Medusa (Guerssen Records, 2026)
- David Cortés

- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
David Cortés

La ausencia de grabaciones oficiales de rock mexicano de la década de los setenta, ha hecho que los piratas se aprovechen del hambre de quienes son más apasionados cuando de rock hecho en este país se trata.
Por ello, no deja de resultar sorprendente que luego de medio siglo, un grupo de aquellos años, como es el caso de Medusa, vea, por primera vez en su historia editado su primer álbum. No obstante, el arribo a la edición en vinyl puesta en circulación este año por Guerssen Records, sello hispano especializado en metal, hard rock y tendencias afines, tiene algo de fortuito.
Víctor Moreno, baterista de la banda cuenta: “Desde finales de los noventa hasta la fecha, han circulado dos o tres trabajos diferentes con las grabaciones de Medusa, presentados en formato de disco compacto que han sido elaborados y distribuidos primordialmente en el Tianguis del Chopo. Dichos trabajos han sido editados sin nuestro conocimiento y por supuesto, sin nuestro consentimiento ni supervisión, por lo que adolecen de fallas y errores producto del desconocimiento por parte de quienes los elaboraron porque son piratas”.
Sin embargo y a pesar de no srer oficiales, estas grabaciones fueron subidas a youTube, las escucharon en Guerssen Records y se pusieron en contacto con Moreno para editarlas oficialmente y procesarlas “con tecnología actual para ponerlas en un vinilo y sobre todo, con el debido orden y respeto”. Sí, la edición es buena e incluye fotos y un insert con la historia de la agrupación.
Medusa se formó el 2 de noviembre de 1972 en el entonces Distrito Federal y su alineación la formaron Antonio Urquiza (guitarra), Víctor Moreno (batería), y Javier Plascencia (bajo y voz), los tres estudiantes del Instituto Politécnico Nacional. En 1973, el trío entró al estudio de grabación para registrar “Autodestrucción” y “Tan solo lo hagamos”; un año después editaron un EP con las dos composiciones ya mencionadas, más “Tratando de olvidar” y “Después de la tristeza”. Cisne Raff, su sello, les había prometido hacer un álbum, pero esto nunca se dio y Medusa se vio inmerso en los años difíciles de la década de los setenta y no obstante su empeño, a principios de los ochenta, abatidos un poco por el cansancio y la ausencia de oportunidades, decidieron poner a descansar el grupo.
Los años posteriores fueron sus seguidores y los interesados en la historia del rock mexicano, quienes mantuvieron vivo su nombre y en 1994 regresaron a la actividad. Un cuarto integrante, Jaíme García Mares (guitarra y sintetizador) se unió, pero poco después regresaron al formato de trío cuando Luis Antonio Urquiza dejó el grupo, que finalmente cesó sus actividades, aunque ya muy esporádicas, en 2015.
La música de Medusa, el disco, restaurada, guarda la potencia primigenia y en “Autodestrucción”, por ejemplo, se despliegan los atributos de su guitarrista Luis Antonio Urquiza, pero la parte vocal de Javier Plascencia, si bien no débil, personalmente me inquieta, simplemente su timbre no me gusta. (Ojo, esto es una apreciación enteramente personal.)
Uno puede recorrer corte a corte esta placa, llegar por ejemplo a “Tan solo lo hagamos” y ver que se trata de un rock acorde con los cánones instaurados en el momento, rock duro con cierta tendencia sicodélica. Hay mejores momentos que otros (“Después de la tristeza”), pero algunos en donde la búsqueda sonora no logra paliar el desencanto de la voz de Plascencia (“Tratando de olvidar”).
“Caminando rumbo al cementerio” es un corte largo, para mi gusto el mejor del lado A, porque la extensión les permite desarrollar más ideas y la presencia en el track de Jaime García, quien estuvo a cargo de la guitarra e incorpora el sintetizador, se hace notar
Los dos primeros cortes del lado B se registraron en 1995 y se advierte el avance, tanto en grabación, como composición, la última se siente más fluida y el hard rock del grupo se escucha más asentado. En “Genes de maldad” la guitarra de Urquiza se preña de un aura demoníaca en su comienzo, como un oráculo que anuncia un advenimiento, el “golpe mortal” al mundo. “Medita sinceridad” también se escucha más sólida. “Crepúsculo”, grabada en 1999, tiene una hermosa guitarra, pesada y ácida, interpretada por Jaime García, es uno de los mejores temas del disco y completamente instrumental. Cierra la placa “Rompesueños”, grabación en vivo registrada en 1982, con la música otra vez en gran plan, pero la voz se escucha un tanto distante.
Medusa es un documento importante, el tiempo ha hecho mella en algunas de sus canciones, pero tiene un alto valor histórico y al escucharlo uno puede constatar por qué se les considera los padres del stoner en México. Es, además, un homenaje a Luis Antonio Urquiza, quien al fallecer el año pasado, ya no pudo atestiguar la aparición de este disco del cual también existe versión en disco compacto.



Comentarios