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Torso Corso, Miniaturas (TAR / MM / UOH, 2026)

hace 4 minutos
2 min de lectura

 David Cortés

 



El término RIO (Rock en Oposición) ha pasado al olvido, pero la música de Torso Corso en Miniaturas, su primera producción de larga duración, bien podría ajustarse a dicha descripción. También podríamos inscribirlo en la vena postpunk, pero mucho de lo que se entendía originalmente como postpunk, se ha pervertido e insertarlo allí sería un despropósito.

“La noche de los Bernas”, el corte inaugural, con su sonido inclinado a la música contemporánea con un poco de jazz, puede admitir la etiqueta de RIO y funcionar, pero “Ciudades de la noche roja I” y “Ciudades de la noche roja II” -con la voz invitada de Yuko Cornale-, un par de descargas brutales de hardcore jazz, están más cerca de la zona de influencia del Naked City  de John Zorn, y “4455444546” es una cruza de música contemporánea con algo de No Wave neoyorkina de principios de la década de los ochenta.

En la música desplegada por Torso Corso (María Goded, sax alto; Ernesto del Puerto, sax tenor; Emiliano Cruz, guitarra; Bernardo Moctezuma, guitarra y teclados; Ayamel Fernández, bajo; Dalí Sánchez, batería y percusión) en Miniaturas hay un espíritu lúdico que se expresa en la interacción de sus integrantes que solo puede darse a partir de continuos ensayos dada la complejidad de lo perpetrado en los 20 cortes que dan forma al disco.

¿Es Torso Corso un grupo ecléctico? No. Si bien en su música encontramos una diversidad de influencias, ello no significa que no posean claridad y coherencia. Al contrario, uno de los méritos de la agrupación es que, desde sus anteriores incursiones discográficas, los EP’s Torso Corso 1 (2022) e Imperio de barnices. Pinturas del sur (2023), han creado una música compleja, intrincada, densa, incluso cerebral, aunque al mismo tiempo con mucho nervio y en donde el uso de técnicas extendidas y la experimentación (“Flujo piroclástico”, “Cuatro manos”, “Hasta la pequeña hormiga con toda su fuerza”) es moneda corriente. En suma, Torso Corso definió su sonido desde sus inicios y lo hizo con amplitud de miras; al no circunscribirse a una vertiente única, sino a la conjunción de varias, crearon una amplia avenida por la cual pueden transitar con soltura y lo mismo trazar un sonido que parece emanado de los laboratorios de un conservatorio (“Su mirada oscura se ahoga en la luz”) o nacido en las cloacas más purulentas de la ciudad (“Sigismundo Malatesta”, “Las furias”) y mantener su personalidad.

Torso Corso es una de las propuestas sonoras más interesantes y sólidas surgidas en años recientes en este país y, personalmente, me gustaría verlos más seguido en directo y que hicieran más música, aunque dada la complejidad de lo escuchado es entendible que “manufacturar” estas composiciones requiere tiempo, mucho tiempo.

Miniaturas se grabó hace más de dos años, pero se lanzó hace poco por los prolongados tiempos de producción de su sello discográfico, pero esos 24 meses no han mellado un ápice la música, porque otra de las cualidades de lo realizado por Torso Corso es su atemporalidad y este disco, puedo apostarlo, sonará con igual frescura y emoción en cinco o diez años.

Estará en las listas de lo mejor del año con toda seguridad.


 

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