David Contreras Trío y El vértigo incandescente de las alas de cera
- David Cortés

- 23 jul 2025
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David Cortés
El saxofonista David Contreras suele recorrer con frecuencia el circuito de la escena de la improvisación colectiva; pero su propio grupo, David Contreras Trío (complementado por Adriana Camacho Torres, contrabajo, y Rodo Ocampo, batería) no se muestra en directo con la regularidad que muchos desearíamos.
Discográficamente, su producción es parca, probablemente porque es joven y parte de sus energías han quedado plasmadas en otras colaboraciones y no necesariamente con ese trío que ahora lanza El vértigo incandescente de las alas de cera y en donde se incluyen un par de invitados: Ernesto Andriano (sax tenor) y Klaus Sour (guitarra).
Contreras es un músico que, además de improvisar, gusta de componer sus temas, un distintivo interesante en una escena en donde abundan los improvisadores, pero pocos son los compositores.

En “Distante inminente”, el corte inaugural de la segunda producción de David Contreras Trío, la frase inicial es pegajosa y aquí el par de saxos (Contreras, izquierda; Andriano, derecha), tocan lo mismo mientras la sección rítmica comienza a girar, siempre en un plano de aparente discreción y sobre la cual los saxofones, primero Contreras y luego Andriano, habrán de ejecutar solos para recuperar el tema al final.
En “Impermanencia voluntaria” las notas del bajo retumban con firmeza, pero no obstante ello, destilan suavidad y dialogan con la batería, ponen una alfombra al sax de Contreras quien da la bienvenida a Andriano y éste hace un buen solo, reposado, calmado, con cierto acento cansino. Esa pausa la aprovecha Contreras para hacer su solo, mientras Rodo y Camacho se regodean en sus instrumentos y le dan cuerpo a la totalidad. Cuando ambos saxos se unen en la parte final, no obstante su brevedad, logran un buen momento.
“Llanero solitario” es el primer track en donde se inserta la guitarra de Klaus Sour. Tiene un arranque vigoroso. La sección rítmica aquí se escucha magnífica, en un gran momento y Contreras tiene una línea que Sour replica con su guitarra. Llegado el momento, el solo del guitarrista teje una espiral que envuelve todo cual si fuera un torbellino y “amenaza” con destrozar el edificio, pero consigue aflojar, atenuar la presión para que Contreras, de alguna forma, reinstaure el orden, mientras Klaus se mantiene en segundo plano, aunque al final, ambos, soportados por la sección rítmica, cada vez más presente, llevan la batalla a sus últimas consecuencias, al apocalipsis absoluto para redondear uno de los grandes momentos de este álbum.
En “Acá de mico”, el comienzo es territorio del bajo y la batería, que preparan el camino para la irrupción de Contreras y Andriano, quienes acometen con fuerza, para luego ceder, “tomar aire” y regresar con un poco de enjundia un momento, para que luego sea Contreras quien tome la batuta con su solo, un solo que se torna furioso, demoledor y resquebraja todo y deja el sitio a Andriano que si bien comienza con mesura, poco a poco subirá la intensidad y en el clímax será encontrado por Contreras en una batalla en donde Ocampo y Camacho crean el cerco de contención, la arena sobre la cual los otros dos se enfrascan en tirar las mejores líneas.
“Jóvenes destruyendo el futuro” posee un arranque alegre con los dos saxos y esa sección rítmica tan trabada, con una envidiable fortaleza que proporciona a los alientos la seguridad de moverse en cualquier dirección, o abandonar, si es necesario, para dejar paso a la guitara de Klaus con ese tono a medio camino de la seda y lo metálico, límpido y cristalino, pero filoso, cortante como cuchilla, que hiere cuando se hunde en cualquier superficie. En “Siniestric shit” como su nombre lo dice, hay algo de siniestro, de ominoso en el comienzo de esta composición, de frases muy acentuadas, enérgicas, un diálogo entre los saxofones que funciona porque, primero, ambos saben cómo escuchar al otro y por la red de protección que brinda la sección rítmica.
“Tal vez sí”, como “Llanero solitario”, tiene un inicio rápido, muy dinámico, con el sax invitado tejiendo las líneas con el anfitrión y dando pie a la guitarra de Sour que, desde un segundo plano, crea una especie de aura onírica mientras la sección rítmica (más presente y frontal) sigue por lo alto; luego de la parte media el solo es de Contreras.
Cierra el álbum “Vértigo incandescente”, el tema más largo y por instantes tiene ciertos aires de balada, otra vez con la guitarra de Klaus que está allí, pero nunca se posiciona en un primer plano o por lo menos usa la distancia para imprimir un tono más dramático; aquí la intensidad crece, es una vorágine que poco a poco parece entrar en los umbrales del caos; Camacho toca el contrabajo con el arco; Sour “pierde” la cabeza, lo mismo que Ocampo en los tambores quien golpea con más fuerza. Al final esa explosión de energía amaina, logra su cometido y cierra un gran álbum, una placa que confirma al trío en un excelente momento y a David Contreras como uno de los compositores jóvenes más prometedores de este país en el ámbito jazzístico.



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