Carlos Alegre, una travesía por el jazz y la música mexicana
- David Cortés

- 19 may
- 8 min de lectura
David Cortés
La historia de la música subterránea es pródiga en ejemplos de agrupaciones que, discográficamente, poseen escasa presencia, pero cuyo paso por los escenarios las mantiene con vida. Una de esas bandas es Carlos Marks -siempre me ha parecido un gran nombre-, entidad sonora que comenzó como dueto, se expandió a cuarteto y grabó una placa en 2013: Dislalia (Intolerancia).
Uno de los artífices del cuarteto es el violinista-tecladista-compositor Carlos Alegre quien, desde pequeño, estuvo rodeado de música y aprendió a leerla al mismo tiempo que lo hizo con las palabras. Dice: “Toda mi familia es de músicos, de mi familia paterna nadie se dedicó al rock, de mi familia materna, todos mis tíos hombres, en algún momento de su vida, fueron rockeros, todos cantantes; de parte de mi papá, puro músico clásico”.

El primer instrumento de Alegre fue el violín, que comenzó a estudiar en un instituto de apreciación musical donde lo acercaban a varios instrumentos, aunque lo que más le gustaba tocar, tal vez porque en casa se acercaba al piano y lo tocaba, era la marimba, “las teclas de madera y metal”.
Paradójicamente, Carlos Alegre no decidió ser músico, “fue la vida la que me llevó ello”, porque primeramente lo que llamó su atención fueron las artes plásticas; sin embargo, la ilusión de su padre era que él fuera músico y como tenía una relación muy fuerte con él, quiso darle gusto. Una vez que lo hizo, las clases lo absorbieron, su vida se convirtió en estudio musical y ya no supo cómo salir de allí.
En ese proceso, su integración a una orquesta también se dio tempranamente. En cuanto comenzó a estudiar el violín, lo inscribieron en un programa llamado Orquestas y Coros Juveniles de México y de allí pasó directo a la Orquesta Sinfónica Juvenil Miguel Hidalgo. “Estuve un buen rato -dice- en orquestas sinfónicas, hasta que me harté y lo primero que hice fue integrarme a una banda de rock (Turbina). Después de un intento frustrado de dejar el violín, me invitaron a una banda de rock porque era diferente y por eso regresé, solo pude abandonar la música unos seis meses”.
También en ese momento llegó a su vida el jazz. En una fiesta alguien puso Bitches brew de Miles Davis y no solo le voló la cabeza, la vida le “cambió en ese momento. Sentí que no había escuchado nada igual y me metí a clases a la Nacional de Música con el saxofonista Remi Álvarez, quien me indujo al free jazz. Ya llevaba varios años en la Nacional de Música y cuando empecé a escuchar jazz, me enteré de la existencia de Remi y su Taller de Improvisación y su Taller de Jazz”.

Remi Álvarez lo invitó a unirse a dos de sus bandas: El Cuarteto de Remi Álvarez y el Ensamble Misterioso. El primero interpretaba las composiciones del saxofonista en una vertiente free jazz; el segundo tocaba estándares de jazz freejazzeados. Puesto en ese sendero, Alegre formó una primera banda de improvisación con Alejandro Lara -guitarrista de Turbina- y Ramón del Buey a la cual bautizaron como Arto Ensamble. “El nombre -cuenta- funciona como un juego de palabras que hace referencia al Art Ensemble of Chicago y al hartazgo que en ese momento me había alcanzado a provocar la música escolástica, con la que más adelante me reconcilié desde una sana distancia”.
Durante años, este ensamble fue la banda base de Carlos Alegre e incluso grabó un par de álbumes en estudio -uno de ellos llamado Las matemáticas de la lujuria-, más uno en vivo en donde contaron con la participación del saxofonista Germán Bringas como invitado. El disco plasmado en estudio y el registrado en directo, dado que no existen en ninguna plataforma, prácticamente están perdidos. El tercero, todavía permanece en el horno y aunque existe la intención de editarlo, hasta ahora ha sido difícil por las agendas de los integrantes.
Curiosamente, de este ensamble, surgió Generación Espontánea, agrupación de improvisadores-académicos que ha logrado hilvanar una carrera por más de 15 años. Alegre cuenta cómo se dio esto. “Con el Arto Ensamble conocimos a Wilfrido Terrazas y en una primera instancia él conoció la impro a través de nosotros y le voló la cabeza. Se quiso integrar con nosotros, pero el Arto en ese momento ya lo sentíamos muy formado y le dijimos que hiciéramos otra banda, se puso la pila y armó Generación Espontánea que básicamente éramos el Arto Ensamble, él y otro músico que solo estuvo en el primer toquín”.

En sus inicios Generación Espontánea solía invitar músicos a sus presentaciones y en una ocasión, en Casa Vecina, tocaron con Darío Bernal y Misha Marks. El último se mudó a México un año después y así nació Carlos Marks que, dice Alegre, “se convirtió en mi proyecto primordial. En ese entonces, también estaba en una banda de salsa que en lugar de metales tenía violines (Nelson Candela), un ensamble de música mexicana (Moros y Cristianos), pero el proyecto al que más energía le imprimía era Carlos Marks”.
En el principio, Carlos Marks se integró por Misha Marks, y Carlos Alegre. Posteriormente, se unió Tomás Fernández Child en el contrabajo y finalmente Jacobo Guerrero en percusiones. El primer y único disco hasta ahora de la banda aparece en 2013 con el título de Dislalia (Intolerancia) y en él participaron Carlos Alegre, violín y voz; Misha Marks, latarra, guitarra y acordeón; Jacobo Guerrero, percusiones; y Tomás Fernández, contrabajo. Como invitados en algunos temas aparecieron Blair Latham (clarinete bajo), Alex Daniels (acordeón) y Alexander Bruck (violín stroh).
Carlos Marks gana presencia en la escena, se les invita a festivales nacionales, pero cuando llegan las invitaciones para festivales en el extranjero, por diferentes razones nada se concreta, lo cual lleva a sus integrantes a enfocar sus energías en otros proyectos. Durante cinco años o más, y a pesar de tener composiciones para un nuevo disco, todo queda en el limbo.
Si bien hay un periodo de inactividad en la vida de Carlos Marks como grupo, Alegre prosigue en la escena de la impro libre en ensambles creados ex profeso para una fecha, así como en otros permanentes, como es el caso del dueto Héroes del Destierro (al lado de Misha Marks), una banda de “música oaxaqueña freejazzeada”, de alienación cambiante y por la cual pasaron, entre otros, Daniel Paz (clarinete); Jacob Wick (trompeta); Don Malfon, Diego Franco, Roberto Tercero (saxos); Arturo Báez, Alain Cano, Amanda Irarrázabal (contrabajo); Gibrán Andrade, Jacobo Guerrero, Fernando Barrios (batería).
De Héroes del Destierro surgirá Zancudos Tadeo, aunque el violinista no participó en la grabación del único disco de esta agrupación. Actualmente, Alegre forma parte de Kóryma, la orquesta de Ana Ruiz y tiene un trío (él, Misha Marks y la cantante Daniela Olmedo) llamado Les Jilguerrilles, de “canción ranchera, corridos, chilenas, sones de tierra caliente”.
¿Cómo hace un músico el nexo entre la improvisación libre, que es una música completamente aleatoria, con las canciones estructuradas? Alegre se toma unos segundos para responder: “Es demasiado intuitivo. Lo que hacemos con Carlos Marks, en donde trabajamos composiciones que llevamos a un punto de improvisación de manera tal que toda la estructura se rompa y luego podamos regresar a esa estructura, funciona también con lo oaxaqueño y con todo lo demás. Hay una estructura, que ya sea que se respete por completo en un principio o nada más se dibuje y que se lleva a la deconstrucción. ¿Cómo hacerlo? Pues funciona diferente en cada ocasión, según lo que esté pasando; el oído entrenado también para la improvisación libre te permite ir reconociendo ciertos gestos conforme vas tocando, aunque sea algo estructurado, que te van abriendo la posibilidad de llevarlo a zonas más libres y abiertas y cuando todos estamos en comunión, nos vamos entendiendo y lo mismo cuando regresamos. Una vez que ya estamos en una cosa completamente ajena a la estructura de la rola, es fácil reconocer dentro de la impro libre cuando alguien ya está involucrando rasgos que pertenecían a la estructura, entonces se va poco a poco regresando a esa estructura”.
Les Jilguerilles nació en la fiesta, cuando llegada la hora de la bohemia se pedía un ranchera y los tres se ponían a cantar. Marks y Alegre conocieron a Daniela Olmedo en una fiesta. Ella proviene de una familia musical y, dice Alegre, “comenzamos a tocar con su papá, que es una enciclopedia viviente de la música popular mexicana y sabe chingos de canciones y nos fuimos juntando más con toda la familia, incluso con su abuelo que es un violinista que tiene una forma de tocar que es la última persona que toca de esa manera, al menos en la región. Fue un encuentro muy importante para nosotros”.
Hay, en la escena de la improvisación libre, una “tendencia” a incorporar elementos de música mexicana, concretamente de la música oaxaqueña, que le ha dado a la música de algunas agrupaciones un toque, si bien distintivamente nacional al mismo tiempo es universal. Carlos Alegre ha colaborado en Zancudos Tadeo y Kóryma, dos de esas bandas en cuyo sonido se puede detectar esto.
Acerca de este proceso de asimilación-resignificación, dice Alegre: “Los Zancudos es una banda que empieza después de varios años que ya llevábamos inmersos en conocer la cultura musical oaxaqueña, de viajes que hicimos a Oaxaca, sobre todo Misha es el que más ha viajado por allá. Hemos ido a los pueblos, a las fiestas patronales y como siempre somos unos pinches metiches, siempre nos hemos integrado con las bandas de allá, por eso fue que empezamos a conocer el repertorio oaxaqueño y lo empezamos a manejar a nuestra manera y ha tenido como una… un grado de identificación muy grande, al grado de que cada vez es más banda la que se interesa por hacer esto”.
Le pregunto al violinista si incorporar elementos de música oaxaqueña al free jazz sería la manera de incorporar algo propio de nuestro país y fusionarlo con esta música, algo que no se había manifestado anteriormente, al menos con tanta claridad como ahora: “Es difícil responder eso -dice-. Hay que tener la conciencia de que estamos tomando prestada música que tiene muchísimos años, música que en realidad le pertenece a los pueblos que hemos visitado y la forma en la que nosotros la tratamos podría considerarse una especie de apropiación que es creativa, que no se hace de forma irresponsable. Es la forma como nosotros, que pertenecemos a este circuito de música improvisada podemos sentirnos más identificados a la hora de interpretarla con esta música, pero no me atrevería llamarla una música propia, porque justo la estamos tomando prestada de todos estos pueblos y eso es una cosa muy delicada desde mi perspectiva. Intentar no hacer bussines con algo que uno toma, admira, que a uno le inspira para este tipo de ejecuciones, pero que ya es una especie de simbiosis entre lo que uno es y lo que uno ve en los otros que también forman parte de su comunidad, pero también es una comunidad muy ajena, a la que se le tiene que tratar con mucho respeto”.

Hay varios proyectos en la mira de Alegre, entre ellos un álbum de Carlos Marks, pero para cerrar, le pregunto a Carlos acerca de que tan benéfico es el carácter endémico que la escena de la improvisación libre presenta en la Ciudad de México. “¿Al hecho de que estemos en diferentes proyectos te refieres? Creo que en realidad es enriquecedor porque permite una multiplicidad de lenguajes que si bien todos más o menos tenemos una cierta línea que seguimos, también cada proyecto lo trata de manera diferente. Por ejemplo, el trío de David Contreras es de un lenguaje más free jazz; Les Jilguerilles, sí está muy arraigado a un sonido de música mexicana, aunque la instrumentación sea bastante peculiar. Siento que no existe nada perjudicial en ello, es una forma de poder tener muchísimas posibilidades, porque cuando escucho tocar a Greko, las ideas y su sonido no son algo a lo que esté acostumbrado y a mí me reta, me reta a salirme de mi zona de confort y buscar la manera de convivir con su propuesta y eso ocurre a la inversa y con cada uno de los integrantes”, concluye.


Comentarios