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Abelardo Culebro, Conversaciones con la guitarra, Vol. II (Prog Esencia, 2024)

David Cortés

 




Abelardo Culebro es un guitarrista poco conocido. Militó en Fusión Virtual, pero si el nombre no les dice mucho, se han perdido de una muestra de música progresiva de valía. Culebro posee un sonido expansivo, delicado, pletórico en melodías y musicalidad. Este, su segunda entrega en solitario, es una placa en donde la progresión, entendida como avance y no como un género, aflora.

Escribe en el booklet que acompaña el álbum: “Este volumen 2 de las Conversaciones con la guitarra sigue siendo parte de un manifiesto musical inacabable que solo terminará con mi propia muerte, así que dejo a tu consideración de atento oyente su juicio final”.

En Vol. II, el guitarrista interpreta todos los instrumentos -acompañado del Ensamble Virtual, “en donde cada nota también la tuve que escribir”-, pero especialmente, como es de esperarse, las guitarras y en cuanto la música fluye y suena en el estéreo “Música para alebrijes”, tenemos una declaración de principios, porque si bien el track es encasillable en el rock progresivo, se trata de un sonido actual, aunque sin necesidad de incrustar elementos de pop -ese elemento podría ser la voz de Ixchel Culebro, que aparece en algunos cortes (“Las Brujas de Macbeth”, cuyo texto es de Shakespeare), pero la similitud es lejana.

Hay homenajes-reconocimiento a sus influencias: la deliciosa “Danza Frippeana 1”, los ecos clásicos (“Capricho 1”, “Capricho 2” -interpretados con sintetizador de guitarra-, “Danza de los animales muertos”).  Cortes como “Psicoaztlán” (con una ligera pátina de funky sin dejar de ser progresiva), “La ciudad del recuerdo”, “Reconstrucción del templo de Ixchel” con una ligera cama de teclados, un poco de jazz y sobre la cual la guitarra de Culebro despliega su bello tono. “Nocturno”, a mi juicio, pierde punch con la voz de Ixchel que canta unas estrofas de Xavier Villaurrutia.

El cierre del álbum es para dejarte boquiabierto: “Niño iraquí” es una demostración de virtuosismo, un corte con sabor a world music; y “Niña palestina”, simplemente es un viaje porque esa guitarra suena como tejida en otro plano, te habla, se acerca, te susurra al oído para luego ser un grito y te sacude los huesos con su vibración. Ambos temas los había grabado previamente con Fusión Virtual como se interpretaban en directo, mientras aquí lo hace en su versión de estudio.

Vale la pena buscar Conversaciones con la guitarra, Vol. II. Le costará un poco de trabajo porque el disco no se encuentra en plataformas, pero la gratificación que obtendrá una vez lo encuentre y deguste, bien vale la pena. Tampoco espere un concierto de Culebro para apreciarlo en directo. Este es su proyecto de estudio, un avance de eso que él ha llamado su “manifiesto musical” y está ávido de oídos… sólo falta que usted, lector, se aventure.

 

 

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