Gustavo Jacob y sus ideas diarias
- David Cortés

- hace 42 minutos
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David Cortés
Gustavo Jacob es un guitarrista-compositor-productor que ha formado parte de agrupaciones como Los Jaigüey, Thelmo Castelló y Los Soundalikes, Los Importantes de la Noche y The Room Trio, además de contar con diferentes colaboraciones. Recientemente participó y produjo Renacer, la placa más reciente de Sangre Asteka y actualmente forma parte de No Habrá Final feliz.

No obstante, su trabajo en solitario es menos conocido, aunque en tiempos recientes suele encontrársele en su Facebook, interpretando versiones de clásicos del rock mundial. De esas versiones que, para quien esto escribe restan tiempo a su trabajo más interesante -aunque he de admitir que la interpretación de “Because” de The Dave Clark Five, junto a su hermano Ricardo Jacob en la batería es buenísima-, el guitarrista señala: “Nunca había cantado muy en serio y es una manera de irme sientiendo cómodo y agarrar estilo de diferentes lugares. Además, resultó ser una manera de hacer que la gente se acerque un poco más a lo que uno hace. Ya vendrán más canciones o discos originales”.
Como solista, Jacob, Gustavo, debutó con In a express way (2011), una obra con tintes cinematográficos en donde la creación de imágenes es constante, fluida. Le siguió Life beside the tangerine tree (2012), trabajo de atmósferas, muy contemplativo, relajado y construido en base a su guitarra y la multiplicación de las mismas. En Trabajo subterráneo (2014), además de la guitarra, el piano se vuelve protagonista, como en la composición “Piano de cinco teclas I-VIII”, una suite con aires de música contemporánea y en donde solo toca cinco teclas del instrumento: “Hice varias piezas de esa manera, por las mañanas, durante varios días consecutivos. Satie podría ser un referente, o también Gyorgy Kurtág”.

Gustavo Jacob guardó silencio una década en lo referente a su trabajo en solitario y este se rompió en 2024 con Diecisiete primeras ideas del día, temas a piano y guitarra, muy breves, como si fueran viñetas. Es, dice, “una selección de entre muchas piezas que estaban hechas precisamente así. La onda era despertar, grabar lo primero que se me ocurriera y publicarlo inmediatamente. Era más un ejercicio creativo que algo hecho con el fin de convertirse en un disco o un proyecto. Después de años de haber grabado todo eso, una vez me puse a escucharlas todas y pensé que no estaban tan mal así como lo que son y seleccioné algunas que me parecieron que quedaban bien juntas. La portada es la foto de un señor que tenía un taller de reparación de instrumentos ya muy maltrecho, acá en Cuernavaca. Todavía quedaron un montón de ideas que no recopilé, todas están subidas en Soundcloud. Tal vez en un tiempo haré algo similar con otras”.
El álbum abre con “Ocho pájaros” que marca el tono de la placa, de cierta orientación minimalista, que también, más veloz, se da en “Terminal”. “Ramitas” es muy bella con esa guitarra que parece evocar una puesta de sol en el campo y “Algunas huellas del tiempo” es bucólica, de una tristeza resignada. “Anfibio desobediente” es un tema con algo de blues cruzado con un poco de música contemporánea y en “Mala recepción” ese blues se torna campirano, triste, melancólico.
“Como niños” es como un estudio clásico, mientras “Ermita” es una rola “urbana”, con tintes de folk. “Unos pocos colores” es una balada y en “Altibajos” regresa ese tono minimalista muy en la vena de los frippertronics. “Con lluvia o sol” huele a samba y “5:34 pm” está perlada de clasicismo. “Modulado” es como otro tema impregnado de jazz y un poco de música clásica, mientras “Verde transparente” es un corte reposado, como la mayoría del álbum, que te deja pensando acera de todo lo que acabas de oír, en lo imposible de clasificarlo y en la nula necesidad de hacerlo, porque no hay una única descripción para la música de este guitarrista.
Algo que no deja de sorprender a quien esto escribe, son los lazos que logran tejer algunos músicos con sus colegas del extranjero y lo que emana de estas asociaciones, las más de las veces pasajeras. Así, mientras hurgaba en la red por algo de información, me topé con un grupo llamado The Radzetskyi Jacob Quartet, grupo que en 2022 editó en formato digital Tardigrada, un EP de escasos 15 minutos grabado por Ricardo (batería) y Gustavo Jacob (guitarra y sintetizador), y Dmytro (guitarra, sintetizador) y Serhii (bajo) Radzetskyi. “Tardigrada” se mueve en los parámetros de la fusión y el rock progresivo, aunque nada apegado a los devaneos sinfónicos del pasado. En vez de eso nos entregan una música muy energética que tarda en desplegarse -los primeros cuatro minutos bordan una atmósfera-, pero una vez se llega allí, las guitarras se desbordan, dialogan y armonizan, mientras batería y bajo juguetean, tienden el ritmo, pero también se manifiestan como “solistas” en la parte media que al final regresa otra vez a crear texturas y una atmósfera para cerrar el corte. “Filial 10793” es más dinámica, en una vena Crimsoniana que después se torna vórtice y en donde el diálogo entre las guitarras propulsa el corte a otra dimensión, cómo si, efectivamente, hubiéramos sido tragados por el mencionado vórtice. Un corte sin duda emocionante.
De tan inusual encuentro, comenta Jacob: “Serhi y Dmytro Redzetskyi, son hijos de Yurii, quien también es guitarrista y compositor. Los conocimos en Ucrania, íbamos a tocar el mismo día pero sólo pudimos hacerlo nosotros porque se soltó un tormentón y ellos tuvieron que tocar más temprano al otro día. Convivimos durante los tres o cuatro días que duró el festival y nos llevamos bien”.
En esa misma sesión, grabaron un par de temas que editaron posteriormente bajo el título de Freedom y con una instrumentación diferente: Dmytro Radzetskyi en la guitarra (derecha), Gustavo Jacob en guitarra por el canal izquierdo, más flauta nativa americana. Tanto Serhii como Ricardo, repiten en bajo y batería, respectivamente. Suheir Hammad se une en poesía y spoken word.

El comienzo de “What I Will” es apacible mientras Hammad recita, después el track se dinamiza y la guitarra líder la lleva Jacob, pero Dmytro, por el otro canal, es más discreto, sus arabescos son similares a una cobra que hipnotiza. El último track es “47096163754873” y aquí Dmytro se desquicia con su instrumento mientras su hermano percute el bajo con fuerza. A la mitad del corte, Gustavo Jacob toma la batuta con un solo intenso y brillante que me lleva a preguntar por qué no se le menciona con más frecuencia como el tremendo guitarrista que es.
“No tenemos nada más grabado con ellos pero seguro haremos más cosas. El rock progresivo les sale completamente natural y son muy eficientes. Con los colegas de acá no siempre es el caso. Entre la enfermedad de Ricardo y la guerra en Ucrania, no hemos podido hacer más cosas pero creo que ya se va acomodando todo”, concluye Jacob.
The Room Trio, featuring Elliott Levin, An apple a day (2012)
Gustavo Jacob grababa para el álbum Códice Laúd, cuando se encontró con el stickista Hugo Santos (Saena, Luz de Riada) y el flautista Elliott Levin. De allí a la integración de Gustavo Jacob solo hubo un paso. Llamaron a Ricardo Jacob a la batería y así nació The Room Trio, más Levin como invitado. El cuarteto grabó esta única placa que apertura con “I can’t hear you guys”, una improvisación lenta en donde cada uno de los instrumentos se despliga para crear una melodía en donde la fusión es la dominante; la intervención de Levin en la flauta ayuda a imprimir ese toque de tranquilidad casi pastoral. El lado experimental del cuarteto se hace presente en el track que da título al álbum, tema también tranquilo y con exploración de texturas.
Una cualidad del grupo es que su música se antoja sencilla y en apariencia muy amigable; sin embargo es compleja y basta escuchar “Are you the one?”, diez minutos de pasión y entrega instrumental. Hay ecos de King Crimson en la guitarra inicial de “Room 618”, similitud que después se diluye, pero el carácter experimental del corte nunca se abandona porque flauta, bajo y batería se aventuran a explorar, aunque el camino a seguir nunca es del todo claro.
Si bien los colores que aporta Levin con sus instrumentos ayudan a dar otra perspectiva a la música de la agrupación, también es cierto que en aquellos temas (”An apple a day” y “His invisible trajectory”), en donde este no aparece, la banda se muestra en plenitud.
(Esta reseña apareció previamente en el libro El otro rock mexicano. Experiencias progresivas, sicodélicas, de fusión y experimentales, Grupo Editorial Tomo, 2017.)



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