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Martín Escalante: “Harsh noise, la casa donde quiero vivir”

hace 33 minutos
5 min de lectura

 

David Cortés

 

En la familia de Martín Escalante (Lakewood, California, 1983), el arte siempre ha sido una constante. A las tres semanas de nacer, lo llevaron a Guanajuato, donde permaneció hasta los diez años, pero él creció viendo a su papá “tocar con su familia y amigos”. También recuerda que su abuelo “tocaba saxofón, era poeta y tenía un programa de radio en Durango” y que todos sus tíos tocan el saxofón o algún otro instrumento y que en los ochenta tuvieron un grupo [La Cocina]”.


Foto: Billie Silva.
Foto: Billie Silva.

Sus padres se separaron cuando él tenía nueve años, su madre regresó a Lakewood, California, y dos años después comenzó a tocar el saxofón en la clase de música de la secundaria.

Sin embargo, la dinámica de las clases no le gustaba del todo y cuando tenía entre 14 y 15 años conoció a un músico que le ofreció clases privadas: “Quería aprender jazz -cuenta-, quería aprender improvisación, pero de manera convencional como John Coltrane o Eric Dolphy, como todos ellos. Entonces empecé a practicar mucho y sí, me gustaba, pero a la vez también me frustraba con la cantidad de disciplina y horas del día que ocupaba practicando para realmente lograr lo que uno quiere lograr en el jazz convencional”.

Paralelamente, Martín le ayudaba a su hermano [Amat] a hacer pruebas de cámara y sus cortos, ya que “él estaba aprendiendo cine esos días” y comenzó a moverse en el mundo del celuloide y la fotografía y dejó la música, aunque eventualmente trató de tocar: “Le di un poco más de chance al jazz en la universidad, me metí otra vez a la banda de jazz, pero no me gustó y siempre me distraía con el cine y la fotografía, entonces decidí dejar la música y empecé a trabajar en cine y fotografía,  pero seguía escuchando mucha música”.

No obstante, cuando él regresaba a pasar temporadas en Guanajuato, tocaba en las bandas de su papá y comenzó a hacer “música más experimental en esos días. Empecé a experimentar con electrónica, a tocar menos saxofón y hacer más ruido electrónico y hasta hice un concierto o dos de electrónica experimental, porque me gustaba mucho, me empezó a gustar mucho la música experimental y el noise”.




En 2008, Martín Escalante continuaba con su trabajo, pero la espinita de hacer música seguía. La electrónica le llamaba la atención, pero no la dominaba, pero conocía bien el saxofón. Dice: “Mi idea era hacer algo extremo, como ruido electrónico, pero con el saxofón, porque en ese momento no existía alguien que estuviera haciendo ruido extremo con el saxofón acústico y que sonara casi como si fuera electrónico, como un sintetizador o que al menos tuviera ese acercamiento a las texturas y los tonos y cosas que solo había escuchado yo en la música de Merzbow o Jazzkamer o John Wiese. Había empezado a escuchar a Bernard Parmegiani y gente así y quería hacer algo así, pero con el saxofón acústico”.

Escalante decidió regresar al saxofón, pero lo hizo de una manera en que este no sonara como tal. Ese fue su punto de partida para volver a la música y en el proceso su encuentro con Lasse Marhaug y John Hjegre (Jazzkamer), fue fundamental. Habían usado un tema de ellos para la película Los bastardos y cuando Jazzkamer vino a México a tocar con Sun O))), Martín y sus amigos les organizaron una fecha en Guanajuato y él abrió la noche.

El encuentro fue importante, Martín Escalante estaba por encontrar su voz en el instrumento y los músicos noruegos le dieron palabras de aliento y lo conminaron a seguir. Comenzó a tocar con más frecuencia y la respuesta de la gente le confirmó que se encontraba por buen camino. “Entonces -dice- quise ver hasta donde podía llegar. A mí ya no me importaba tener una carrera en el jazz, ni éxito en la música, solo quería tocar. Hacerlo con estos chicos de Noruega me hizo pensar que cualquier cosa era posible”.

La vida musical en Los Angeles no era la mejor, para Martín no era fácil conectar con la gente y en otro viaje a Europa, visitó a Lasse Marhaug y grabó en su estudio y así comenzó su carrera discográfica. Fundó el sello Sploosh Records en 2012 y sacó un disco en CD’r del que editó 30 copias y vendió en algunas tocadas. Es un trayecto que celebró en 2025 con el disco Playing harsh noise since 2012.

En esos años, señala Martín, la “escena de música experimental de Los Angeles era muy cerrada. Iba a los conciertos y trataba de conectar con la gente y les daba mis demos que la mayoría no escuchaba. Las conexiones que empecé a hacer fueron con los músicos europeos y un día, un baterista que tocaba con John Wiese [exintegrante de Sisy Spacek y con una abundante discografía en solitario] le comentó que me debería invitar a grabar y así fue como logré entrar en la escena de quienes hacían noise en Los Angeles”.




Hoy, Martín Escalante ha dejado de ser un completo desconocido y sus andanzas lo han llevado a tocar con, entre otros, Otomo Yoshihide, Tete Leguía, Charlie Mumma, Weasel Walter (Flying Luttenbachers), MoE y Tatsuda Yoshida (Ruins). Su discografía, en su propio sello o en otros, se acerca a las 40 producciones y no obstante esa amplia carrera a veces le cuesta trabajo empatar sus ideas con otros: “Muchas veces cuando toco -comenta- los músicos aún quieren participar conmigo pensando en el sonido del saxofón tradicional, quieren colaborar en un contexto más de improvisación o free jazz. Todavía me cuesta encontrar a gente que quiere hacer ruido como electrónico o ruido extremo, que es lo que yo siempre he querido hacer en realidad. Esa es la casa donde quiero vivir, pero es muy fácil que la gente te invite a sesiones de improvisación con bateristas, con alguien que toca la marimba o la flauta, y entonces el producto final es más una cosa de impro libre, lo cual no me disgusta, pero no es mi casa, no es donde quiero vivir. Entonces siempre hay esa batalla para llegar a acercarme más a eso, encontrar a músicos que quieran colaborar conmigo a veces es difícil”.


Tatsuda Yoshida y Martín Escalante.
Tatsuda Yoshida y Martín Escalante.

Sigue: “La verdad no sé si en mi vida sonora hay etapas, siempre he tenido la misma meta en mente. Desde que empecé a sacar CD’s he querido hacer ruido y realmente no es que yo me aburra de hacer eso, también es que no lo hago todos los días, tengo otra chamba, trabajo en cine, trabajo en otras cosas, no soy un músico de tiempo completo. Supongo que las etapas podrían ser más en donde lo he podido hacer. Por ejemplo, me fui a vivir a Perú dos años porque encontré músicos que me gustaban mucho allá, eso fue una etapa en 2017 y 18 y ahí me quedé y colaboré con muchos músicos peruanos, conocí mucha música de allá. La etapa con los músicos noruegos, eso fue el inicio y acabó más o menos en 2023, somos amigos y seguro vamos a colaborar después. La etapa de Japón, empecé a ir a Japón en 2019 y sigo yendo.  Y luego, obviamente, he vivido en México más en otros años, entonces he colaborado más con mexicanos en el pasado. Son cosas que se van dando naturalmente y ahora he empezado a ir mucho a Japón y me ha ido muy bien allá y eso es otra etapa supongo. En mi música el objetivo siempre es el mismo; mi sonido, lo que hago, cambia de manera tan gradual que no se puede definir una etapa”.

 

 

 

 

 

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