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Christian Balderas: "Mi próximo disco integra todas mis facetas en una sola visión"


 

David Cortés

 

El músico, ¿nace o se hace? Esta pregunta, vieja sí, no deja de ser pertinente o al menos a quien esto escribe le parece, si no fundamental, sí importante.


Foto: Jesús Cornejo
Foto: Jesús Cornejo

Christian Balderas es pianista-organista nacido en la CDMX en 1985 y su acercamiento a la música se dio de forma muy natural. “Mi abuelo -dice- tocaba la guitarra y en la casa donde nací había un piano, así que la música siempre estuvo presente desde el inicio. Sin darme cuenta, crecí rodeado de ella y, con el tiempo, encontré amigos que compartían ese mismo camino”.

Balderas tomó clases particulares y después ingresó a la Escuela Libre de Música y posteriormente a la Escuela Superior de Música y su acercamiento al jazz fue de manera progresiva. Primero, por la vía de bandas de rock con lo que él llama una propuesta más amplia (Incubus, Jamiroquai, Red Hot Chili Peppers). De allí pasó a Stevie Wonder, John Medeski y Sade, para posteriormente descubrir a Bobby McFerrin, Chick Corea, Bill Evans, Bud Powell y Thelonious Monk: “Para ese momento ya estaba completamente inmerso en el jazz”.

A diferencia de algunos de sus colegas, que bregan con dificultad hasta encontrar es grupo al que pueden considerar significativo, el pianista tenía 18 años cuando formó T’orus, “primer proyecto con el que logré desarrollar una identidad más clara”. En ese momento, la banda se integró con Aarón Flores (guitarra), Benjamín García (bajo eléctrico), Enrique Nativitas (batería), Kevin Ayanbadeyo (percusión) y Balderas (teclados).

T’orus lanzó un primer disco, epónimo, en 2014. Fue un debut afortunado, una colección de ocho composiciones signadas por la frescura, una mezcla de jazz, soul, algo de hipo hop por la vía de Eric “El Niño” como invitado, latín jazz y que tenía en el corte “Coltrane” uno de sus instantes más logrados. El terreno era promisorio, pero luego de ese debut discográfico, el quinteto permaneció en silencio y reapareció con Donut shaped universe, nueve años después, lapso en donde, dice Balderas, “quería evolucionar en términos de producción y consolidar un lenguaje propio. Además, el proceso coincidió con la pandemia, y fue justamente durante ese periodo que logré terminar el disco”.


Foto: Rafael Arriaga Zazueta
Foto: Rafael Arriaga Zazueta

Luego de ese regreso, T’orus apareció en el M-Jazz (2024) y todo pareció indicar que su regreso se debió exclusivamente para aparecer en dicho festival que fue preludiado por la aparición del EP Donut Shaped Universe Live. Sin embargo, no importa la intermitencia, T’orus es un proyecto activo, aunque no constante, “es una banda que aparece en momentos específicos, cuando hay algo claro que decir musicalmente”.

Además de T’orus, Balderas ha formado parte de proyectos como F-Mack, Funk Dealers, Organ Latin Soul y BG Hich, entre otros, y recientemente se le ha visto como tecladista de las presentaciones en vivo de Infinito, el proyecto de Iraida Noriega y Alex Otaola. No se deben obviar las múltiples colaboraciones que ha realizado “a lo largo de los años, sería difícil hacer una lista completa. Cada colaboración ha sido parte importante de mi desarrollo”.

Sin embargo, tal vez una de las directrices más importantes en la trayectoria del tecladista, se ha dado recientemente al decidirse a emprender trabajo en solitario. ¿Qué busca Balderas con ese movimiento? “La necesidad de tener total libertad creativa. Me di cuenta de que cada proyecto tiene una identidad muy definida, y salir de esos límites puede ser complicado. La carrera solista me permite explorar distintas ideas, reinventarme en cada disco y no estar atado a un solo concepto”.

Foto: Rafael Arriaga Zazueta
Foto: Rafael Arriaga Zazueta

Su debut como solista lo hizo con Legado (2025), álbum en el cual contó con la colaboración de, como los llama, “músicos increíbles”: Giovani Cigui, sax alto; Diego Franco, sax tenor; Aarón Flores y Andrés Gándara (guitarras), Adrián Flores (contrabajo); Juan Ale Sáenz e Hiram Griss (batería), y Kevin Ayanbadeyo (percusión).

Legado es una placa fresca, hay una atinada interacción entre los músicos y Balderas logra romper el cerco de lo convencional para trazar su propio sonido. Es, también, un álbum íntimo. Él lo describe como “un álbum profundamente personal, creado en un momento de intensas emociones y cambios en mi vida. El 5 de mayo de 2020, tras perder la memoria, falleció mi abuelo, un hombre brillante e inquieto. Solo unos días después, el 11 de mayo, mi tío Beto Aceves, quien aparece en la fotografía de la portada de este disco, falleció debido a complicaciones respiratorias del COVID-19. Ambos fueron figuras fundamentales en mi vida, mis primeros acercamientos a la música, mis pilares, mis amigos y grandes apoyos. No pude estar con ellos debido al confinamiento, lo que dejó en mí una sensación de no haber tenido un cierre. En este periodo también me uní con mi esposa, Alejandra Basurto y el 28 de marzo de 2021, nació mi hijo. El COVID, para mí, fue sinónimo de muerte y nacimiento, tristeza y alegría. Fue esa mezcla de emociones lo que me impulsó a crear este disco, un homenaje a esas personas que me hicieron ser quien soy.

“Este álbum es como un álbum fotográfico sonoro, un reflejo de mi trayectoria musical desde mi graduación en la Escuela Superior de Música. El sonido está influenciado por los artistas de finales de los 90 y principios de los 2000, con un toque de jazz contemporáneo. El nombre de este disco es Legado, porque el legado que me dejaron mi tío y mi abuelo fue la música y la pasión por perseguir mis sueños, un legado que quiero dejarle a mi hijo, a mis sobrinos, a mis alumnos y a cualquiera que escuche este disco”.




Su siguiente incursión discográfica fue el EP Fractales (2025) al lado de Adrián Flores (contrabajo) y Juan Ale Saenz (batería), y no tiene nada que ver con Legado, como tampoco Organ latin soul (2026) guarda relación con ninguno de los trabajos previos.

Cuenta Balderas: “Son distintas etapas y búsquedas. De hecho, procuré que no se parecieran entre sí. Ninguno por sí solo representa todo lo que quiero decir. Legado refleja una etapa muy personal, ligada a mi vida familiar y universitaria; Organ latin soul conecta con el lenguaje que desarrollo en el Hammond; y Fractales es una síntesis de mis estudios en Nueva York en la School for Improvisational Music, un programa intensivo enfocado en improvisación. Ahí trabajé directamente con músicos como Ralph Alessi y Kris Davis, entre otros. Más que una escuela tradicional, es un espacio de intercambio donde tocas, convives y aprendes desde la experiencia real de músicos activos. Todo está enfocado en desarrollar tu propia voz. Actualmente trabajo en un nuevo disco que, siento, logra integrar todas esas facetas en una sola visión”.

Balderas ha dejado la huella de sus teclados en grabaciones de Andrés Márquez (4), Juanjo Gómez (Hecho en México), Daniel David (Ciclos) y Jenny Beaujean (Efímero) y entre sus proyectos a futuro, además de Infinito, se avizora un nuevo disco de T’orus, un EP de canciones, un disco con Edel Juárez, otro con BG Hich y nuevo material en su formato de trío.


Foto: Jesús Cornejo
Foto: Jesús Cornejo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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