Noche de improvisación libre en Tlaxiaco
Polo Bautista
Hacía tiempo que le había perdido los pasos al saxofonista hidalguense Ernesto Andriano. De unos pocos años para acá desconocía su paradero o actividad reciente, y lo que solía ser una constante dentro del mundo de la improvisación libre mexicana de pronto guardó silencio para mí. Lejos quedaba el recuerdo de haberlo conocido siete años atrás en el municipio de Cholula, Puebla, junto a su mentor, el también saxofonista Germán Bringas. Posteriormente le volví a mirar de cerca durante el Segundo Festival de Música Experimental La Zarigüeya (2022), organizado nuevamente en Puebla-Cholula, por el periodista y músico Feike de Jong, al lado de otros exponentes nacionales e internacionales.

Pero ¿dónde se encontraba y qué hacía ahora el improvisador hidalguense? Sospechaba que rondaba cerca de Ciudad de México (CDMX), seguramente inmerso en un nuevo proyecto, aunque ¿quién podía saberlo realmente?
No obstante ahí estaba, tan vivaz y sonriente como siempre, con una estampa intacta, salvo por su cabello recortado. Este caminaba despreocupadamente dentro de una vieja casona perteneciente a la región alta de la mixteca oaxaqueña, más precisamente en el bello y heroico poblado de Tlaxiaco. A su flanco le seguían dos lozanos y curiosos instrumentistas oaxaqueños, el contrabajista Jorge Villegas y el tecladista Darío García.
Rápidamente nos reconocimos y la charla informal surgió. No me sorprendió escuchar que había experimentado cierta fatiga o hastío durante estos últimos años, pues a cuestas carga con una trayectoria de dos décadas, muy constantemente entre intervalos de frenética ocupación e invariablemente a contracorriente. La CDMX era -y continúa hasta hoy como- el epicentro de su corriente musical, siendo la compacta comunidad de improvisadores libres parte de su sostén y compañía. Sin embargo, se conoce la naturaleza semi nómada del saxofonista y no es de extrañar que dirigiera sus miras hacia la pletórica Oaxaca, en busca de nuevos sonidos, inspiraciones y contactos.

Radicado en la capital oaxaqueña, pero invitado a la mixteca gracias al colectivo artístico multidisciplinario Kueni Kueni (“Lento, lento”), el trío dispuso sus enseres al término de la exposición comunal denominada ExpresArte, donde una veintena de artistas locales recién habían discurrido por entre un patio iluminado con cálidas y tenues luces amarillas.
Sin dilación arrancaron con el primer set y, como si de viejos y probados colegas se tratara, sus diálogos sonoros se entrelazaron. En mis adentros persistían algunas dudas sobre el par más joven, pero estas pronto se disiparon al atestiguar el vigor y la habilidad con que se desenvolvían. La veteranía de Andriano lideraba por momentos el recital, quien con maestría le extraía al saxofón tenor porciones de un estruendo todavía contenido.

Este último repentinamente se desprendió de su instrumento, al tiempo que Villegas se ayudaba con un arco y García mantenía el tono del momento. Ahora la dupla oaxaqueña conducía enteramente la presentación y una frágil calma invadió la improvisada sala. El contrabajo funcionaba por lapsos como una caja de percusión, pero este cedió su espacio para que García fuera por completo en solitario. Pasados cuantiosos segundos, Andriano se asió nuevamente el sax y junto a García perfilaron un cierre trepidante e intenso.

Al iniciar el segundo set me levanté del asiento con la intención de registrar en fotografía sus ejecuciones. La escasa iluminación me complicó el trabajo y tuve que acercarme progresivamente a ellos. Para entonces otra andanada de sonidos extravagantes o silencios tensos emanaba del terceto. Sus rostros se contraían y relajaban según el estado del entrecruzamiento sonoro, sin mencionar que las miradas se habían convertido en sutiles indicaciones o interpelaciones. Claramente existía de antemano un entendimiento implícito entre los músicos. ¿Cuánto tiempo llevaban improvisando juntos? Ese detalle no alcancé a dilucidarlo durante la conversación previa.
El último set fue fugaz, potente, estrepitoso y caótico. Ya no prosiguió la intención de contenerse o de construir paisajes melodiosos. Simplemente explotaron al unísono en un torrente acústico imparable. Cada uno aporreaba su instrumento cual su gusto, de manera que las manos volaban de un lado hacia el otro con total libertad hasta que repentinamente cesaron y ahí concluyó el concierto.
Actualmente sé que Ernesto continúa trabajando afanosamente. En noviembre de 2025, editó en asistencia con García un cassette titulado Introspecciones (Culto Magnético, limitado a cuarenta copias). Igualmente, a comienzos y mediados del presente año vieron la luz los discos colaborativos Sesión libre trío y Jeff Henderson, colores del óleo (iiii Records) y Deevocean (Angapp Music).




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