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Wilfrido Terrazas, Trilogía del dolor (New Focus Recordings, 2026)


 David Cortés


 

El flautista y compositor Wilfrido Terrazas, comenzó a trabajar en un ciclo de composiciones que denominó Trilogía del dolor, tres piezas largas con textos poéticos de varios autores mexicanos con quienes había colaborado anteriormente o tenía tiempo de conocer (Nuria Manzur, Ricardo Cázares, Nadia Mondragón, Tania Favela, Mónica Morales Rocha), además de textos de su autoría.

La obra, recién aparecida, se hizo, dice, “para un número pequeño de músicos improvisadores y explora un tema que me ha interesado desde hace años: el dolor humano. Me interesa el dolor humano como tal, entender su naturaleza y su energía, no para eliminarlo o reprimirlo, sino para conocer su función y saber vivirlo mejor. Con estas piezas, espero abrir discusiones de cómo en las sociedades humanas el dolor ha sido fundamentalmente incomprendido”.

El álbum está dividido en tres partes y estas, a su vez, subdivididas en diferentes secciones e inicia con “Part One: Llevarás el nombre: Intento recoger nuestra memoria” donde un solo de flauta y unas campanadas, reciben al tenor Miguel Zazueta, quien insufla vida a un texto de Nuria Manzur -todos los textos pueden seguirse en el booklet que acompaña el disco-, que posee intensa carga dramática.

En la siguiente parte “Llevarás el nombre: No recuerdo cómo”, la flauta de Terrazas crea un drone al que Zazueta responde con expresión cargada de tensión. Aquí, en la primera parte del tema, más que el texto, Zazueta profiere un largo lamento, un quejido que, unido a la flauta, crea un aura nebulosa, indefinible. Cerca del final, esa tensión deviene en una muestra de cómo ese dolor puede producir desquiciamiento y culmina con una pare del texto que es como una maldición: “Llevarás el nombre como estigma / y te arderá en la frente toda vez que encuentres la poesía / Y la abandones”.

“Part One: Llevarás el nombre: Lengua nueva” abre con la flauta de Terrazas que soporta el texto de Zazueta que lentamente asciende a un canto de registro alto que deriva a una combinación de texto con técnicas vocales extendidas acompañadas de la flauta para cerrar con la voz en un sibilante murmullo.

La parte dos la interpretan Madison Greenstone al clarinete, y Rocío Sánchez en el cello, con textos del propio Terrazas. Abre con “Part Two: Pequeña familia: Recuento” que comienza con una ráfaga de actividad de ambos instrumentos para después estabilizarse y acompañar el texto (una narración de la infancia, de los pequeños detalles como ir a comprar las tortillas y los sinsabores de esta pequeña travesía). En el cierre, los instrumentos se orientan hacia su propia búsqueda, a sabiendas de su interdependencia.

“Part Two: Pequeña familia: Duetos”, abre con un diálogo instrumental aparentemente inconexo y desorientado que acompaña el texto y al llegar a la parte media, deja al clarinete y el cello desplegar sus florituras. “Part Two: Pequeña familia: La tumba de Zapata” es una narración de tono nostálgico que cuenta de una visita a Morelos en donde todo le habla a Terrazas de Zapata y de una visita casual a la tumba de Zapata y de lo que esta le dice al compositor, mientras la música de tono pastoral lo acompaña.

La tercera parte emplea el ensamble en su totalidad: voces, flauta, clarinete, cello y percusiones con textos de Ricardo Cázares, Tania Favela, Mónica Morales Rocha y Nadia Mondragón. En “Part Three: Ten thousand regrets: Esta es la orilla”, el flautista utiliza las voces de Mariana Flores Bucio y nuevamente de Zazueta en uno de los momentos más cálidos de la obra; “Part Three: Ten Thousand Regrets: Y nada, los árboles esos”, nos recibe con una potente percusión que se diluye para dar paso al texto y después dejar el peso al ensamble en pleno; en “Part Three: Ten Thousand Regrets: No hay posibilidad de movimiento” nuevamente la calidez de los instrumentos permea la composición, incluso si ha habido pasajes muy intensos, aquí estos encuentran mejor cabida al “personificar” esos diez mil remordimientos.

“Part Three: Ten Thousand Regrets: No volverán mis pasos” es una canción que luego de su parte melódica, es “devorada” por la aleatoriedad y la abstracción. Y el cierre “La pérdida”, es la conclusión, la partida, el instante en que el dolor se extingue para unos y aflora para otros, el momento en el que los remordimientos comienzan a ser acuciantes y la voz lo recuerda:  “Donde antes había algo… la vida…la vida… tiene el sonido perfecto”.

Trilogía del dolor es disfrutable no obstante su complejidad, es un álbum en donde el reto planteado de abrir discusiones se ha visto satisfecho con creces.


 

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