Eli Piña en solitario
- David Cortés

- 8 ago 2025
- 3 Min. de lectura
David Cortés
Las luces son tenues y ella se para frente a los asistentes: desafiante, imperturbable, con la mirada fija en nosotros. Al menos eso siento al tiempo que me pregunto si, como diría Homero Simpson, usa la estrategia de pensar en los presentes desnudos para no sentirse intimidada. Es una más de las noches del ciclo Doppelgänger -la tercera- curado por Marco Albert, que tiene lugar en el Teatro Lola Cueto.

De esa sesión solo me quedan recuerdos, memorias que poco a poco se irán deslavando. Lo importante es que un mes o dos después, la saxofonista ha vuelto a hacer sets en solitario, señal de que ha ganado confianza y está lista para enfrentarse al mundo apenas acompañada por ese instrumento que ahora ya parece una extensión de su cuerpo.
Un día por la tarde, la CDMX se ve azotada por una de esas lluvias que encierran a los habitantes en sus casas. Eli está en la tienda Venas Rotas, tal vez sola, aburrida por la ausencia de compradores ahuyentados por los designios de Tláloc. La imagino hacer el celular a un lado, tomar su sax tenor y comenzar a improvisar. Antes, en algún momento, decide encender la grabadora.
La lluvia arrecia, los truenos se escuchan y no cesarán porque durante toda la grabación, intermitentemente, habrán de interrumpir un poco la limpieza de lo registrado, aunque en verdad pasan a convertirse en un elemento sonoro más integrado a esa grabación subida a bandcamp unos días después con el título de Acariciando la lluvia en un balcón.
Cuatro tracks, 26-27 minutos, le dan forma a este pedazo de Eli en forma de improvisación que se sienten más como un ensayo, un avance de lo que puede llegar a ser ella sola con su sax, porque intuyo que aquí, entre el tocar y lanzarlo al público, no existió intención. Es decir, tomó su instrumento, lo obtenido le gustó y lo puso a circular.

No obstante, entre intención-realización-logro hay distancias y es el caso de esta producción. En Acariciando la lluvia en un balcón hay ideas, algunas de ellas llevadas a su consecución, pero eso se da por instantes y eso acontece, me parece, en “La tempestad”, el corte inaugural. Por momentos, aquello que comienza a desarrollarse, se interrumpe y da pie a una nueva idea que también empieza a evolucionar, pero como la precedente, no consigue afianzarse del todo. Si bien “Recuerdo el verano”, el “experimento” siguiente, es mejor lograda, también es resultado de un par de ideas que se conjuntan, aunque su unión no se da completamente.
Cuando llega a “Te acompaño”, Eli ha alcanzado más claridad; a diferencia de los tracks previos, éste se escucha más articulado, la sensación de estar frente a algo más sólido es notoria, es un acto preparatorio para llegar a “…”, el corte final, íntimo, evocador, casi una balada, el punto donde este EP alcanza su brillo. Una Eli más certera en lo buscado, o probablemente ya embalada, entrega este tema que deja ver cómo esa improvisación se entreteje con una melodía que despide un fuerte olor a tierra ¾en este caso pavimento¾, húmedo. (En mi cabeza, la imagino: ella toca en la esquina de un bar y con su música le cuenta a un par de parroquianos, que aguardan el fin de la lluvia, de un viaje interno, un poco triste y bucólico, pero en donde también se percibe esperanza y aliento.) Eli en solitario, una experiencia que no hay que pasar por alto.




Comentarios