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Sexo en Vivo (Independiente, 2025)


 David Cortés






Sexo en vivo es un trío (Mariane Yunes, batería; Rodrigo Flores, bajo, y Jos Parker, piano) que el año pasado se presentó en el ciclo de conciertos de verano de la Comunidad de Música Contemporánea y entregó un EP, resultado de dicha presentación, en donde, en palabras de ellos mismos, exploraron “técnicas de composición y recursos del jazz contemporáneo europeo”.

El productor de la placa fue el propio Parker quien se especializa en “traducir visiones artísticas a formatos en vivo con un pie en el jazz y otro en el pop alternativo” y la portada es de @sleep_harvest.

El EP abre con “Beirut no te mueras nunca” y nos enfrentamos a un piano cuyas notas resuenan lo suficiente para permitir espacios a la respiración; el bajo intercala notas, comienzan un diálogo intimista que subraya la batería con parsimonia y suavidad. Es un corte minimalista, un jazz con ligeros toques de música contemporánea.

En “Nictocatoptrofobia” otra vez mucha respiración, la música se despliega lentamente, con suavidad; se allega de inspiración en el jazz y ocasionalmente flirtea con la música de concierto en una conversación exenta de exabruptos. La interacción de la banda a partir de la parte media del tema que se dinamiza, es hermosa.

“Mujer casos de la vida real” (¡sí, así se llama!), es conmovedora, elegante, otra vez con ecos de música de concierto que nuevamente abandona la contemplación para invocar fuerza momentánea a la mitad del corte y explayarse con mayor intensidad a partir de ese momento. “La insoportable levedad del filisteo” no varía en el proceso, aunque aquí llaman la atención los sonidos que crea el bajo, extraños, a veces disonantes y que contribuyen a impregnarle una atmósfera enigmática al corte.

“La cosa (que no)” tiene algo de misterio, una carga de oscuridad. Es totalmente cinemática e incrementa su intensidad nuevamente a partir de la mitad del corte, para abruptamente descender y regresar a la suavidad. Cierra el EP “La pieza anteriormente llamada ‘Chulada’”, terso colofón, tal vez el tema más apegado a un formato tradicional de jazz que, no por ello, hace a un lado los ocasionales acentos contemporáneos. Uno de los mejores tracks pergeñados por este trío cuyo debut se ha hecho con el pie derecho, aunque en el aire queda la interrogante si continuarán o el proyecto solo se hizo con miras a una sola presentación.


 





María Morfeo y Flores de Camposanto, Flores


de Morfeo (Independiente, 2025)

 




La guitarrista María Morfeo, quien aquí toca piano y sintetizadores, se encuentra con el bajista Rodrigo Flores, quien también tiene un proyecto de doom ambient llamado Santo Estruendo y de esta asociación nace este EP de veinte minutos con tres diferentes acercamientos a la improvisación libre, con una portada de Franz Sedlaceck.

El primero (“Malos modales / Discúlpanos, Thelonius / La marcha de los Mushkas”), con instrumentos acústicos es un diálogo, entrecortado, a veces inconexo, las más de las veces articulado, entre el bajo y el piano, instrumentos que ocasionalmente se intercalan la voz principal. Cuando esto sucede, la música parece transmutarse, abandona los pasajes jazzísticos y se acerca más a la música contemporánea

El siguiente track, “La mansión de Luigi / Dientes de sierra (featuring Santo Estruendo)” es eléctrico y comienza con un solo del sinte de Morfeo que es atacado por el noise de Rodrigo Flores. Un contraste entre la edificación de lo bello y el ataque de su contrario; sin embargo, conforme avanza el corte, lo que insinuaba confrontación se vuelve simbiosis po un instante. Después, el doom ambient de Santo Estruendo pasa a dominar la improvisación y le imprime un toque oscuro que se mantendrá hasta el final.

La conclusión del EP es “Música para café de chinos” y en ella la dupla echa mano de objetos sonoros para hacer un cierre abstracto, experimental, mismo que en su parte media comienza a bordar un patrón rítmico que le da un tono muy interesante y llega hasta el diálogo final en donde Rodrigo narra un sueño extraño en donde ambos tocan para los peces de un café de chinos.

A ponerle oído.


 

 

 

 

 

 

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