top of page

Daniele Morelli, tocar su propia música

hace 19 minutos
8 min de lectura

 

 David Cortés

 

El guitarrista Daniele Morelli (1984), nació en Forcoli, un pequeño pueblo de la Toscana, Italia, y su abuela, que se encargó de criarlo, cantaba todo el día. “Crecí, literalmente, con sus melodías todos los días. Una vez que aprendì a tocar guitarra pude acompañarla y era nuestra complicidad para pasar el tiempo”.


FotO: Giulia Lombardi
FotO: Giulia Lombardi

Él comenzó a estudiar piano clásico a los siete años con una maestra del pueblo y durante tres años estudió solfeo y cómo poner los dedos en las teclas. Sin piano en casa, practicaba en el cuarto donde recibía clases y al llegar a ls decena, le comunicó a su madre que ya no quería estudiar piano y ella le dio una escueta respuesta: “Bueno, entonces no te gusta la música”. Daniele se tomó un año para reflexionar y pensó que sí le gustaba la música, pero era la guitarra lo que iba a ser lo suyo.

Al año le dijo a su madre que deseaba seguir con la música, pero ahora quería hacerlo en la guitarra, así que le compraron una acústica para llevarla a la secundaria donde había clases de música, nada serio. “Empecé a tomar clases y el destino quiso que mi primer maestro de guitarra, durante años, fuera un guitarrista de jazz. Ese maestro me invitaba a formar parte de pequeñas agrupaciones de los pueblitos cercanos, porque en mi pueblo solo había un grupo de rock y eran más grandes que yo”.

Tenía 14 años cuando encontró abandonados un par de cuartos medievales cerca de la iglesia de su pueblo y con el permiso del cura y de la gente los convirtió en sala de ensayo. Invitó a otros músicos a formar su propia banda, a la que bautizó Enema. Daniele se decía a sí mismo. “Si todavìa no soy capaz de tocar covers bien sabré tocar mi propia música”. Hacían pop rock propio y él escribía las letras. “Empezaron a llamarme de otros grupos de rock y blues. Después de un año tenía cinco grupos, incluido el mío, con la desesperación de mis padres porque no quería seguir con la escuela. Solo quería seguir con la música, ensayar y hacer uno que otro gig”.

Su primer proyecto importante fue Milvus, un trío de rock progresivo (guitarra, batería y Hammond), que hacía canciones originales con mucha improvisación y cuyos conciertos duraban tres horas o más. Luego de tocar dos años en su país de origen, el trío se mudó a Amsterdam: “La gente enloquecía al escuchar estos tres jovenes, salidos del campo de la Toscana, tocar algo que parecía salir directamente de los años 70’s”.

Años después nuevamente cambia de residencia, se mueve a Lyon, Francia e ingresa al Conservatorio de Jazz de la ciudad, en lo que considera “un parteaguas” en su carrera: “De Lyon me mudé en Bruselas. Ahí tocaba y daba clases para mantenerme y empecé a vivir entre Bruselas y Amsterdam. En 2011 grabé con mi cuarteto holandés, Morelli Electric Quartet, mi primer álbum”.


Foto: Vanni Anguillesi.
Foto: Vanni Anguillesi.

En 2011, una banda italiana (Tamales de Chipil) lo invitó a tocar para una gira por México. Durante un mes, se presentaron en el Zócalo y en el Auditorio Nacional, así como en otros foros de la ciudad y un año después decidió regresar porque un amigo lo invitó a visitar San Cristóbal de las Casas. Morelli quien señala que su forma de tocar “viene de toda la música que he escuchado” y cuyos héroes de la adolescencia (Frank Zappa, Jimmi Hendrix) le “cambiaron toda la visión del instrumento”, ya tocaba jazz y al llegar a la ciudad chiapaneca comenzó a ser llamado por los músicos de jazz “para tocar con ellos en los bares. Fue otro cambio en mi vida, de Bruselas a Chiapas. En ese periodo invité a mi cuarteto holandés a venir y tocamos en Chiapas y en CDMX unos conciertos. Así que empecé a vivir en Mexico, tocando jazz todas las noches, fueran standards o música original”.

Si bien Zappa y Hendrix le cambiaron su visión del instrumento, su gran inspiración es Jim Hall (“he escuchado sus discos sin parar durante años y lo hago todavía”), pero en su sonido, si bien elegante, melódico y delicado, también inciden otras músicas del mundo (“de África, India, los Balcanes”) y “todos los grandes maestros pasados y actuales que me inspiran a imaginarme la guitarra como si fuera una trompeta, un piano o un sax”.

En 2016, en enero, el sello OFF Records de Bélgica, editó Misión Azul, el primer disco solista del guitarrista. La mayoría se grabó en CDMX (salvo dos cortes en San Cristóbal de las Casas) y en él contó con la colaboración de músicos mexicanos (Arturo Báez, Abraham Calderón, Romeo Ramos, Roberto Blanco, Luis Miguel Costero); de Salvador (Fernando Barrios); Panamá (Jahaziel Arrocha) y Chile (Cristian Mendoza). Es una placa en donde el guitarrista plasma su idea de jazz contemporáneo, pero en donde también se advierte su contacto con la cultura mexicana, la cual se deja sentir en cortes como el que da título al álbum o en “Ya” donde nos da la bienvenida un vendedor de hierbas medicinales, mientras en “Regreso lacandón” es la voz de un oriundo del lugar la que inaugura el track; “El vuelo del quetzal” es una composición perlada de swing con un tremendo solo de Morelli. “Popocatépetl” es una balada, hermoso tema que evoca y pinta la contemplación ante la majestuosidad del volcán. Si bien la placa es sólida, en ella aún no se define del todo el sonido del guitarrista.



Sin embargo, de su experiencia mexicana, también encontramos un registro en vivo: Live in Querétaro Jazz Festival. En él se acerca más a la fusión y hay cortes (“Flor del desierto”) en donde ya se escuchan ciertos toques de experimentación ligera mezclados con ese tono suave y delicado que “heredó” de su maestro Jim Hall. En su mayoría son temas largos y, salvo por la duración de unos tracks, que puede intimidar a algunos, es un jazz muy accesible, sin llegar al edulcoramiento.

Un año después, ya de regreso en Italia, el guitarrista graba con el baterista Matteo D’ignazi La valigia dei sogni y Vexations de Erik Satie, ambos editados en 2021. El álbum con la composición de Satie me parece decisivo para el futuro sonido del guitarrista, porque este le permitió experimentar un poco más, buscar sonidos nuevos en su instrumento (“todos los efectos y sonidos que escucharán, fueron hechos con la guitarra”, advierte en las notas del disco) y mezclarlos con su tono sedoso, melifluo y seductor.

Dos años después, en solitario, lanza Ars musica (Off Records, 2023) y en 2024, otra vez de regreso en México, lanza Ya Maa Diali, trío que grabó un solo disco epónimo, aunque dio muchos conciertos. El grupo, además de Morelli en la guitarra, lo integró Liat Bar (bajo) y Abraham López Calderón (batería). “Tocábamos melodías turcas y alguna que otra composición original. Un trío encantador y muy abierto a la impro también”.

También aparece Agua, a dueto con el vibrafonista Miguel Alzerreka en donde la dupla “experimentó todas las formas que puede tomar el agua”. Morelli conoció a Alzerreka en Chiapas, pero dejó de verlo algún tiempo cuando se fue a vivir a Oaxaca y al regresar a San Cristóbal “le propuse grabar algo juntos, pura improvisaciòn, aunque al final terminamos componiendo algo por ahi el mismo día de la grabación”.

Agua (OFF Records, 2024), es un disco con el cual te empapas rápidamente; la guitarra de Morelli platica suavemente con el instrumento de Alzerreka  y juntos edifican delicadas melodías que embelesan. En “Atomos”, por ejemplo, las notas parecen surgir de una cajita musical, aunque también hay partes en donde los sonidos se expresan “anómalamente” (la guitarra en “Vapor”). “Equilibrio dinámico” hace honor a su título y aquí los dos instrumentos trabajan coordinadamente, se tutean, conversan, ceden espacio entre ellos y el resultado es muy agradable al oído. Incluso hay temas (“Oxígeno”) en donde parece no existir movimiento, pero sólo se trata de una ilusión, tal vez porque uno de los dos se repliega y cede el protagonismo al otro, pero sin dejar de hacerse oír.



Ese 2024, el guitarrista también grabó Consistenza umana en colaboración con Roberto Tiso en el cristálofono (copas de cristal), de cuya genésis cuenta: “La inspiración para este disco me surgió paseando por las ruinas de un siquiátrico en La Toscana. Este manicomio fue el más grande del país y los temas están dedicados a una persona que estuvo internada allí por un proceso judicial y que en 25-30 años, con la hebilla de su cinturón, grafiteó toda la pared, 180 metros, con sus delirios. En todos esos escritos se advierten momentos de máxima locura con algunos instantes de lucidez y en uno de esos pasajes escribió la frase de la cual salió el título del disco: ‘Nos dicen alienados, pero pasen tiempo con nosotros y verán que estamos hechos también de consistencia humana’”. 

Las participaciones de Tiso si bien atinadas no dejan de ser limitadas en cuanto al espectro sonoro del “instrumento”, así que lo suyo radica en marcar un contraste con las límpidas notas de la guitarra de Morelli que aquí tiene mucho espacio para tejer una serie de composiciones en su mayoría evocadoras (“Ombre”), otras que lo llevan a uno a pensar en filmes imaginarios (“Il colonnello astrale”, “Fibbia catodica”, “Raggi magnetici”).

No faltan los devaneos semiexperimentales (“Veleni anarcotici”, “Antenna atomica”), pero incluso en estos la belleza se mantiene constante. Si existe un pero en esta obra es su duración, pues escasamente llega a la media hora.

En 2025, el guitarrista colaboró con la cantautora Nidia Barajas en el disco Libre e incendiaria (Grabaxiones Alicia, 2025), a quien conoció diez años atrás, aunque nunca habían tocado juntos previamente.


Foto: Vanni Anguillei.
Foto: Vanni Anguillei.

Si bien las canciones de Nidia Barajas han funcionado con voz y guitarra gracias a su sólida arquitectura en sus trabajos previos, al acompañarse de banda consiguió otorgarles un nuevo cuerpo y la guitarra de Morelli las volvió mucho más robustas y hermosas y eso puede apreciarse desde “Azul”, el corte abridor, donde campea una atmósfera folk muy festiva y que pronto alcanza un climax con “Las coyotas” donde ella canta con mucho sentimiento. Ese par de componentes, la emoción de Barajas al cantar y la guitarra de Morelli pintando paisajes folk, son las piedras angulares que sostienen Libre e incendiaria.

Dice Barajas acerca de Morelli: “Nos conocimos en San Cristóbal las Casas, tomé una clase de composición con él hace unos años y cuando me mudé a la CDMX, coincidió que él regresaba a la ciudad. Daniel no necesita mucho tiempo para crear; creo que su mejor virtud en este disco es que es buen oyente e hizo lo que le hacía falta. Su capacidad, su memoria, buen gusto y su técnica nos permitieron sostener la musicalización de mis canciones, que siempre toco solo con voz y guitarra”. Por su parte, el guitarrista, además de la amistad, cree que poseen una sensibilidad  común y que la “voz de ella y sus letras hablan a muchos corazones”.

La placa más reciente del guitarrista es Sentieri (Independiente, 2026) y fue grabada con Tomasso Iacoviello (trompeta), Fabio Di Tanno (contrabajo) y Abraham López Calderón (batería), más Federico Bertelli (armónica), como invitado en tres cortes.

Se trata de un trabajo de espacios muy abiertos, con sutiles tintes de folk, donde la trompeta es la responsable de tender las líneas melódicas. Esta vez Morelli ha privilegiado más el trabajo de composición y dejado a un lado el protagonismo de su guitarra, aunque al empuñarla de manera rítmica ha entregado momentos muy interesantes que no le había escuchado con anterioridad. No es una obra que abrirá nuevos caminos; reafirma lo ya trazado, él persiste en esa creación de imágenes y en la combinación de toques experimentales con hermosas melodías, una mezcla que se ha convertiudo en la sustancia de su sonido.

Es ya un largo trayecto el recorrido por Daniele Morelli y si no se han acercado a su trabajo, es el momento de ponerse al día.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 


 

Comentarios


Suscríbete a Nuestro Newsletter

  • Instagram
  • Facebook
bottom of page