interna; el viaje ha sido placentero.

La sorpresa persiste.

 

Tercera puerta

 

Rostro del Sol llega con una nueva formación: Mitch Bálänt (guitarra), Jorge Trejo (bajo), Joel Franco (sax y flauta), Miguel Martell (teclado) y Cassiel Chacón (batería). El quinteto trae su nuevo álbum bajo el brazo, Universo 25 y su turno lo comienzan con la composición que le da título.


Foto: Santiago Hoyos
Foto: Santiago Hoyos

La puerta se abre, nos adentra al pasado.

El sonido de la banda es vintage, el tufo que se desprende en el aire es a sicodelia, rock progresivo y la huella de sonido de Canterbury es grande; pero en medio de la andanada sonoro aquello que cualquiera, apresuradamente, calificaría como nostalgia, yo leo un homenaje. Los cinco están bien aceitados, incluso hay momentos en los cuales se presentan visos de virtuosismo, intensos diálogos entre guitarra y teclado, solos de la flauta, del sax. Ocasionalmente se aparece algo de blues, ligeros asomos al jazz.


Foto: Santiago Hoyos
Foto: Santiago Hoyos

Rostro del Sol es una carta fuerte del rock progresivo-sicodélico de este país y Bálänt un tremendo guitarrista.

La sorpresa va en aumento.

 

Cuarta puerta

 

Nunca digas algo hasta estar seguro de ello. Le comento a uno de mis acompañantes que Rëlisp, sin haberlos escuchado previamente, tenía una vara muy alta en sortear. Sin embargo, Carlos Greko (sax, flauta, voz), Demian Burgos (batería), Mario Sánchez (guitarra, voz), Jorge Zenteno (piano) y Jesús Fierro (bajo), más Corinne Herrera (voz), demolieron en segundos cualquier escepticismo.


Foto: Susana H. Frías
Foto: Susana H. Frías

Lo suyo fue un inicio atronador ("Isagoge"), rápido, enérgico, un golpe contundente, como una saeta veloz y oscura que de pronto perlara con niebla el lugar. Es sencillo decir que Rëlisp se mueve en los márgenes de Zehul, ese universo creado por Magma; pero nadie, absolutamente nadie, es capaz de tocar como los discípulos de Christian Vander.

Rëlisp tampoco intenta sonar como Magma, aunque sí asientan su sonido en algunos de los elementos desplegados por este grupo; sin embargo, se trata de una apropiación. Como sus predecesores sobre el escenario, estos también se escucharon potentes, embalados, atronadores cual máquina destructora que avanza y no deja nada en pie a su paso. Sí, también en ese "caos" se abre paso lo fino ("THöt Dhera Adhär").


Foto: Susana H. Frías
Foto: Susana H. Frías

Corinne Herrera consigue lo impensable, bailar aquello que se antoja imposible y al hacerlo provocar seducción y encanto. Si su voz ya era un color en medio de la oscuridad creada por las voces de sus compañeros, su danza fue un plus, un condimento fino en una música salvaje.

Lo que hizo Rëlisp en el Alicia al cierre de una noche que se denominó Isotopos Sonoros, fue una abducción total.


Foto. Susana H. Frías
Foto. Susana H. Frías



 

 

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