top of page

Pax Lozano, artesano del ruido

David Cortés


Mi encuentro con Pax Lozano está marcado por la ambigüedad. Fue una noche en Jazzorca donde apareció para hacer un performance salpicado con algo de electrónica que francamente me resultó decepcionante. Sin embargo, esa misma velada, formó parte de un ensamble cuyo nombre no recuerdo, tal vez porque no se anuncio como tal.

Ese set fue muy diferente. Entregaron música cohesionado, composiciones si con algo de improvisación, pero en donde se advertía la estructura y los resultados fueron opuestos. Salí del lugar con un buen sabor de boca y decidido a explorar la red para buscar su música. Fue así como llegué a Impvlso y Los Regresados. El primero, orientado más a la música electrónica; los segudos, al jazz y la improvisación libre.

Esta charla surge después de esa noche. Había que buscar quién era ese contrabajista de mirada imperturbable que, concentrado en su contrabajo, lo atacaba con cierta furia cuando así lo demandaba el ensamble, pero también podía matizar, tocarlo con suavidad.

 


Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.
Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.

¿Cómo llegas a la música y en qué momento comienzas a pensar en ella de manera profesional?

 Desde pequeño me interesó lo sonoro, creo que fue gracias a mi padre que empecé a prestarle más atención. Mi tío Queco era el cantante de una banda llamada Tinta Blanca, la cual tocó en Avandaro, y mi otro tío, Yeyo, tocaba la batería con otros proyectos relevantes de los ochentas como Bon y los Enemigos del Silencio. Recuerdo de niño entrar a los ensayos de alguna de sus bandas y era ensordecedor, tenía que cubrirme los oidos durante todo el ensayo pero de alguna manera era donde quería estar, no arriba donde jugaban mis primos, era donde se creaba el estruendo y el ruido. También mi jefe fue bajista y cantante frustrado, nunca se dedicó de lleno a la música pero recuerdo el día que recuperó uno de sus viejos bajos, tocaba por las noches y yo me quedaba en su cuarto escuchándolo, creo fue en esos pequeños lugares donde todo comenzó a cobrar sentido ahora que recuerdo.

¿Por qué  el contrabajo? Ahora, ¿es tu principal instrumento?

Ese día no lo voy a olvidar. Comencé a estudiar en Sala de Audio como ingeniero de grabación a tal grado que al principio me pagaba la escuela siendo DJ en un hotel. Cuando se me acabó la chamba pedí asilo y me pusieron de jalacables por las tardes a cambio de una beca completa a la cual accedí de inmediato. En una de esas muchas sesiones que me tocaron, recuerdo una muy nítidamente. Estábamos haciendo line check a Aarón Cruz en el contra y para checar la señal comenzó a tocar la línea de Sunshine of Your Love, me quedé de “¿QUEEÉ? ¿ESO SE PUEDE TOCAR EN EL CONTRA?”, hubo muchas sensaciones en ese momento. Pensaba en mi padre y cómo todo se conectaba, era una línea que en algún momento la tocó o la escuchamos juntos, no sé exactamente pero era como el destino llamando. Comencé a interesarme más por ese instrumento y en ese momento justo estaba en la búsqueda de enfocarme a estudiar música y como llevaba tocando guitarra desde los 12 y el bajo como a los 18, en otro gran suceso parecido, opté por el contra como mejor opción.


Pax Lozano. Foto:  Rafael Arriaga Zazueta
Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta

Dada la diversidad del trabajo que llevas a cabo, ¿cómo te gusta definirte?, ¿improvisador, compositor, experimentalista?

Uff, difícil pregunta. Creo que esas tres definiciones me describen bien aunque me pienso como un artista sonoro, pero no tanto como el típico artista de museos, sino alguien que trabaja con el sonido en sus múltiples formas, desde creación con medios electrónicos, hasta acústicamente en su totalidad. Puede ser como una especie de artesano del ruido o artesano sónico, jajaja, donde la búsqueda no para. Por ejemplo, en este momento estoy escuchando el concierto de ayer en la noche donde toque la música de Kunt Vargas en el trombón y Fer Barrios en la batería. Poco a poco estoy enfocándome más en lo que quiero lograr, definitivamente han sido años de debrayes mentales, pero creo la edad está haciendo de las suyas para entender mis prioridades de corazón. Dejar de hacer las cosas por lo que otros piensen y enfocarme en lo que me interesa que es seguir creando y llevar el sonido a sus límites del entendimiento aural y sus diferentes maneras de percibir la vibración.

Háblame de tu faceta como IMPVLSO, ¿cuándo empieza, qué la alimenta?, ¿qué objetivos tiene y hasta el momento cuántas grabaciones has hecho?

Vaya que hiciste la chamba de mis diferentes arquetipos musicales, jajaja. Con IMPVLSO comenzó todo, fue mi Big Bang Chiquito. Tenía 18 años cuando logré, con ayuda de mi hermana y la madre de un amigo, comprarme una computadora. Llevaba tiempo entendiendo como funcionaban los programas de grabación y cuando tuve mi primer lap empecé a grabar todo tipo de ejercicios sonoros. Desde mashups con canciones que encontraba hasta pequeños loops donde hacía líneas de bajo y ritmos desde cero, cosas muy sencillas, pero cuando pude comprarme una interfaz todo creció. Empecé a grabar instrumentos físicos como guitarra, bajo, teclados; fue cuando conceptualicé el primer EP de IMPVLSO, el Nada solos, donde compuse cinco canciones en las cuales todos son instrumentos reales procesados de manera digital a través de Ableton Live. Ahí fue donde pude darme cuenta que en la música electrónica también se podían incorporar instrumentos, los cuales tocaba. Fue un proceso de autoconocimiento muy bello donde conecté mi equipo en el comedor de casa de mis papás y procesé todo, ahora que lo recuerdo se me hace raro, pero creo tenía su chiste en el momento donde necesitaba más espacio para producir más cómodo, jajaja.



Foto: Cortesía Pax Lozano
Foto: Cortesía Pax Lozano

Creo que entre mis varias personalidades, IMPVLSO fue en mucho tiempo mi yo compositor, donde todo lo creaba y grababa en la computadora y poco a poco agregaba otros instrumentos o sonidos externos. Otro gran cambio fue cuando llegué a estudiar a JazzUV en Xalapa, a mediados del 2013, donde Santiago Von Sternenfels, no se cómo, escuchó mi música y me convenció de meterla a un concurso donde le abriríamos a una banda en Jazzatlán, Puebla. Comenzamos a hacer arreglos de mis canciones viejas y terminamos ganando el concurso, después de varias semanas de trabajo montamos como ocho temas y nos fuimos a presentarlo a Cholula. Realmente ese fue el inicio de Los Regresados, donde comencé a partir mis ideas musicales en diferentes proyectos e IMPVLSO lo continué pero como algo más propio, como el cliché del productor de alcoba donde sigo haciendo mis experimentos personales, pero sin esperar comercializarlo, sino solo por el hecho de crear para mí, que al final después de más de una década ya van nueve lanzamientos y uno que otro escondido por ahí, en lo recóndito del internet.

Antes de entrar a Los Regresados, ¿cómo empezaste a improvisar?

Fue en la escuela de jazz, como mencioné antes, cuando agarré el contra comencé a buscar varios caminos de por dónde podía continuar con mi enseñanza musical. Fue en el 2012 donde Pilar Sánchez, mi primer maestra formal de contrabajo, me habló de Xalapa, Veracruz, donde había estudiado su antiguo maestro Agustín Bernal. Ella me dijo que había escuchado de una escuela de jazz pero que no estaba segura, en esos días gracias al internet encontré JazzUV y a los meses me lancé a hacer los exámenes de admisión para la Facultad de Música en Clásico y en la Escuela de Jazz. Al final, por varias situaciones que pasaron en ese momento, decidí solo entrarle al jazz. De alguna manera había algo dentro de mí que pensaba que si podía tocar esa música, podía tocar cualquiera, y creo que de alguna manera sí ha sido cierto, tonalmente y métricamente hablando, jaja. La meta era convertirme en un improvisador y creo después de varios/muchos años, se logró.

Antes de este proyecto, ¿te integraste a algún otro ensamble?

Si, toqué en muchos con grandes amigos y colegas, desde Shokunin Trío con Paulina Mercado en la batería y Carlitos Manso en la guitarra. Omori, que salió de una clase de ensamble con Rafael Alcalá donde éramos un noneto. Menos es Miles que también salió de otra clase de ensamble con Ik Balam en el requinto jarocho, Paul Galindo en el saxofón tenor y Gilberto Velázquez en la batería. Felices Los Quartet, con Adolfo Vivanco en el saxofón alto, Jair Rosales en la guitarra y Rodrigo Bolaños en la batería, tocábamos nuestros temas y arreglos de standards. De ahí en fuera hubo muchos otros de los cuales ya no me acuerdo, jajaja. Obvio, también estar presente en las jams ayudó bastante solo que mi fuerte nunca fue tener un repertorio extenso, así que prefería tocar temas originales o enfocarnos en algún concepto a la hora de elegir qué tocar.


Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.
Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.

Vayamos con Los Regresados, ¿cuándo empezó y por qué lo llamas un proyecto itinerante?

Los Regresados fue un proyecto que se fue construyendo con el paso del tiempo al estar en Xalapa. Todo comenzó cuando me invitaron en 2017 a tocar en el Festival de Música Contemporánea de la ciudad de Quito, Ecuador. Algo que noté de la cultura andina, es que estaban muy conectados con sus raíces precolombinas, eso me hizo preguntarme más sobre las mías. Al regresar de ese viaje estaba en una búsqueda personal y al leer Tenochtitlán en una Isla, de Ignacio Bernal, encontré mi concepto, donde una comunidad de toltecas emprendieron el viaje hacia el norte del país y después de varias generaciones regresaron, no sabían el por qué se habían ido, pero el punto es que habían regresado y los aztecas los llamaron Los Regresados, ellos traían nuevas técnicas del arte precolombino. El primer momento relevante fue cuando ganamos el concurso que mencioné antes para tocar en Jazzatlán, ahí fue donde pude ver mi música más allá de la computadora y entendí que era una herramienta de composición, no sólo electrónicamente sino de forma acústica. 

¿Hay una alineación base en Los Regresados?

Mis pilares de este proyecto son Santiago Von Sternenfels en el saxofón alto, Adolfo Vivanco también en el saxofón alto y Daniel Garzón en la guitarra, pero dado a las circunstancias (ya que dos de ellos viven en Xalapa), he tenido que variar la alineación, sobre todo para explorar diferentes instrumentaciones y sonoridades. Desde dos guitarras como Klaus Sour y Duncan Pinhas, hasta tres alientos, David Contreras en el sax alto, Ernesto del Puerto en el sax tenor y Jerónimo García en el clarinete.

Mi “coco” se podría decir que son los bateristas. En la primera parte de Los Regresados, Alejandro Lozano grabó las primeras baterías, luego fue Miguel Buenrostro y en el último año han pasado figuras como Azlo Baal, Carla González, Andre Creavioto y el mismísimo Gustavo Nandayapa, alguien que para mi era un sueño convertido en realidad, tocar con tan increíble músico. También en el demo del proyecto llegaron a cantar Silvana Estrada y Alejandra Paniagua, haciendo melodías sin letra. Creo que todo este conjunto de personas me ayudó bastante a entender mi búsqueda con el proyecto.

¿Cómo eliges a los músicos que se integrarán en las diferentes sesiones de Los Regresados?

Creo que lo básico es llevarnos bien, a partir de ahí es un instinto estético saber si puedo crear en conjunto con alguien. Pero también me gusta mucho generar una base y de ahí en fuera que ellos saquen lo que traen. Mi idea es hacer lo simple para darles espacio y que brillen los músicos que estén tocando en ese momento.

¿Los Regresados es un ensamble formado para mostrar tus composiciones o estas también las “proporcionas” a otros compositores?

Por el momento solo son mis composiciones aunque varias veces hemos interpretado temas de alguno de los músicos. Se convirtió en un ensamble para poder hacer sonar mis canciones. Digamos que me pongo mis deadlines en los shows en vivo ya que es común que cuando vayamos a tocar haya temas nuevos, como por ejemplo, las últimas tres presentaciones interpretamos la Onirio Suite, cada una con diferente instrumentación. Para mi es importante no perder el estímulo compositivo y creo esto me ha ayudado, aunque espero pronto conseguir un apoyo para componer y grabar un álbum, tener el tiempo suficiente para dedicarme a ello.

 ¿Qué tan complicado es componer e improvisar, se cree que son dos  mundos antagónicos?

Son dos cosas que tanto pueden ser muy diferentes como pueden ir de la mano. Alguien en la historia del jazz (el cual no recuerdo quién) dijo que la improvisación es la composición en tiempo real y lo creo, aunque si es una composición cuando estás con más músicos se convierte en una composición en colectivo donde escuchar lo que los otros tienen que decir, afecta tu energía creando resultados nunca imaginados. Hace poco Doris Steinbichler me compartió una muy bonita reflexión, me dijo que al improvisar con más personas, tenemos que ser empáticos y receptivos, nos estamos compartiendo ya sea en un escenario o en un cuarto tocando solo por tocar. Es como cuando haces una cena o picnic y cada quien trae un platillo, compartir sonoramente para alimentar al oído.


Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.
Pax Lozano. Foto: Rafael Arriaga Zazueta.

Hay muy buenos improvisadores en la escena, pero pocos compositores que al mismo tiempo improvisen, ¿qué opinión tienes al respecto? ¿Crees que vivimos un exceso de improvisación, al menos en CDMX?

La composición toma tiempo, sobre todo tiempo en soledad. Hay muchos músicos que ya pagaron esas horas de vuelo y lo único que quieren hacer es dedicarse a la improvisación y eso también está bien, no hay lado malo. Personalmente me considero más compositor que improvisador, solo hay que estar en forma de todas las maneras posibles. La composición no es algo efímero que llega por ósmosis, la composición, como la creatividad, se trabajan y creo es lo mismo para ser improvisador. Para ser un buen improvisador hay que ser buen instrumentista, claro es fácil llegar a debrayar a cualquier tocada y decir que eso es improvisado e insisto, eso no está mal, pero si queremos tener un mayor impacto con los espectadores o los mismos músicos es importante estudiar, no quiero sonar como viejito de academía pero tengo claro que los músicos que más nos han atravesado, se dedicaron de lleno a estudiar sus instrumentos, a explorarlos, a crear cosas no sonadas antes por algún colega. Aquí es donde uno encuentra su voz, experimentando su diálogo interno con el instrumento.

¿Cuáles son las grabaciones oficiales que han hecho hasta ahora?

Tenemos varios lanzamientos pero no todos están en la web. El primer archivo fue las Cuahtémoc sessions (2018) donde interpretamos temas de mi proyecto Impvlso adaptadas a quinteto, de ahí fue Live en Cauz (2019) y un año más tarde mi concierto de titulación el cual se puede escuchar en bandcamp con el nombre de El Brujo (2021), un disco dedicado a la música de Wayne Shorter ya que interpretamos tres temas de él. De ahí pasaron varios años hasta la grabación de En Vivo en Jazzorca (Volumen 1 & 2), (2024). Ahora estoy pronto a grabar la ONIRIO Suite que se podría decir será nuestra primera grabación de estudio, solo estoy terminando mi investigación en la maestría para poder retomar bien y dedicarme a grabar este álbum.






¿Qué viene en los próximos años para Pax Lozano?

Ufff, a mí también me gustaría saber eso (jajaja). Creo por lo pronto dedicarme a mi investigación y en el inter seguir presentándome aquí en la ciudad ,aunque mi cabeza lleva tiempo insistiendo de irme tanto a Sudamérica, como a Europa o Japón. Quiero seguir explorando, pero en otras partes del mundo, tanto para cambiar de aires como conectar con diferentes músicos, no es tanto por una situación aspiracional, solo siento que después de tantos años de vivir en el mismo lugar, las situaciones se vician. Quiero seguir poniéndome retos, ahorita que todavía tengo la edad para ello (jajaja). Seguir mejorando en mi instrumento y poder crear nuevos mundos sonoros.

 

 

Comentarios


Suscríbete a Nuestro Newsletter

  • Instagram
  • Facebook
bottom of page