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Concepción Huerta & Eli Piña, Aquarius wind (Venas Rotas, 2025)

 

David Cortés

 



En una sesión de improvisación en la tienda de discos Venas Rotas, la veterana experimentalista (Concepción Huerta), se encuentra con la improvisadora en ascenso (Eli Piña) y graban esta producción aparecida en formato de casette.

La sesión comienza con Concepción creando una base de un noise muy ligero, ligerísimo y con una Piña creando sus atmósferas; un loop avanza arrastrándose, se mantiene allí. La triada: el ruido, el loop, el saxofón, crean un ambient cinemático. El diálogo ha comenzado, armonioso, con tintes sedosos, sin conflictos, siempre en un volumen medio, lo cual permite la escucha de ambas sin necesidad de un gran esfuerzo. Es un encuentro de creación de imágenes y en mi cabeza lo que hay es un gran barco que surca la mar en calma en una noche estrellada, pero por ningún motivo esto es romántico, ni hay augurios de por medio, solo calma y nubes cruzando el cielo, dibujando figuras y creando historias de estrellados y galácticos seres.

Pero esto cambia al acercarse al minuto diez y allí Concepción forma un pasaje cósmico con su arsenal de gadgets, y Eli teje una melodía nostálgica, triste, es un momento de gran belleza en donde el caos aparente de la una, se encuentra con el orden de la otra en absoluta simbiosis. Este breve viaje que marca la “segunda parte” comienza un poco en el espacio y desciende a la tierra, a ese barco que continúa su travesía en medio de esa mar en calma, rodeada de una impenetrable negritud, pero de atmósfera apacible.

Concepción “arremete” en su ataque y Eli permanece impávida en lo suyo. La capa sonora creada por Huerta absorbe, casi, el sax de Eli, pero ésta en su imperturbabilidad, ayuda a crear un contraste en las fuerzas. Es como si dos espíritus se enfrascaran en una lucha que ambas saben es inútil y prefieren que devenga representación, una narrativa dramática por momentos, pero sin exageración.

Comienza el “tercer movimiento” y Concepción “afloja”; Eli regresa a “cantar” una melodía, a intentarlo, a poner un poco de luz en el trayecto. Lo interesante es que, repito, aquí nunca hay un enfrentamiento abierto, sino una proposición que logra fundirse y encuenta su articulación pronto -temprano- y la mantiene durante toda la sesión.

Al final, Eli vocaliza, es un lamento lo que su garganta insinúa, el colofón idóneo para este viaje por el noir ambient, un elemento más que entra y sale rápidamente para cerrar esto que es uno de mis discos de ambient favoritos realizados en nuestro país, una de las obras más bellas y mejor logradas que haya escuchado, en su género, en los últimos tiempos en este país.

 

 

 

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